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Especies invasoras: la importancia de combatir las que aún no tenemos en casa

En Aragón se sigue de cerca a las especies invasoras que están –como el visón americano– y preocupan las que no están aún aquí –caracol manzana o jacinto de agua–.

Vanessa Céspedes, investigadora del Instituto Pirenaico de Ecología, coloca cercados experimentales en el Ebro para estudiar el impacto del caracol manzana y el cangrejo azul en la zona de Tortosa
Vanessa Céspedes, investigadora del Instituto Pirenaico de Ecología, coloca cercados experimentales en el Ebro para estudiar el impacto del caracol manzana y el cangrejo azul en la zona de Tortosa
IPE-CSIC

Es originario de Sudamérica y, hoy, el voraz caracol manzana se ha extendido por América del Norte, el sudeste asiático y Hawai. También ha alcanzado Europa, y no llegó hasta aquí reptando, sino porque se puso de moda para tener limpios los acuarios. La única zona afectada en toda la Unión Europea se encuentra en el Delta del Ebro, donde se vigila, se combate y se investiga para evitar la propagación río arriba de esta especie invasora. 

Todo empezó, presuntamente –está en manos de la justicia–, por un escape de una empresa de cría de especies para acuariofilia tras el que, en 2009, empezó a verse este molusco en las acequias del municipio tarraconense de L’Aldea. En poco tiempo, Pomacea maculata se convirtió en una plaga que devora los arrozales de la margen izquierda del Delta. Este caracol acuático de gran tamaño ha invadido también el curso bajo del río, hasta Tortosa, donde, gracias a las medidas de control y erradicación adoptadas desde la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), la plaga está prácticamente controlada. Pero desde allí hasta la desembocadura, la expansión no cesa en arrozales y acequias. Aunque se la combate, durante más de diez años la extensión que ocupa no ha dejado de crecer. Sería un desastre que avanzara río arriba.

"Aún más importante que gestionar lo que tenemos es evitar y prevenir lo que puede llegar"

Es este un caso de especie exótica, que se halla fuera de su área natural de distribución y se convierte en invasora porque, al proliferar, causa daños al medio ambiente, a otras especies o a las actividades humanas y económicas. No se ha detectado en Aragón, pero hay riesgo de entrada a través de la maquinaria de cultivo del arroz procedente del Delta, la acuariofilia o como cebo vivo para pesca. No la tenemos en casa, pero es una de las especies invasoras que preocupan y se vigilan porque "aún más importante que gestionar lo que tenemos es evitar y prevenir lo que puede llegar". Así lo asegura Joaquín Guerrero Campo, jefe de la Sección de Biodiversidad del Servicio Provincial de Zaragoza del Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón. Hacerlo "es más rentable: con menor esfuerzo económico puedes hacer mucho" antes de que la situación se descontrole, como ha ocurrido por ejemplo en otros lugares con el jacinto de agua (Eichhornia crassipes). "Si apareciese en el Ebro sería desastroso –alerta–, conocemos lo ocurrido en el Guadiana, donde, en la zona de Mérida, tapona el río e impide la navegación y llevan cerca de 30 millones de euros gastados".

Los costes directos e indirectos de las invasiones biológicas son difíciles de cuantificar, pero se estima que suponen alrededor del 5% del PIB global. Las especies invasoras están relacionadas directa o indirectamente con el 54% de las extinciones.

Los adultos de Pomacea maculata miden cerca de 10 cm en el bajo Ebro.
Los adultos de Pomacea maculata miden cerca de 10 cm en el bajo Ebro.
Ismael Sanz
"Resulta muy difícil luchar en un medio físico abierto contra una especie exótica invasora"

De cerca

Al caracol manzana, considerado una de las cien especies invasoras más dañinas del mundo, se le sigue de cerca. Con la asistencia técnica de la empresa Paleoymás y la gestión de Tragsa, se realizan prospecciones en piragua de los tramos afectados y próximos a ellos, se limpian de vegetación las orillas y, tanto por el día como por la noche, se retiran ejemplares adultos y puestas, de llamativo color rosa, en unos trabajos dirigidos por la CHE. "Resulta muy difícil luchar en un medio físico abierto contra una especie exótica invasora", reconocen en un informe sobre la gestión de esta plaga en el curso bajo del río Ebro. Sus esfuerzos han impedido que avance aguas arriba.

