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Viajes

aragón es extraordinario

El belén del Maestrazgo está en Abenfigo

Las hermanas Guillén suman en Navidad un aliciente más para visitar este pueblo del término municipal de Castellote, dotado de una cálida belleza

La pequeña localidad de Abenfigo dista apenas cinco kilómetros de Castellote, a cuyo término municipal pertenece en el plano administrativo. Tiene origen árabe y un gran ramal de río para la pesca, con cangrejos espectaculares y un coqueto azud. Así lo asegura Amor Lagunas, nacida en Libros; quiere mucho a su pueblo natal, pero ha hecho vida en Abenfigo después de bastante tiempo en Zaragoza. La pandemia le pilló en el pueblo y ahí se ha quedado. Enviudó hace seis años, ha superado un cáncer y vive muy ufana en su céntrica casa de la calle Mayor, aunque presume de su hijo está siempre pendiente de ella. “Es un pueblo muy agradable –enumera, sin ahorrar las conjunciones– y acogedor, y tranquilo. Pequeñito, pero muy apañado. Mi marido tenía amigos muy aficionados a la pesca en Suiza, de cuando trabajó allá; los trajo aquí a pescar y se quedaron maravillados. Es la rambla de Fortanete del río Guadalope”.

Abenfigo tiene un lavadero muy bonito, contiguo al lugar de encuentro del pueblo, el Mentidero; este mismo nombre bautiza a la asociación cultural, que tiene su local-bar junto a una replaceta con bancos y una rueda de molino que sirve de mesa, en donde se forman animadas tertulias cuando la climatología lo permite. A Amor la quieren mucho los vecinos, y el asunto es recíproco. “Aquí nos vamos ayudando mucho, y salimos a dar paseos. Bueno, no todos a todos los sitios, cada uno como puede. Hay una sima allá arriba, en el campo de los Lobos, que tiene un camino muy interesante lleno de fósiles; allí quiero que echen mis cenizas cuando me muera. También nos acercamos al azud, y la iglesia de San Julián es muy bonita. Hay devoción por San Roque, ¿sabes que en su altar siempre hay una vela encendida? Es porque en su día protegió al pueblo de la peste, que no tuvo ningún enfermo. Con lo de ahora también hemos tenido suerte, no hay casos”.

Orgullo de vecina

Amor está contenta por haber recibido visita mediática en esta época. “Así podéis disfrutar del belén, ya veréis”. Toca una puerta vecina en la propia calle Mayor y quien abre es Maite Guillén; junto a su hermana Maruja, Maite hace anualmente un belén en el recibidor de su casa que enseñan con todo el gusto, y que atesora guiños a toda la comarca del Maestrazgo. “Tenemos algo de cada sitio; el lavadero de Pitarque, por ejemplo, o la escuela de Dos Torres, el puente de Miravete de la Sierra, el vino de Las Planas, los telares de la Iglesuela del Cid, de Luco de Bordón el peirón junto a la ermita del Pilar, la matacía de Cañada de Benatanduz, el gallinero de Allepuz, el carpintero y el herrero de Villarroya de los Pinares”.

Maite sigue enumerando. “Ahí verás a los pavos de Villarluengo, las ovejas de Los Alagones, la plaza de Abenfigo con la rueda de molino y el bar, los cerdos de Molinos, la quesería de Tronchón, el vendedor ambulante de La Cuba, el olivo de Castellote, la panadería de Bordón, la siega de las Cuevas de Cañart, Fortanete con los rebollones y Cantavieja con sus setas, el Bosque Encantado que ha montado Carmen en Montoro de Mezquita, la hoguera de los carnavales de Ladruñán… si me dejo algo ahora, es olvido de ahora. Todos tienen su hueco”

Arkha Solana, permacultura y arte para disfrutar a paso lento

Patricia Martín y su madre, María José Alcántara viven a la entrada de Abenfigo, en una coqueta hacienda con abundante zona verde. Son del vecino pueblo de Castellote, pero siempre han vivido en Abenfigo. Su vivienda rural se llama Arkha Solana; el nombre es idea de Patricia y está inspirada en la cultura mexicana, aunque hay iconografía de varias culturas en las paredes. “El nombre es relativamente nuevo, alude a Quetzalcoatl, la serpiente emplumada y multicolor, es un torrente de energía que llega de aquellas tierras. No es una vivienda rural cualquiera; aquí tenemos además un proyecto de permacultura y arte, además de animalitos, huerto ecológico, hacemos aceite con nuestras propias olivas… tiene una cierta personalidad dentro y fuera de la edificación”.

Patricia explica que el arte ha sido una presencia familiar en su casa; en su web panitory.es se puede apreciar claramente esta deriva. “Mi madre siempre ha pintado, también hacemos escultura ambas; aquí afuera hay unas cuantas de ellas. También hemos trabajado fuera de aquí en esfuerzos artísticos, pero al final nuestra vida es el campo. Eso sí, además de los huéspedes que alquilan la casa, vienen a vernos amigos de muchos sitios. En cuando a los clientes, abundan los extranjeros, y por proximidad también tenemos muchos valencianos; en estos tres años de apertura ha funcionado bien, porque normalmente quienes nos buscar o siguen alguna recomendación son gente que busca algo así, este esquema de acogimiento y vibración de energía. Tenemos buena relación con la gente del pueblo, con Amor siempre hablamos porque le encanta contar cosas del pueblo; vamos un poco a nuestro ritmo, y tenemos la suerte de poder hacerlo aquí en Abenfigo, que nos encanta”.

Verdor en calles y ventanas, y una hermosa parroquia del siglo XVI

A los vecinos de Abenfigo les encantan las plantas, una afición que se nota en cada vía (especialmente, en la calle Mayor) y que se traduce en una gran variedad de macetas y plantas en ventanas y recodos, que en épocas de climatología más benigna suponen un estallido de color floral. La calle Mayor desemboca en la parroquia de San Julián, datada en 1546, que tiene dos hermosas campanas en su torre, de 1949, dedicadas a San Julián y al Sagrado Corazón de Jesús. En la parroquia se conservan tallas de la Virgen del Pilar, la Purísima y San José. Al lado de la iglesia está la antigua escuela y el trinquete (ver en la imagen). Desde la plaza se pueden ver los pilones del calvario asentados sobre un monte cercano: este calvario fue construido por los vecinos de Abenfigo a mediados del siglo XX, y cada estación de La Pasión de Cristo) fue acondicionada y pagada por una familia del pueblo.

ABENFIGO

Comarca. Maestrazgo. Abenfigo pertenece administrativamente al municipio de Castellote.

Cómo llegar. Desde Teruel, su capital de provincia, hay 125 kilómetros por la N-420 y la A-226.

La ‘esbarra’. Una caza tradicional del pueblo, consistente en espantar perdices por los montes, haciendo ruido y corriendo tras ellas hasta que conseguían encaminarlas hacia una hondonada detrás del calvario donde, cansadas, eran cogidas con las manos.

El nombre y la fruta. El nombre del pueblo, que viene del àrabe, significa barranco de higueras. La huerta es excelente, así como la pericia de los agricultores locales, que consiguieron hacer del melocotón tardano local un manjar codiciado en toda la zona del Bajo Aragón extendido.

Yacimiento. En las inmediaciones del pueblo hay un yacimiento paleontológico de icnitas (huellas) de dinosaurio, que ha sido declarado recientemente Bien de Interés Cultural. Albergó el Geolodía de 2010; las huellas son de terópodos carnosaurios.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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