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Valsalada, tierra de quesos y fantasía

Carmen y Nacho abrieron hace algo más de siete años D’Estrabilla, la quesería artesana que produce en esta pedanía de Almudévar ocho variedades de increíble sabor

Quesos D’Estrabilla es el esfuerzo de Nacho Robredo, madrileño e ingeniero agrónomo, y Carmen Carrasco, zaragozana y artista. Se conocieron en la ciudad del oso y el madroño, y hace algo más de siete años se vinieron a Valsalada. ¿Por qué eligieron este destino desde la capital de España? «A ver, queríamos un pueblo pueblo –explica Nacho– que estuviera bien comunicado con núcleos más grandes, preferiblemente no lejos de Zaragoza por estar ahí la familia de Carmen. La casa de Valsalada la encontramos por pura casualidad, y vimos que tenía lo que buscábamos. La quesería es algo que me había pasado alguna vez por la cabeza, tras hacer un curso de iniciación hace más de 20 años; Antes de venir trabajaba para una multinacional de riego agrícola preparando proyectos de regadío, viajando por medio mundo, y me cansó aquél ritmo de vida. Hablamos, miramos... y nos decidimos».

Carmen tenía su propia ilusión en Valsalada: montar una residencia para artistas, aun consciente de que no podía tener mucho retorno económico a corto plazo. «La idea está parada, y más ahora», explica con un deje de resignación. «La casa no daba para montarla en condiciones; con un amigo pintor entramos en el programa de emprendimiento cultural del Instituto Aragonés de Fomento, y yo quería canalizar este proyecto hacia las estancias de pequeñas compañías de teatro, en preparación de giras, ensayos o trabajo sobre nuevas obras. Vengo de las artes escénicas, soy productora y bailarina de flamenco, estuve en el Centro Dramático Nacional y en el Teatro Valle Inclán».

«Mi compañero de proyecto –sigue Carmen– quería hacer algo orientado para artistas plásticos, y hallamos un espacio que nos parecía apropiado para conjugar ambas ideas; la llamada Granja de Almudévar, a pie de la antigua carretera, que ha tenido muchos usos. Los hermanos Borobio la construyeron en 1920, es un sitio increíble. Se incluyó también en la idea a escultores, escritores… algo muy completo. Hubiera sido inmensa, pero la inversión requerida era fuerte y el momento actual es complicado. Sí conseguimos que la declarasen Bien de Interés Cultural, porque se planteó su demolición. Ojalá pueda reactivarse esta ilusión, u otra similar».

¿Variedades de queso en D’Estrabilla? Unas cuantas. La pareja anda preparando una cuanto llega la cámara y la grabadora a su obrador. «Hacemos ocho quesos distintos. Trabajamos con leche cruda de cabra y oveja; hay algunos de pasta dura como el Jara, nombre de nuestra hija mayor, o el Lienzo, ambos de cabra; lo de Lienzo es porque lo moldeamos con una tela, se le quedan unos moñetes curiosos en las esquinas. De oveja hacemos uno similar al Jara, el Gratal, y otro que se llama Candela como nuestra hija pequeña; lleva la corteza lavada con cerveza negra que producen unos amigos de Almacellas, una novedad que introdujimos el pasado mes de octubre y que está funcionando muy bien».

Nacho puntualiza que «los quesos de pasta blanda son el Pelanas, de oveja y pasta semiblanda, cuajado con flor de cardo; el Vikingo, similar al camembert, también con leche de oveja; el Cachirrulo es un rulo de cabra que se sala con una mezcla de carbón vegetal y sal. Por último, el Almud de cabra. En San Valentín también sacaremos una variedad especial».

El pantano vecino y un jardinero creativo que hace maravillas

Apenas siete kilómetros separan Valsalada de su cabeza de municipio, Almudévar, tierra de trenza, el castillo de la Corona y las aventuras de Pedro Saputo. Valsalada es un pueblo de colonización que comenzó a poblarse a mediados de los 50. El arquitecto José Borobio hizo un trabajo típico de este tipo de pueblo, con la plaza central y la calle Mayor como ejes. Hay 46 casas con corral y huertecito propio, y pinos en el contorno.

