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aragón es extraordinario

El Bobby, el de Vinos Chueca, en Casetas

La taberna, situada en el centro del barrio, tiene 80 años de historia; los últimos 30 se han vivido con su actual propietario, el músico Roberto Artigas, al timón

En su carné de identidad pone Roberto Artigas, para el mundo de la música local es Gran Bob y entre los amigos y vecinos responde por Bobby. Este músico y cantinero pasa sus días en un lugar mágico, una taberna con 80 años de historia que le tiene como protagonista y guardés en los últimos 30. Todo lo que hay dentro de Vinos Chueca cuenta una historia, incluidas las deliciosas croquetas y la tortilla de patata, y casi todo –pregunten ustedes cuando vayan– está a la venta. Juguetes, recuerdos, revistas… un paraíso para nostálgicos, coleccionistas y amantes del kitsch en general. "Esto empezó en 1940, antes era carbonería. Comenzó el abuelo de mi mujer, el apellido Chueca es de su familia; emprender en la posguerra marca carácter. Lo que ves ahora al entrar es la confluencia de muchas cosas; una de ellas es la ubicación de Casetas, la última frontera entre lo urbano y lo rural por este lado. Somos un barrio de Zaragoza, al fin y al cabo, pero nuestra alma de pueblo hace que mantener la personalidad y las señas de identidad de un lugar sea más sencillo".

La esencia de Vinos Chueca es claramente artística. "Mi intención vital es la que es, no se puede evitar; a todo le veo la parte estética. Esa forma de pensar la he volcado en el bar, y se contagia a mis clientes, que también son amigos. Hay exposiciones, presentaciones de todo tipo, y mucha música, claro; tengo bandas ‘residentes’ que ensayan aquí, los instrumentos están a la vista y afinados para cada momento, hay varios banjos; los grupos son Blues Whale, The Bluegrass Lions y Los Tres Norteamericanos, aunque en esta última aventura hayamos perdido a Joaquín –alude a Carbonell–; estamos viendo David (Giménez, también hostelero y entrañable librepensador de Remolinos con su Enlatamus) y yo cómo nos sobreponemos al trago, ha sido muy duro. Joaquín era una fiesta, la ha generado 20 años aquí; polarizaba las conversaciones, tocaba la guitarra, comentaba las noticias… y siempre traía alegría".

Banquete para los ojos

Lo del aluvión de objetos en las paredes es de tal calibre que al propio Roberto le cuesta recordarlas todas. "Hay cosas chulísimas que he ido comprando poco a poco, como una ruleta con caballos que se usaba para apuestas y que data del siglo XIX, o una de las primeras bicicletas estáticas Vitamaster que llegaron a España en los 50, para el gimnasio de la Base Americana. Hay una guitarra Hofner de los 70, un Mazinger Z gigante, muchos juguetes de cuerda, la Dama y el Vagabundo que llegaron por separado, primero él. También un maletín de la Nancy, varios muñecos Macario con los que hago bromicas a la familia por internet, el fuerte Comansi... muchos juguetes no tuve de crío, igual viene de ahí la cosa -ríe- y es que casi me duele cuando vendo algo".

La pandemia tuvo un efecto renovador en Vinos Chueca hace unos meses. "Ha impedido que siga teniendo caballitos de balancín para los chavales, pero aproveché para pintar hace unos meses; por cierto, color mascarilla, aunque también va un poco de ‘bluegrass’, hierba azul. Tengo el compromiso de mantenerlo abierto y activo todos los años que pueda; no es un negocio, es una forma de vida".

Un contenedor cultural, la rica avifauna y el deseadísimo museo

Casetas, barrio rural de Zaragoza, está muy poblado pero no tiene un gran término municipal estricto. A pesar de su carácter marcadamente urbano, Casetas disfruta de un enclave natural muy interesante, la balsa del Ojo del Cura. "Además –argumenta Mariano Pinós, de Métete en Harina– está muy a mano, pegada al casco urbano, apenas cinco minutos andando desde Vinos Chueca –ríe– y muy interesante por la flora y la fauna. Que se haya conservado un espacio así en condiciones muy aceptables es algo extraño y bonito".