Retirada de puestas, con cientos de huevos de caracol manzana.
Retirada de puestas, con cientos de huevos de caracol manzana.
Paleoymás

También un mayor conocimiento científico de cómo se comporta esta especie en el curso fluvial del bajo Ebro es necesario para plantear nuevas líneas de actuación y control. Investigadores del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) estudian el impacto de dos especies invasoras acuáticas presentes en esa zona pero todavía no en Aragón: el caracol manzana, ese gran consumidor de las plantas pequeñas de arroz a las pocas semanas de la siembra, y también el cangrejo azul, que comenzó a expandirse por el Delta y a subir por el cauce del Ebro en 2018. "Es un voraz depredador que está desplazando especies nativas como el cangrejo verde, y a otras especies comerciales como navajas, berberecho o almejas. Se lo come todo, vaya –enumera la ambientóloga Belinda Gallardo–. También rompe las redes de pesca y bioacumula metales pesados".

Para medir cuánto son capaces de comer, Vanessa Céspedes, investigadora posdoctoral, muestrea en zonas invadidas y sin invadir por estas especies en la zona de Tortosa. Han comprobado que "el cangrejo azul es capaz de consumir su propio peso en presas diariamente. Para que te hagas una idea del impacto que esto supone, se comercializan dos toneladas de cangrejo azul al día en el Delta y, pese a la cantidad que llega a lonja, sus números no disminuyen nada", dice Gallardo. Entre otras cosas, el cangrejo azul se beneficia del caracol manzana, disponible en abundancia, para crecer y expandirse. Las investigadoras del CSIC utilizan los cercados experimentales para cuantificar la cantidad de caracol manzana que es capaz de consumir cada cangrejo. Las interacciones entre especies invasoras son un interesante campo de estudio y algo que han podido observar es que, "en las zonas invadidas, hay muchas otras especies invasoras, como mejillón cebra o almeja asiática, lo que sugiere que se benefician entre sí".

Buscar relaciones es uno de los caminos para entender el mundo desde la ciencia. Un equipo de investigación internacional liderado por la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y en el que ha participado el IPE ha desvelado lo mucho que tienen en común las enfermedades infecciosas causantes de epidemias y las invasiones biológicas. A fin de cuentas, les ayudamos bastante: el mosquito tigre viaja en coche, el mejillón cebra en barco y el SARS-CoV-2, en avión.

Poco a poco, el equipo liderado por Montserrat Vilà y Belinda Gallardo fue desentrañando similitudes, "más de las que esperábamos", reconoce la científica del IPE, que las resume diciendo que: "Ambas representan fenómenos en aumento debido a la globalización, se caracterizan por su rápida reproducción y capacidad de dispersión, proliferan en condiciones de degradación ambiental y tienen mayor impacto en comunidades con las que nunca antes estuvieron en contacto y que carecen por tanto de mecanismos de defensa".

Realmente, en un mundo globalizado, la aparición y propagación de muchos patógenos infecciosos humanos son también eventos de invasión biológica. Es el caso de virus como el del VIH, el ébola, la gripe o el SARS-CoV-2. Algunas especies invasoras contribuyen por sí mismas a la aparición y transmisión de patógenos: los mosquitos invasores son vectores de enfermedades como el dengue y la provocada por el virus del Zika, mientras que muchas mascotas exóticas pueden transmitir salmonelosis, herpes, la rabia o dermatitis.

Para Montserrat Vilà, investigadora de la Estación Biológica de Doñana y autora principal del estudio, "la urbanización acelerada en hábitats naturales hace que las especies que viven allí estén en estrecho contacto con las personas". Según Vilà, "esto brinda a los patógenos nuevas oportunidades para cambiar a su hospedador por un ser humano. También permite que las especies invasoras colonicen los hábitats naturales próximos a las áreas urbanas", apunta.

Las investigadoras también hallaron diferencias entre brotes infecciosos y de especies invasoras. "Por ejemplo, las enfermedades avanzan de forma mucho más rápida que las especies invasoras", indica Gallardo. Y llegaron a la conclusión de que la colaboración entre expertos en riesgos para la salud humana y la salud medioambiental es necesaria para avanzar en estrategias de prevención y control eficientes para abordar múltiples amenazas. Como ejemplo, pone "el uso de los datos móviles tanto para monitorear la densidad y movimiento de personas como la aparición de nuevos brotes cuando se da un aumento inusual de consultas sobre determinados síntomas (tos, fiebre, diarrea) o especie exótica". Asimismo, "nosotros tenemos una amplia experiencia en el desarrollo de modelos espaciales con los que anticipar dónde puede producirse la invasión y cómo puede influir el cambio climático; creemos que podría ser útil para especialistas en patógenos".

