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aragón es extraordinario

El Convent, roca espiritual en La Fresneda

El establecimiento de las hermanas Romeo aúna hospedaje de altos vuelos con restauración de primer orden, y mezclan sabiamente lo añejo con el confort

Lo dice Karlos Arguiñano, el chef de la tele, el chicarrón de Beasain asentado en Zarauz, para todo lo que le gusta: rico, rico. A buen seguro aplica el repetido adjetivo al cuerpo que se le queda tras las visitas a La Fresneda, habituales en la última década. Cosas de las motos, el buen yantar y el saber estar. Ana Romeo y sus hermanas Sara y Diana, con hondas raíces en el pueblo, dan fe de ello; no en vano representan a la familia fundadora del hotel y restaurante El Convent, razón primigenia de ese amor que le tiene Arguiñano a uno de los pueblos más hermosos de Aragón, aunque no esté en el famoso club de los bonitos.

Ese cariño de Arguiñano es el de muchos más, claro. Y se entiende ya desde la carretera, al observar la estampa del pueblo que crece por la loma. Ana recapitula su parte de la historia local, empezando por el final. “En 2020 hemos trabajado como nunca, a pesar de los periodos de cierre. Octubre, por ejemplo, fue tremendo. Cuando abrimos nos decían que era una locura, el Matarraña no era tan popular como ahora; incluso los más agoreros nos dijeron que en un año estaríamos cerrados y con deudas. Parece que no ha sido así, ya llevamos 21 en el empeño. Entre las tres hermanas nos repartimos la cocina, la sala y las reservas; empezaron mis padres y ahora lo llevamos nosotras”.

El edificio del establecimiento fue la iglesia del convento de los mínimos, y data de 1613. “Con las desamortización de Mendizábal en 1835 quedó abandonado; luego hubo subastas por lotes y esta parcela, que estaba en ruinas, la adquirió mi tatarabuelo. El convento entero llegaba hasta la actual carretera. El pozo que hay en el jardín era el centro del claustro. Mi tatarabuelo, aprovechando el coro y que la iglesia no tenía tejado, construyó una vivienda con patios y corrales, que se convirtió en casa de campo”.

Ana explica que la idea hostelera vino de su madre. “A la muerte de mi abuela, hace casi 30 años, mi madre comentó que había visto ejemplos de casas de turismo rural en Asturias y Cataluña en lugares parecidos; entonces empezaba todo el concepto del turismo rural. Así, decidió levantar una casita de turismo rural dentro de la casita de la abuela. La zona empezó a moverse poco a poco, antes apenas había alguna fonda u hostal en algunos pueblos. Acababan de abrir Torre del Visco... le dimos vueltas a una apuesta mayor y decidimos arriesgarnos a montar el hotel y el restaurante”.

El establecimiento tiene un protocolo de entrada al hotel que limita las entradas externas al restaurante o al ‘lobby bar’ en sus horarios de apertura; la privacidad de los clientes alojados es prioritaria. Hay 20 habitaciones, parquin, piscina, jardín, restaurante de carta, zona de desayunos e infinidad de rincones para desconectar de verdad.

La historia con Karlos Arguiñano data de 2011. “Cayó aquí con el primer Moto GP de Alcañiz, le recomendaron que nos visitara para cenar. Antes de sentarse a la mesa ya dijo que en la próxima carrera se quedaría aquí a dormir, y a partir de entonces siempre vino. Ahora no tiene equipo, pero nos visita si viene a las carreras; viene, habla con la gente de la cocina, descansa… aquí desconecta, y siempre habla con cariño de La Fresneda y El Convent”.