Además de los paseos por las inmediaciones, los habitantes del pueblo se alegran de tener a tiro de piedra un acuífero tan relevante como el pantano de la Sotonera a apenas 15 minutos en coche. El Club Náutico, en terreno del municipio vecino de Alcalá de Gurrea, es el punto más cercano del pantano a Valsalada. «El club Náutico de La Sotonera está muy cerca –apunta Nacho– y tiene el Camping adjunto; en el bar y restaurante hay buenas tapas. En estos días hay bandadas de grullas espectaculares, sobre todo al atardecer. Muy cerca está también la Alberca de Alboré, con el observatorio de aves, el castillo de Loarre, Bolea, el salto de Roldán… cuando vienen de visita amigos de fuera hacemos ese recorrido».

En Valsalada también destaca la ruta natural de Pedro Saputo, que comienza en Almudévar y se recorre frecuentemente a pie o en bici. En el pueblo hay bar, tipo teleclub; la cocina cierra los lunes, pero el local abre a diario para los vecinos. «Sale a concurso cada dos años –explica Nacho– y la gente del pueblo tiene prioridad para cogerlo; hay ciertas facilidades en forma de exención de gastos. Hace año y medio entró la última gerencia, con Consuelo y su hija Melissa, y están currando muy bien, los pinchos son fantásticos. Melissa estudió cocina en la Escuela de Hostelería de Huesca, es muy creativa; de hecho, viene gente desde Almudévar, Alcalá y otros pueblos a tapear aquí».

El buen jardinero

Abel Oliva es hijo del pueblo; ingeniero agrónomo, especializado en floricultura y arte ornamental, lleva Oliva Medio Ambiente y Servicios desde Valsalada. «Soy la segunda generación aquí; el negocio lo fundó mi padre, José Luis Oliva, colono llegado de Montmesa, que empezó haciendo jardinería. Luego comenzó a repicar y vender árboles vivos; colocó pinos en la Expo de Sevilla, en la Villa Olímpica de Barcelona, en Port Aventura… luego ya se centró de nuevo en la jardinería y ahí seguimos, desde pública a residencial. Ya trabajé con él mientras estudiaba y como mi padre se iba a jubilar, cogí el negocio».

«Lo más especial que hacemos –prosigue Abel– siendo el repicado y trasplante árboles grandes, cuando un ayuntamiento tiene un bosque que hay que limpiar,, nos ponemos manos a la obra y movemos los árboles. También hacemos mantenimiento público por toda Huesca, ahora también en Alagón, restauración ambiental, embalses, carreteras, hidrosiembras… un poco de todo. También obras llamativas, como la cubierta vegetal del fuerte de Rapitán en Jaca, con un sistema de geoceldeas».

La camaradería que emana de un pasado común sin raíces hondas

Recuerdan Nacho y Carmen que al ser Valsalada un pueblo de colonización, son apenas un puñado de los más mayores del lugar quienes llamaron un día hogar a otro sitio. Todos han hecho la vida aquí desde el 57. Por eso el asentamiento de nuevos pobladores es muy sencillo. «Desde el principio –explican los queseros– todos te acogen con cariño, se ponen en tu lugar de recién llegado. Todos nos conocemos y apoyamos, somos una gran familia, y eso no tiene precio. Nuestras hijas abren la puerta de casa y salen a pasear por ahí, y cualquier vecino anda al tanto, están encantadas aquí. Cuando empezamos con la quesería, además, todos nos animaban a no desmayar, a aguantar el tirón en los primeros años. La historia local es bonita, el punto de vista romántico es más importante que la antigüedad de las construcciones, aquí hay un sentido de pertenencia muy fuerte».

VALSALADA

Comarca. Hoya de Huesca. El pueblo pertenece administrativamente al municipio de Almudévar.

Cómo llegar. Desde Huesca, su capital de provincia, hay 26 kilómetros por la E-7 y la CHE-1429.

San Lino. La iglesia local está consagrada a San Lino, y recuerda formalmente a otras de pueblos de colonización oscenses. Sigue un diseño muy sencillo, ortogonal, y utiliza como material el ladrillo caravista.

Las fiestas. Las fiestas se celebran el 15 de mayo en honor a San Isidro Labrador, como en tantos otros pueblos de Aragón; el 23 de septiembre son las patronales en honor de San Lino.

El pinar. Concebido desde la fundación del pueblo, confiere al entorno un halo característico e idóneo para el paseo.

Ruta de la acequia de la Violada. Se sigue la acequia de la Violada hasta el límite de las provincias de Huesca y Zaragoza, y se vuelve por el barranco de la Violada, desviándose a la altura de San Jorge en ascenso a la ermita de la Violada, en Valsalada.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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