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La Iglesuela del Cid y su jamón pionero

Alejandro Centelles suma 58 años al frente de un negocio que comenzó su padre: La Casa de los Jamones

El jamón en Teruel es religión. La Iglesuela del Cid tiene dos referencias básicas, puerta con puerta: Jamones y Cecinas R. Domingo y La Casa de los Jamones, que regenta la familia Centelles. La segunda firma cuenta con el peso de la tradición: no en vano es pionera nacional del ramo.

Alejandro Centelles es el patriarca actual del negocio, y no se trata de un mero empeño institucional: sigue al pie del cañón, aunque haya delegado buena parte de la operatividad y la gestión en su hijo, que también se llama Alejandro. "Mi padre tenía una tienda aquí hace casi un siglo; no había poder adquisitivo entre la gente para comprar con regularidad ciertos productos, que pagaba con perniles cuando llegaba la matanza del cerdo. Mi padre los salaba y los vendía; cada vez tenía más demanda, porque en todos pueblos de aquí a Teruel había compradores fijos y otros que se sumaban cada año, así que fue dejando la tienda para dedicarse solamente al jamón".

El de los Centelles es el secadero de jamones más antiguo de España en funcionamiento. "Tenemos el número 5 de registro, certificado por la Unión Europea; los cuatro anteriores –explica Alejandro padre– han desaparecido. Comenzamos en 1940, yo llevo 58 años trabajando aquí y mi hijo ya lleva 10 conmigo en esta misma faena".

El veterano tendero y productor cree que "lo que más valora la gente es nuestro proceso al natural, sin acelerantes; los trabajamos de noviembre a febrero, luego pasan 12 meses al aire libre y 8 en bodega, así que ahora vendemos jamones de 20-22 meses de curación. Hay mucho cliente de bar y restaurante en Aragón, también en Levante y Tarragona, y mandamos a todas partes. Este paquete –señala unas cajas– es para Turín, éste para Barcelona… también hacemos muchos regalos de empresa".

Jamones aparte, el pueblo oferta buenas excursiones: a la cueva del Turcacho, con vías de escalada abiertas, o la cima del Zurdico, amén de rutas de montaña para BTT, como las que hay desde la peña del Morrón. A Alejandro le gusta todo de La iglesuela. "Es que es un pueblo-pueblo, muy bonito, con edificios increíbles. El más conocido es la casa palacio de Matutano-Daudén, que ha albergado siempre la Hospedería. Ha tenido muchas gerencias: durante un tiempo el titular fue Joan Gaspart, el que fuera presidente del F.C Barcelona, luego Arturo Fernández, del grupo Cartoblanco... y el diseñador Roberto Verino la alquiló dos años seguidos para su cumpleaños, Agatha Ruiz de la Prada la reservó completa dos semanas para una presentación de productos… imagina".

La fábrica más grande de Europa del grupo Marie Claire está a nueve kilómetros, en Villafranca del Cid (Castellón). "Medio pueblo trabaja allí, hicieron muchísimas mascarillas y batas en los meses del aislamiento. Nos llevamos bien con los vecinos, su agua es de aquí, nuestros niños van allá al instituto, su quitanieves nos llega, y la UCI de Villafranca nos atiende… como estamos a 90 ó 100 kilómetros de sus principales playas, vienen muchos aquí para una experiencia de interior... y a comprar jamones. Aquí hay gente entusiasta: tenemos equipo de balonmano, rondalla, grupo de gaiteros y dulzaineros por empeños individuales".

La tradición rediviva de los telares y la ruta de la piedra seca

La frase ‘de casta le viene al galgo’ se usa mucho más entre antropomorfos, sin voluntad de menosprecio hacia el reino canino. Eduardo Puig la personifica en La Iglesuela del Cid: hijo y sobrino de tejedores artesanos, se afana desde hace años en mantener la tradición del telar más allá del icono ‘kitsch’. Eduardo sigue creando fabulosas piezas con fines comerciales, especialmente destinados a dos tiendas turolenses (La Basquiña, en la capital provincial, y Anteayer en la calle Mayor de Alcañiz) y varias en Levante, por la zona de Villarreal.

Edu trabaja en la Casa de los Jamones, maneja los telares en el taller familiar (a 200 metros de su trabajo en el secadero, cruzando la carretera) y saca tiempo para fantásticas excursiones por la zona. Con los telares es un espectáculo. “El hilo viene en conos o madejas. El primer procedimiento es urdirlo: se colocan los hilos en orden según el diseño, luego se va ‘rollando’ y se completa el dibujo hilo por hilo, anudando cada uno para trabajarlo. El telar tiene tres pedales y muchos peines; según la forma que vas a darle a la pieza, las combinaciones varían, y también las pasadas de hilo, que se tensa con una batidora. Me siento a manejar los tres pedales y voy moviendo los peines con un arrastre manual”. La palabra se convierte en obra con una cadencia casi ferroviaria. Chac, crac, chas, chas, una y otra vez, lento pero seguro. De vez en cuando hay que parar, porque el asunto se lleva horas: cosas de la literalidad al hablar de trabajo artesano.

Otro tema insoslayable en la zona es la piedra seca, que tiene su propia ruta circular en el pueblo. Carlos Julián Rochela, profesor jubilado, ha escrito mucho sobre Iglesuela y este tema; de hecho, analizó los centenares de casetas de piedra seca en el término, de cantidad récord en Europa.

Una llamativa colección de tesoros arquitectónicos y regalos visuales

La villa está al pie de una loma, con la Torre de los Nublos o del Esconjurador (siglo XIII) como uno de sus símbolos principales; se trata de la antigua torre del homenaje del castillo templario, y está adosada a las Casas Consistoriales. La iglesia de la Purificación, antiguo templo medieval reformado en el barroco, es la parroquia local. Entre las muestras de arquitectura civil destacan las casas palacio Blinque (siglo XVI) y Matutano-Daudén (XVIII). También hay varias casas solariegas, como la Casa Aliaga, la de los Agramunt o la de los Guijarro, entre otras. También es muy llamativo el portal de San Pablo, la parcela dividida en pequeños huertos en pleno centro del pueblo –una vista inusual que cautiva a los visitantes– y varios edificios religiosos, con mención especial para el Santuario de la Virgen del Cid, situado a unos tres kilómetros del casco urbano.

LA IGLESUELA DEL CID

Comarca. Maestrazgo.

Cómo llegar. Desde Teruel, su capital de provincia, hay 101 kilómetros por la A-226.

Dónde comer y dormir. Hay tres bares en activo: Camilo, Tropezón y Amadeo. A orillas de la carretera que desemboca en la Comunidad Valenciana dos kilómetros y medio después del pueblo está el restaurante Casa Amada. La Hospedería, actualmente inactiva, es el gran alojamiento local, y hay varias casas rurales.

Antón Castro. El escritor y periodista deHERALDO y su familia vivieron aquí muchos años; Castro es muy recordado en el pueblo, con énfasis de afecto en la faceta futbolística, ya que entrenó a los equipos de edades locales.

Centro de Interpretación Textil y de la Indumentaria. Un compendio de la tradición de este sector en la zona.

Conjunto histórico-artístico. La plaza Mayor es el centro neurálgico del patrimonio arquitectónico del pueblo. No en vano se hallan allí el edificio del Ayuntamiento, la iglesia parroquial de la Purificación y la imponente casa Matutano-Daudén.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'

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