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Tercer Milenio

Ciencia de andar por casa 

En La Coruña decimos mejor 'azul'

Este mar ¿es verde o azul? La respuesta no es la misma según la luz... del lugar de donde vengamos. 

Playa de Riazor
Playa de Riazor
Samuel Rivas

¿Por qué los coruñeses decimos mejor 'azul' que los jiennenses? La respuesta no es (al menos no solo es) porque los segundos, como buenos andaluces, se comen la mitad de las letras al hablar. Que sí, lo hacen, pero también de nosotros se dice que tenemos un acento muy cerrado. Así que por esta parte, estamos empatados: aquí paz y después gloria y todos tan amigos.

Sí, genial, pero entonces ¿por qué es? Pues porque en Coruña vemos menos el sol y más el mar que en Jaén -o en Albacete, Badajoz, Madrid, etc-. Y es que según un reciente estudio la clave es la radiación solar incidente; aunque también influye la proximidad de grandes –y azules- masas de agua -¿y hay alguna más grande que un océano?-.

Apunta el estudio que cuanto más sol y más días soleados tenga un lugar, más dificultades tienen los lugareños en distinguir entre el azul y el verde y, asimismo, menos riqueza léxica a la hora de referirse al primero. De hecho, en zonas muy ecuatoriales, algunas lenguas no distinguen entre uno y otro, sino que emplean un único término para denominar la franja del espectro correspondiente a ambos colores.

Una ceguera al azul para la que se ha señalado una causa fisiológica: la brunescescencia u opacidad del cristalino causada por una continua exposición a la luz solar. 

El cristalino puede asimilarse a una lentilla acuosa rellena de una mezcla de agua y proteínas. Y la radiación ultravioleta que viaja con la luz solar acelera el envejecimiento del cristalino al deteriorar las proteínas que este contiene. Un deterioro que provoca una pérdida de transparencia (u aumento de opacidad) y, asimismo, un mayor número de pigmentos amarillos, que absorben la radiación azul incidente, por lo que llega menos a la retina. Ambos son factores que condicionan la habilidad para discriminar entre colores muy parecidos. 

Una forma fácil de acabar de visualizarlo es asimilar esta pérdida a lo que sucede al ponernos unas gafas de sol, con las que también cuesta más discernir los colores (si no me crees, puedes hacer la prueba). El efecto pigmentario también es fácilmente entendible si se piensa que, al mezclar azul y amarillo, lo que se obtiene es verde. Esto, llevado a un ojo castigado por la radiación solar, se traduce en que la diferencia entre azul y verde se difumina.

La opacidad del cristalino es un deterioro natural e inevitable motivado por el progresivo envejecimiento del ojo, consecuencia de cumplir años y de no ser topos, es decir de estar expuestos a la luz solar. Por eso mismo, esta pérdida de transparencia es más manifiesta y más rápida cuanta menor es la latitud de un lugar; mayor la altitud (una atmósfera más fina y, por tanto, que filtra menos radiación incidente); con ausencia de vegetación, que sirve de parapeto; y asimismo donde el clima es cálido y seco, lo que provoca que las nubes escaseen. O, visto desde el ángulo contrario: el cristalino sufre menos deterioro en lugares donde la radiación solar es escasa, con abundante vegetación y donde las nubes forman parte del paisaje habitual.

Pero como ya se anticipó, el estudio también ha detectado otro factor ambiental u orográfico que, en menor medida, influye en la riqueza léxica cromática de los residentes en el lugar: la presencia de grandes masas de agua, ya sean caudalosos ríos, lagos o mares. En definitiva, que todo conduce a La Coruña, donde confluyen el poco sol, la mucha humedad y nubosidad, la vegetación frondosa y un océano a las puertas (lo que implica que estamos al nivel del mar). O tal y como reflejó la escritora coruñesa Rosalía de Castro cuando se despedía de su querida tierra:

“Adiós ríos, adiós fontes
adiós, regatos pequenos;
adiós, vista dos meus ollos,
non sei cándo nos veremos.
Prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento…”.

Para alcanzar estas conclusiones, los autores de la investigación analizaron la riqueza y especificidad del léxico cromático de 142 poblaciones de todos los continentes. Así pues, para finalizar, y a fin de comprobar por mí mismo hasta qué punto la ausencia de luz solar aumenta la capacidad de una lengua para referirse al azul -y también para que quede claro que esto no tiene nada que ver con rivalidades territoriales-, se me ha ocurrido acudir a Word Reference. Y, en concreto, a sus diccionarios de sinónimos de español e inglés para comparar cuántos términos indexan uno y otro como sinónimos de dicho color. Este es el resultado de mi pesquisa:

Azul: Añil, azur, índigo, cobalto, garzo, zarco, azulado, azulino, azulón, aturquesado.

Blue: Navy, sapphire, azure, teal, turquoise, indigo, ultramarine, cobalt, sky blue, electric blue, robin’s egg, duck-egg, cerulean.

Vale que no es una prueba científica, pero teniendo en cuenta que en Gran Bretaña el sol brilla por su ausencia bastante más que en España –Coruña al margen-; como prueba de andar por casa a las conclusiones del estudio puede valer.

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