Eduardo Sebastián recuerda que la acción de los vecinos ha sido decisiva en la recuperación del espacio. "Hace 20 años hubo una movilización popular para exigir que se limpiara y se rehabilitara el espacio desde el Ayuntamiento; además de protestar, todo el mundo se prestó a arrimar el hombro, aquello era una escombrera. Ahora es un lugar muy agradable, tiene su pequeño bosque para el paseo, y hay una caseta habilitada como observatorio de aves; la cigüeñuela, por ejemplo, viene a criar aquí. También hay aves limícolas y acuáticas, varias especies destacadas".

Además del patrimonio natural, en Casetas se presta mucha atención a la cultura. "Después de sondear a los colectivos correspondientes –explican Mariano y Eduardo– está claro que hace falta un lugar con capacidad para conjugar diversos servicios, como la casa de juventud, la escuela de música, la biblioteca o la ludoteca, y la Harinera del Ebro sería perfecta. Estos servicios se desarrollan ahora en lugares que no reúnen las mejores condiciones".

Más protección

En los cuatro años de trabajo de la Asociación Métete En Harina, la protección para el edificio ha mejorado desde la catalogación de Interés Arquitectónico B al nivel A, además de incluir las antiguas bodegas en esa catalogación. "Por desgracia, este último año ha supuesto un parón lógico para todo, y también en nuestro empeño; no pudimos hacer las Jornadas de Patrimonio Industrial, que habían funcionado muy bien, y estamos pendientes de retomar esta idea en cuanto sea posible y prudente".

El otro gran activo de Casetas con potencial turístico tiene matices ferroviarios. La Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías (AZAFT) tiene su sede en el barrio desde 2008. Su viejo sueño es alojar un Museo del Ferrocarril en el entorno de la estación local, donde se exponga el material recuperado durante tres décadas largas por este colectivo, con joyas como un coche cama Pullman de 1928, en madera, fabricado en Zaragoza: solo hay cinco como ése en el mundo.

La idea estuvo a punto de materializarse hace algunos años, pero finalmente no prosperó. Eso sí, hay esperanzas. El impulso desde la Consejería de Vertebración de Territorio de la DGA a una futura red de museos del ferrocarril, con sedes potenciales en Canfranc, Zaragoza y Caminreal, es un gran paso. AZAFT también presta asistencia técnica y logística al empeño del Tren Minero de Utrillas.

El rescate de la Harinera, un sueño del que no se quiere despertar

Métete en Harina es un imperativo en clave cariñosa y una Asociación, que dice algo así como ‘échale ganas’. Francisco Sebastián y Mariano Pinós, miembros de este colectivo, explican que la gran meta común es el rescate de la Harinera del Ebro como elemento fundamental del patrimonio arquitectónico e industrial de Casetas. "El nuestro no es un pueblo –dice Mariano– con plaza porticada o puente romano; es un barrio de raíz obrero, estamos orgullosos de nuestro pasado y el último vestigio de aquella época industrial es la Harinera. Se catalogó como bien protegido hace casi tres años, y se consiguió algo fundamental; que el Ayuntamiento adquiera la Harinera y toda su parcela por medio de una permuta. Fue gracias a los esfuerzos de todos los grupos políticos de la anterior corporación y de la actual, que aprobaron esta adquisición por unanimidad".

CASETAS

Comarca. Central.

Cómo llegar a Casetas

Es un barrio de Zaragoza, a unos 17 kilómetros del centro de la ciudad.

Fiestas. Las mayores son el primer domingo de mayo, por la Virgen de la Rosa. También se celebra San Miguel el 29 de septiembre.

La 603. El autobús 603 es el popular ‘casetero’. Conecta el barrio con la parada inicial en la Avenida César Augusto de Zaragoza. La frecuencia en las horas punta es de unos 10 minutos, y el trayecto tiene una duración aproximada de media hora.

Iglesia de San Miguel. Originalmente fue la capilla de la Casa de los Duques de Solferino, y data del siglo XVIII. En el siglo XX sufrió una remodelación, con ampliación incluida a tres naves, aunque se respetó el estilo original de la construcción.

El rock de Casetas. La cantera local vivió grandes momentos en los 80, con la banda de rock Pedro Botero como gran enseña. Un corto documental de Ángel Martínez, ‘Rockasetas’, recuerda toda aquella escena. Además, Casetas tiene Rockoteca.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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