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Lagunas, ibones o galachos integran la ruta de los humedales de Aragón

La Comunidad cuenta en sus tres provincias con importantes formaciones acuáticas. Cuatro de ellas forman parte de la Lista Ramsar de importancia mundial.

Día de los Humedales en el galacho de Juslibol
Día de los Humedales en el galacho de Juslibol
Francisco Jiménez

Tienen su propio día mundial, el 2 de febrero, y engloban diversos tipos de espacios con algo en común, el agua como principal elemento. Se trata de los humedales, unas formaciones que en Aragón abundan, repartidas por las tres provincias.

En esta ruta por los humedales de Aragón se incluyen ibones, lagunas, estancas, saladas o galachos, entre otros espacios acuáticos. Algunas de las siguientes propuestas están incluidas en la Lista Ramsar, que clasifica los humedales por importancia a nivel mundial, destacando 75 lugares en España.

En territorio aragonés se encuentran cuatro de estos humedales catalogados como importantes por la entidad internacional. Son la laguna de Gallocanta, la de Chiprana y las saladas de Sástago-Bujaraloz, en la provincia de Zaragoza, y las turberas de Orihuela del Tremedal, en Teruel.

En la provincia de Huesca predominan los lagos de alta montaña, o ibones, y en las cercanías de Zaragoza, los galachos. Son algunos ejemplos de los siguientes diez humedales de Aragón que merece la pena conocer.

Laguna de Gallocanta, entre Daroca y el Jiloca
La laguna de Gallocanta.
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Situada entre el Campo de Daroca y el Jiloca, la Laguna de Gallocanta es el humedal salino más grande de toda la península española, principal motivo por el que está en la lista Ramsar. Es refugio de paso de millares de aves migratorias que cruzan el Pirineo en primavera y en otoño. Predominan las grullas, una especie a la que en Gallocanta se dedica una fiesta de bienvenida y otra de despedida, con salidas de avistamiento entre otras actividades.

Galachos de la Alfranca, a 15 kilómetros de Zaragoza
Galacho de la Alfranca.
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Los galachos de la Alfranca se extienden por los términos municipales de Pastriz, La Cartuja y el Burgo de Ebro, a 15 kilómetros de la capital aragonesa. Estas formaciones son meandros abandonados de un río donde el caudal se queda reteniendo, dando lugar a un ecosistema propio. El de la Alfranca es uno de los mejor conservados y hasta él se llega por el camino natural.

Saladas de Chiprana, en el Bajo Aragón-Caspe
Laguna del Cañizar, en Villarquemado.
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Con una importante población aviaria de tarro blanco, chorlitejos patinegros, zampullines, cigüeñuelas y patos colorados, las saladas de Chiprana, en la comarca del Bajo Aragón-Caspe, están en la lista Ramsar de los principales humedales del mundo. Los microorganismos de su fondo y de las riberas reproducen cómo se formó el origen de la vida en la Tierra.

Galachos de Juslibol, un espacio naturalizado
Los galachos de Juslibol, el pasado 15 de junio
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Es el humedal más cercano a Zaragoza, siendo un oasis natural casi en plena ciudad. En comparación con otros es pequeño y fue creado de forma artificial en el río Ebro, tras la inundación de 1961. Pese a ello, esta laguna es un espacio totalmente naturalizado, donde habita una amplia diversidad de aves y abunda la vegetación de ribera.

Saladas de Sástago y Bujaraloz, los restos del mar que cubría Aragón
Saladas de Bujaraloz, un paisaje cuya aridez se reduce en primavera.
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Las saladas de Sástago y Bujaraloz son los restos que han quedado del mar que cubría Aragón. Hace cinco millones de años, el agua se extendía por esta zona y, cuando se retiró, la sal se quedó, dejando sustratos salinos en la depresión del Ebro. El conjunto lo forman 26 cubetas y merece la pena visitar, especialmente, la salada grande. Incluido en la lista Ramsar, en este humedal habita el Candelacypris aragonica, un diminuto organismo que sólo se encuentra en estas saladas.

Los Ojos del Pontil, en Rueda de Jalón
Rueda de Jalón y los Ojos de Pontil: un amor sólido
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En la comarca de Valdejalón se encuentran los Ojos del Pontil, unas formaciones producidas por el sinuoso cauce del río. Como peculiaridad, el agua mana durante todo el año a una temperatura de 22 grados. En invierno, el contraste con el frío de la superficie hace que se genera una niebla que custodia de forma permanente los ojos. Una estampa entre la belleza y el misterio por la que merece pasar por Rueda de Jalón, localidad donde se encuentra este humedal.

Laguna del Cañizar, en Villarquemado
La laguna del Cañizar, cuyo plan de gestión estará redactado en el mes de septiembre.
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Entre los municipios turolenses de Cella y Villarquemado se extiende la Laguna del Cañizar, uno de los humedales de agua dulce más extensos del interior peninsular. Desecado unos siglos atrás, en el año 2000 arrancó un proyecto de recuperación del humedal. Desde entonces, con sus épocas mejores y peores, el agua se ha mantenido, llegando incluso en una ocasión a realizar una ruta fluvial en barca entre las localidades citadas.

Los tremedales de Orihuela, en la Sierra de Albarracín
Tremedales de Orihuela.
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Los tremedales de Orihuela, a la que la localidad debe su apellido (del Tremedal), son formaciones acuáticas peculiares, caracterizadas por la sensación de arenas movedizas que da pisar el suelo que las rodea. El conjunto está formado por turberas, unos terrenos de sustrato ácido que siempre están encharcados lo que hace que el suelo se quede suelto y esponjoso. Se sitúan en medio de un espeso bosque en los Montes Universales y, junto con los árboles típicos de este ecosistema, también abunda el musgo.

Laguna de Sariñena, un oasis en la estepa de Los Monegros
Foto de Sariñena
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Desde migratorias como aguiluchos laguneros o avefrías hasta avutardas o cernícalos que siendo esteparias acuden a ella a beber, la Laguna de Sariñena es el paraíso de las aves en Los Monegros. El espacio cuenta con su centro de interpretación, situado en la entrada de Sariñena, desde el que se promueven actividades de dinamización y conocimiento del entorno natural.

Ibones a 3.000 metros de altitud en el valle de Chistau
Ibon de Plan, en el valle de Chistau.
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La riqueza en cuanto a humedales del Pirineo oscense está en los numerosos ibones situados a cotas elevadas. Estos lagos de alta montaña son de origen glaciar y en el valle de Chistau, en la comarca del Sobrarbe, se encuentra una buena representación de ellos. De aguas cristalinas y azuladas se sitúan entre los 1.700 y los 3.000 metros de altitud. Los lagos de Millars, Leners o el ibón de Plan, entre otros, son peculiares ecosistemas acuáticos, caracterizados por su habitante más popular, el tritón pirenaico. El de Plan, también conocido como la Basa de Mora, es uno de los más populares y destino de numerosas excursiones. Hasta él se puede llegar fácilmente tomando la pista que va desde la localidad de Saravillo hasta el refugio de Lavasar.

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