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aragón es extraordinario

Litago: los Bécquer, las ‘mates’ y los toros

La localidad moncaína desarrolla su atractivo turístico en varias direcciones, con la naturaleza, los juegos y el eco becqueriano como platos fuertes

En la terraza del centro social de Litago, razonablemente poblada en estos días de terraceo forzoso, Rafael Ávila saluda con afecto a los vecinos. El alcalde es todo ilusión. Se emociona cuando habla de lo conseguido, de los logros en ciernes y de las ilusiones futuras. «Este pasado año hemos recuperado la antigua escombrera, quitamos todos loa residuos y ahí ha nacido un pequeño bosque. El método ha sido el siguiente: cada litaguero que así lo ha deseado ha apadrinado un árbol, que pasa a ser su responsabilidad; ahí lo tiene para regarlo, cuidarlo, abrazarlo si quiere... es un proyecto bonito, que ha encontrado una buena respuesta. Incluso hay árboles apadrinados por gente que no está aquí, pero que tiene quien los cuide».

El pueblo, pegadito al Moncayo, tiene sus particularidades más allá de las brujas de los vecinos (Trasmoz) o el influjo de los Bécquer (omnipresente), empezando por las piedras que colocan muchos sobre sus tejados; tirarlas no tiene aquí ese matiz autolesivo que describe el refrán. «Es el aire –explica el alcalde, Rafa para los vecinos– porque aquí, tan cerca del Moncayo, pega fuerte. Tiene su lógica; así no se vuelan las tejas». Por su parte, la plaza de toros conserva un edificio con balcón de su antigua fisonomía, aunque ahora hay fuente alusiva a la fiesta en el centro del viejo coso callejero.

El alcalde está muy orgulloso de un dato que puede dar lustre a Litago. El cuadro de Valeriano Bécquer ‘El presente’, que está en el Museo del Prado, refleja una escena que podría estar ambientada en el pueblo. «Se dice en la leyenda del cuadro que lo retratado es la escenificación de las fiestas de un pueblo de El Moncayo, y yo sostengo que es Litago. El pendón con el roscón que aparece en el cuadro es típico de aquí, y el contrafuerte de la casa puede verse aún idéntico, era la Puerta de Lugar: hablando con el catedrático de la Universidad de Zaragoza Jesús Rubio concluimos en que nadie dice rotundamente que sí o no; el sevillano Agustín Porras, estudioso de la obra de los hermanos Bécquer, se inclina por el probable sí». Litago quiere seguir subido en la ola Bécquer; argumentos le sobran al pueblo. «Tenemos la ruta que llega hasta aquí desde la Cruz Negra de Veruela; son siete kilómetros. Empezaron con el proyecto la DPZ y Olifante, y estamos trabajando en ella de nuevo».

En el bar se lleva a cabo desde hace tres legislaturas un servicio muy interesante para los mayores del pueblo. «Se trata de un aporte social, en virtud del cual se sufraga la tercera parte del menú de 7,5 euros desde el ayuntamiento para quienes no pueden cocinar en sus casas».

Otro curioso reto que se ha marcado en el pueblo es la ruta matemática. «Hay diversas paradas, nueve en total, en las que se invoca a la aritmética, la trigonometría... por ejemplo, se piden cálculos sobre una verja por su fisonomía; en otro caso, y teniendo las medidas del pabellón municipal, se pide el cálculo de su posible aforo máximo.Cuando se ponga en funcionamiento la ruta se proporcionará a quienes la hagan un metro, una hoja y un bolígrafo. Antes de primavera del año que viene tiene que estar activa, junto a las rutas de las ermitas y la de los embalses, que une los de Trasmoz, Litago y Lituénigo».

Vídeo de Litago en 'Aragón es extraordinario'

Una oración por los que ya no están en el marco más romántico

Desde mediados del siglo XX, el cementerio romántico de Litago está en desuso. Hay una extraña mística en este espacio sin nichos, con las tumbas en la tierra, a la antigua usanza. “Hacían enterramientos por tramos –explica el alcalde– y volvían a aprovechar espacios donde ya había cuerpos enterrados”. La falta de espacio llevaba con naturalidad a esa práctica, que puede causar desagrado en un primer momento, pero que era asumida como un asunto cíclico por los vecinos. Un repaso a las lápidas revela apellidos muy repetidos, como Macaya, y algo que no deja de asombrar; flores frescas en la mayoría de las tumbas. Los litagueros no descuidan a sus muertos.

La iglesia parroquial está contigua al cementerio romántico –hay otro más moderno a las afueras– y está consagrada a Nuestra Señora de la Asunción, de origen románico; data del sigloXIII y sufrió importantes transformaciones en el XVIII. Hay dos ermitas más en el pueblo, la de la Virgen del Pilar y la de San Sebastián. También está en el término la ermita de los Niños, a la que se llega por un sendero en el monte. El ayuntamiento acaba de convocar la I edición del Premio de Investigación Litago, y la temática elegida para la ocasión está orientada a conocer la historia, evolución y circunstancias actuales de la citada Ermita de los Niños, con el fin de impulsar una posible restauración posterior.

En Litago había castillo, del que solamente queda en pie la torre del homenaje, convertida luego en la torre de la iglesia; hay restos de otras dos torres vigía. La que permanece tenía varios tramos más en su día, de los que actualmente quedan dos; el primer cuerpo se recreció en el siglo XVI en clave mudéjar, y la torre llegó a ser la más alta de la comarca. Es contemporánea en su origen del Monasterio de Veruela.

Olifante, la rima libre que brinca en consonancia con su entorno

Dice Rafael Ávila que contar con Olifante en Litago es una bendición. “Tenemos una editorial de poesía en el pueblo, nada más romántico. Trinidad siempre pone a Litago en el mapa, aunque no naciera aquí porque es de Agón, pero está claro que quiere al pueblo en el que vive. Marcelo, su esposo, también era un apasionado del pueblo. Hay una estatua dedicada a él, un orgullo para nosotros”. El alcalde se refiere a la escritora y editora Trinidad Ruiz-Marcellán y a su esposo, Marcelo Reyes, fallecido hace un lustro. Trinidad sigue al pie del cañón sacando a la luz libros hermosos de autores que no conocen las fronteras, ni en el plano administrativo ni en el estilístico. Fiel al Moncayo que la enamoró, ‘Trini’ cuenta con el cariño incondicional de todo el pueblo y no ceja un segundo en su búsqueda de la belleza vital, cargada hasta los topes de poéticas razones para seguir en la brecha”.

LITAGO

Comarca. Tarazona y el Moncayo

Cómo llegar. Desde Zaragoza, su capital de provincia, hay 85 kilómetros por la AP-68 y la N-122.

Fiestas. Del 20 al 30 de agosto se celebra la romería al Santuario de la Virgen del Moncayo. El 21 de enero se enciende la hoguera en honor a San Sebastián y se celebra ‘la entrega’, consistente en relevar a los cofrades pasándose unos a otros las insignias correspondientes.

Dónde comer. El centro social, situado en los bajos del edificio consistorial, es la opción hostelera local.

El río. El término municipal de Litago está bañado por el río Huecha. El paisaje puede definirse como agreste y pintoresco, y cuenta con la poderosa presencia del pico de San Miguel al fondo.

Las judías traperas. Esta deliciosa legumbre se cultiva en Litago desde tiempos inmemoriales, y es costumbre hasta hoy ponerla a secar al sol delante de las casas. Rivalizan en calidad con las de Añón en esta zona: es un pugilato en la cumbre asumido por el resto.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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