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La firma del Protocolo de Kioto: 25 años de "bla, bla, bla"

El objetivo de recortar las emisiones se cumplió, pero no logró el sí de los países más contaminantes.

Protestas en Sharm el-Sheikh, escenario de la Cumbre climática COP27
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MOHAMMED SALEM

Situada en la parte central de la isla japonesa de Honshu, Myo cambió su nombre por ciudad capital o Kioto en japonés en el siglo XI. Un título que mantuvo hasta que Tokio, ya en el siglo XIX, se consolidó como la sede oficial nipona. Sin embargo, esa definición de ciudad capital, pero en importancia, volvió a la antigua Myo en 1997. En diciembre de ese año, las delegaciones internacionales de los grandes Estados llegaban a Kioto para dar comienzo al tercer periodo de la Conferencia de Partes, la COP3. Cuarto encuentro, si se tiene en cuenta la Cumbre de la Tierra del 92 en Río de Janeiro (Brasil), que finalizó con el primer gran acuerdo de las reuniones por el clima, el Protocolo de Kioto, del que se cumplen 25 años. Un cuarto de siglo de "bla, bla, bla", como criticó Greta Thunberg.

El artículo 3 de la declaración final fijaba que "los países más industrializados y contaminantes se asegurarán individual o conjuntamente de que sus emisiones antropógenas agregadas a un nivel inferior en no menos de 5% al de 1990 en el período de compromiso comprendido entre el año 2008 y 2012". Un artículo "jurídico y vinculante" de 28 puntos que no fue cumplido por todos los países. La ambición plasmada aquel 11 de diciembre de 1997, fecha en la que se llegó al acuerdo, quedó diluida con su lento y complicado proceso de aplicación. Las trabas, los obstáculos y las demoras consiguieron que el acuerdo no entrara en vigor hasta 2005.

Durante la firma en Japón, los países presentes establecieron que el compromiso sería de obligatorio cumplimiento cuando lo ratificasen los países industrializados responsables de, al menos, un 55% de las emisiones de CO2. No fue hasta noviembre de 2004, cuando Rusia aprobó el Protocolo y finalmente entró en vigor. Moscú suplía el no de Estados Unidos que nunca dio el sí definitivo al articulado final, porque "no era suficiente".

Terreno inexplorado

Las reticencias de los países más industrializados a asumir el recorte del 5% de sus emisiones no fue la única traba al acuerdo, la medición de los gases de efecto invernadero lanzados a la atmósfera era un terreno inexplorado, ya que no existía la tecnología adecuada ni tampoco se había definido un marco legal adecuado.

Kioto fue el punto de partida, pero la primera reunión de seguimiento del Protocolo no llegó hasta 2005 en Montreal (Canadá) donde se estableció un grupo de trabajo orientado a los acuerdos a tomar para después de 2012, fecha en el que se ponía fin al periodo de vigencia del acuerdo. Tras Canadá, llegó Bali, Copenhague y Cancún, cumbres que sirvieron para establecer la hoja de ruta post-Kioto que llegó en Doha (2012) donde se amplió el Protocolo hasta 2020. 

Por primera vez en la historia, la COP3 de Kioto ponía nombre a los gases más dañinos en el planeta. Dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6) eran los señalados en las casi treinta páginas del acuerdo de Kioto. El objetivo era reducirlos un 5%, cifra que se superó ampliamente hasta alcanzar un 22,6%.

Sin embargo, ¿por qué los gráficos de las emisiones no dejaron de crecer? La respuesta es que solo lo cumplieron los países comprometidos con este Protocolo. Cosa que no realizó ni Estados Unidos, ni China, ni India y ni, tan siquiera, España.

Sí cumplió la Unión Europea que redujo las emisiones GEI en un 23% en 2014 respecto a 1990. España que se comprometió a aumentar sus emisiones un máximo del +15% en relación al año base, lo sobrepasó hasta llegar al +23,7%, aunque con la irrupción de la gran crisis financiera logró maquillar los datos.

Junto a Kioto, París es otro de los grandes éxitos en la historia de las cumbres del clima. Celebrada en la capital gala en 2015, 195 países llegaron a un acuerdo que dejaría en el olvido el Protocolo de Kioto, que demostró ser insuficiente para lograr los objetivos marcados y frenar el calentamiento del planeta.

El nuevo Acuerdo de París limita el aumento de la temperatura en 1,5º, bastante por debajo de los 2º previamente acordados. Para ello, las naciones se ponen de acuerdo en conseguir un balance de emisiones cero en la segunda mitad del siglo XXI.

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