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Tercer Milenio

Desarrollan un estudio pionero en las Galápagos sobre los pinzones de Darwin

Los investigadores marcaron a los  animales con diminutas mochilas electrónicas con un localizador que permitió realizar un seguimiento.

El Pajarito Pinzón surgió hace apenas 50 años pero ya ha arraigado entre los niños aragoneses.
Pinzón.
HERALDO

Carlos Camacho, investigador Juan de la Cierva en el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), ha desarrollado un estudio pionero en las Islas Galápagos sobre las rutinas diarias de los pinzones de Darwin, su capacidad de movimiento y sus necesidades de espaciaragarag

Los pinzones de Darwin son en la actualidad uno de los organismos mejor estudiados del planeta y gracias a ellos se sabe de qué manera pueden producirse cambios evolutivos rápidos o cómo el intercambio de material genético entre poblaciones puede favorecer la formación de nuevas especies.

Sin embargo, aún se desconocen algunos de los aspectos más básicos de la biología de estas aves, debido en parte a las dificultades impuestas por la severidad del clima de las islas y su inaccesible terreno de roca volcánica, informa en una nota de prensa la delegación en Aragón del CSIC.

Un estudio publicado recientemente en la revista 'Ecology and Evolution' arroja luz sobre la rutina diaria de estas aves, su capacidad de movimiento y sus necesidades de espacio.

La investigación se desarrolló en una remota zona costera de la isla de Santa Cruz –la más poblada de todas– y en él participaron científicos del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) y la Universidad McGill de Montreal.

El estudio se centró en una de las especies de pinzones más abundantes y extendidas por el archipiélago, el pinzón terrestre mediano, y de la que ya existía una serie de datos minuciosamente recopilados durante las dos últimas décadas.

Los investigadores marcaron por primera vez a estos pinzones con diminutas mochilas electrónicas de apenas medio gramo de peso que les permitirían localizarlos tanto de día como de noche y rastrear así sus movimientos.

Las localizaciones recopiladas a lo largo de tres semanas de trabajo de campo revelaron que los pinzones utilizaban diariamente una superficie total mucho mayor de lo que se pensaba, equivalente a 30 campos de fútbol.

El estudio demostró, además, que las áreas de campeo pueden incrementarse durante la fase de alimentación de los polluelos, cuando los padres necesitan encontrar mayor cantidad de comida.

“Conocer las necesidades reales de espacio de estas icónicas aves es crucial tanto para refinar la interpretación de los resultados de estudios previos como para asegurar su conservación en un paisaje cada vez más amenazado por la proliferación de zonas urbanas”, explica Marc-Olivier Beausoleil, estudiante de doctorado de la Universidad McGill y primer autor del trabajo.

Los pinzones establecieron sus territorios de cría en un árido bosque de palosanto salpicado de cactus arborescentes. Los machos dedicaron la mayor parte de su tiempo a construir los nidos en un ir y venir frenético en busca de materiales, mientras que la tarea de incubar recayó íntegramente sobre sus parejas.

Las localizaciones obtenidas durante el día mostraron que los pinzones rara vez se alejan de sus nidos más de un centenar de metros para buscar alimento o materiales de construcción, pero no quedaba claro para qué necesitaban tanto espacio.

Los investigadores comprobaron que la práctica totalidad de los pinzones marcados abandonaban sus territorios de cría tras la puesta sol y se desplazaban a una distancia cuatro veces mayor de la que normalmente cubrían en sus desplazamientos diurnos.

El misterioso destino: un frondoso bosquete de ‘manzanillo de la muerte’ –un árbol llamado así por el carácter tóxico de sus frutos– situado a orillas del mar, donde casi un millar de pinzones se reúnen cada noche para descansar.

Es común observar agregaciones de pinzones en las zonas altas de las islas fuera del periodo reproductor; sin embargo, los autores no esperaban encontrar evidencias de comportamiento social en plena reproducción.

“Dormir en compañía de otros ayuda a las aves a combatir el frío y a reducir el riesgo de depredación, aunque las ventajas de este comportamiento no son tan evidentes en un lugar en el que las temperaturas son suaves y los depredadores, escasos. Esto nos conduce a pensar que la tendencia de estos pinzones a formar dormideros sea un carácter que mantienen de sus ancestros continentales”, explica Carlos Camacho.

Los resultados de este trabajo plantean nuevos interrogantes para los científicos, al tiempo que proporcionan información de gran utilidad para la conservación de una biodiversidad y unos ecosistemas únicos en nuestro planeta.

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