Los porches de la calle Mayor y las mil y una fotos del Tío Chulet

La Fresneda es la gran desconocida de la zona, todavía hoy. Lo afirma la hostelera Ana Romeo. “Aunque la cosa va cambiando, todo el mundo conoce y visita sitios tan bonitos como Valderrobres y Beceite en el Matarraña. Pero algo hay en La Fresneda, y no lo digo por ser de aquí. ¿Qué tiene, por ejemplo, que hace 400 años llegaron los frailes mínimos desde Italia con la encomienda de hacer una capillita para una virgen y cuando vieron esto, no solo trabajaron en esa capilla, sino que erigieron este convento y otro más a cinco kilómetros, el santuario de la Virgen, en medio de un pinar? El casco antiguo tiene mucha vida, no es como otros sitios en los que hay demasiada segunda residencia; hay una energía especial, mágica”.

Ana matiza. “No se puede negar la magnificencia de la arquitectura de Calaceite, el patrimonio brutal de Valderrobres… pero aquí tienes la calle Mayor y los porches, la judería, el propio Ayuntamiento... son mil cosas y un conjunto muy llamativo”.

Parte de ese encanto se atesora en la casita de Ignacio Celma y Carmen Simón. Allí, en el Cal del Tío Chulet, hay memoria gráfica del pueblo en todas las paredes. “El tío Chulet –explica Carmen– era el padre de mi marido. Fue durante 20 años el fotógrafo de este pueblo y de toda la zona, aquí hay una selección de su trabajo. Se hizo un libro, ‘La Fresneda, museo vivo’, que se nutre de estas fotos. Lo escribió Miguel Caballú, de Caspe, que siempre nos decía que daba más importancia a las historias que a la historia. Tenemos fotos que han llegado de otros sitios, de descendientes del pueblo que tenían foto del Tío Chulet, y muchos retratos. También de grupos, como el conjunto Los Richards que eran del pueblo. Mi primo Ramón Adell estaba en el grupo, y su nieto de seis años ya toca la batería de maravilla”, dice Carmen”.

Del contraste entre las dos cárceles al abundante patrimonio religioso

En la oficina de turismo local, Cristina Bel ofrece visitas guiadas por los principales atractivos patrimoniales de La Fresneda. Llama la atención la antigua cárcel ‘de lujo’, sita en el primer nivel de la casa consistorial. Hay una pequeña puerta de acceso, y varias inscripciones en las paredes. Contrasta su discreta suntuosidad con el terrorífico calabozo de arresto de la calle Mayor, destinado a presos comunes, donde la comida se lanzaba por un agujero al preso del sótano. La visita también comprende edificios religiosos, el propio Ayuntamiento, la capilla del Pilar con su fachada barroca, el palacio de la Encomienda, la iglesia de Santa María la Mayor... además, no se puede soslayar el Santuario de la Virgen de Gracia, en medio de un hermoso pinar, muy querido por la población autóctona. La belleza de La Fresneda fue reconocida en 1983 con en título de Conjunto Histórico Artístico.

LA FRESNEDA

Comarca. Matarraña.

Cómo llegar. Desde Teruel, su capital de provincia, hay 169 kilómetros por la N-420 y la N-211.

Comer y dormir. Además del Convent, se cuenta con la Fonda la Grancha, el camping de los holandeses (dirigido desde 2002 por Jet y Joost), varias casas rurales y apartamentos. El restaurante Matarraña destaca en la oferta culinaria, rematada con los bares de la plaza frente al ayuntamiento. Entre los comercios destaca la carnicería Ferrer, abierta en 1934.

Hortereta de l’hort. Este plato típico se prepara con un sofrito de panceta y jamón al que se añaden caracoles, cebolla, ajo, judías verdes, pimiento rojo y verde, calabaza, patatas y acelga,, todo troceado. Se cuece y se añade tomate, arroz y azafrán.

‘Libertarias’. En La Fresneda se rodaron en 1995 varias escenas de esta película de Vicente Aranda, protagonizada por Ana Belén, Ariadna Gil, Victoria Abril, Loles León y Miguel Bosé. , que narraba la historia de las mujeres que se unieron a Durruti en el frente.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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