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Cayetano Martínez de Irujo: "Vivíamos bajo una dictadura de 'nannys' obsoletas"

El hijo de la duquesa de Alba rescata de la memoria las jornadas de pesca con su padre en unos veranos que "no fueron fantásticos".

Cayetano Martínez de Irujo.
Cayetano Martínez de Irujo.
Vocento

Admite sin ambages Cayetano Martínez de Irujo, camino a su casa de Sevilla, que "no fueron fantásticos" sus veranos de infancia. El balance de sus vacaciones entre los diez y los quince años "es más negativo que positivo".

¿Tiene un recuerdo imborrable de sus veranos?

Mis veranos no fueron fantásticos. Pero un buen recuerdo era pescar con mi padre, antes de que muriese. Íbamos a sacar el palangre y sacábamos peces muy grandes en un barquito pequeño que teníamos en Marbella.

¿Era su lugar fijo de veraneo?

Hasta que nació mi hermana [Eugenia] y murió mi padre, sí. Después, a mi hermano Fernando y a mí nos mandaban a San Sebastián. Mi madre venía unos días, y después se iba. Y ya pasábamos el resto del verano con las 'nannys'.

¿Cómo fueron esos años?

Muy malos. Teníamos pocos buenos días. Vivíamos bajo una dictadura de 'nannys' obsoletas. No hacíamos la vida de los niños normales, ni siquiera en verano. Los recuerdos buenos de verano son anteriores a los diez años, con mi padre, teniendo una vida cálida, y después de los quince, cuando convencí a mi madre para que me dejara participar en los primeros concursos de hípica, en Santander y Laredo. Una pasión que empecé a sentir con esa edad y que luego se convirtió en mi profesión.

¿Con qué comida típica del estío se le hacía la boca agua?

A mí me encantaba ir a Marbella porque teníamos una cocinera, 'Casi', que hacía migas para desayunar. Me encantaban las migas y me siguen encantando. Y nos las comíamos en verano a palo seco, sin uvas, ni chorizo ni nada. Era nuestro desayuno.

¿Cómo se lleva con el calor?

No me importa el calor. He pasado tanto frío los once años que he vivido fuera de España, en Holanda, Francia, Bélgica y Alemania, que no me quejo del calor. No me importa estar a 38 grados. Uno no se puede quejar de todo. En este país, a todo el mundo le gustaría estar siempre a 22 grados y sin nubes. Y no se puede. El calor no me afecta. Sin embargo, la playa me aburre. Recuerdo que la última 'nanny' que tuvimos era una obsesa de la playa, y estábamos en Ondarreta desde las nueve de la mañana hasta que se iba el sol. Allí aburridos, sin hacer nada. Era un calvario. No tengo buenos recuerdos de aquello. No hacíamos la vida de los demás niños.

¿En qué sentido?

Porque todo respondía a un plan muy marcado. Teníamos natación tres veces por semana, tenis... Teníamos que ir aquí, allá... Una vez a la semana nos invitaban a una fiesta, y era una liberación porque teníamos contacto con el resto de los niños. También teníamos un 'kart' con el que a veces dábamos una vuelta por ahí con otros chicos. Lo demás era un plan muy trazado que, en aquella edad, era horrible.

¿Cómo era la relación por aquel entonces con los 'paparazzi'?

Hasta un momento determinado no lo llevaba mal. Éramos una familia distinguida de nuestro país, y la prensa era correcta. Pero esto ha degenerado de una manera salvaje, sobre todo por una cadena que se llama Telecinco. Lo que era un patio de vecindad sano ha degenerado en una salvajada que consiste en sacar todo tipo de barbaridades personales. Y las revistas no han podido quedarse atrás. Dejas de ser libre en tu país, y eso no se puede tolerar. Éramos personas de interés público por la familia en la que habíamos nacido, pero no éramos personas públicas. A partir de los 17 y 18 años, para mí empezó a ser un infierno.

¿A dónde huía en verano?

-Probé Ibiza, imposible. Marbella, imposible. Por eso me hice una casa en África.

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