Qué pasará mañana

Mirar al futuro empieza por reconocer nuestras debilidades. Gallardo empieza por exponer algo que forma parte de las conclusiones de IPBES, el panel intergubernamental para la biodiversidad: "Tanto especies invasoras como enfermedades emergentes tienen una raíz común: ambas están relacionadas con la degradación medioambiental que debilita nuestras ‘defensas naturales’ e incrementa el contacto entre personas y animales, aumentando por tanto la probabilidad de salto de enfermedades". 

En segundo lugar, su expansión a gran escala "está directamente relacionada con la globalización, que permite a enfermedades y especies llegar más lejos, más rápido y en mayor número". 

Incluso en un lugar tan aislado como la Antártida hay especies invasoras. Entre ellas se encuentra Eretmoptera murphyi, un ‘mosquito sin alas’ que fue introducido en la base inglesa de Signy (en el archipiélago Orcadas del Sur), y que lleva ya casi 60 años adaptándose al medio antártico para colonizarlo progresivamente. No por su diminuto tamaño su introducción tiene poco impacto en el ecosistema antártico. Su número crece año a año y, en la actualidad, alcanza densidades de más de cientos de miles por metro cuadrado en la isla de Signy, convirtiéndose en una máquina transformadora del medio.

"El cambio climático abre nuevas vías de entrada y reduce los tiempos de transporte, permitiendo la supervivencia de especies o patógenos que normalmente no sobrevivirían al viaje"

Y, por si faltaba algo, situemos estos ingredientes –degradación medioambiental y globalización– en un escenario de cambio climático. Un fenómeno que "abre nuevas vías de entrada, reduce los tiempos de transporte, permitiendo la supervivencia de especies o patógenos que normalmente no sobrevivirían al viaje", explica Gallardo. El cambio climático también "alarga la ventana de oportunidad para el establecimiento sobre todo de especies y enfermedades típicas de ambientes templado-cálidos". En algunos casos, también disminuye la eficacia de tratamientos fitosanitarios.

Otra peligrosa retroalimentación entre cambio climático, invasiones biológicas y salud radica en que "muchas especies invasoras, como el eucalipto o el rabo de gato, son pirófitas, es decir, que aumentan la probabilidad de incendio".

¿Qué sucederá en los espacios protegidos? El cambio climático no solo podría forzar la salida de muchas especies nativas fuera de los límites de estos espacios de especial protección, sino que también podría facilitar la entrada de especies exóticas invasoras. Un estudio liderado por el IPE y publicado en 2017, en colaboración entre otros con la Universidad de Cambridge o el Zoological Society of London, hacía una estimación alarmante: con el incremento de la temperatura, las especies invasoras podrían avanzar a una velocidad media de 55 kilómetros por década, una cifra mucho mayor que la esperada para las especies nativas. Las zonas del norte y el este de Europa serán las más afectadas.

Y aunque, tanto hoy como en el futuro, los parques nacionales y las reservas naturales europeos registran menor presencia de especies invasoras y ofrecen refugio a la biodiversidad nativa, no se libran de esta amenaza. En los parques nacionales españoles "existen al menos 180 especies no nativas", señala Belinda Gallardo. De hecho, "observamos un número de especies invasoras muy superior al esperado en nuestros parques nacionales, protectores de nuestro patrimonio natural". Los peor parados son los parques marítimos de Islas Cíes o Cabrera y parques sujetos a una intensa presión humana, como Doñana o Sierra de Guadarrama. Podemos encontrar en estos parques "más de un centenar de especies exóticas, algunas de ellas reguladas por el Catálogo Nacional de Especies Exóticas Invasoras por su gravedad". 

Afortunadamente Ordesa y Monte Perdido, "gracias a su relativo aislamiento, apenas registra invasoras en su interior", señala. Preocupa, por ejemplo, el hongo quitridio, que amenaza la conservación a escala global de anfibios. Sin duda "no se debe bajar la guardia y hay que controlar la llegada, a través de los valles, de nuevas amenazas".

Eichhornia crassipes o jacinto de agua
Eichhornia crassipes o jacinto de agua
Wouter Hagens

Detección temprana y colaboración ciudadana

El 95% de las especies de peces que podemos encontrar en el río Ebro a su paso por Zaragoza son invasoras. Hallaremos siluros o alburnos, pero no madrillas autóctonas. "La comunidad de peces en Aragón es la más transformada de todas", asegura Joaquín Guerrero. A nivel ambiental, preocupa especialmente el visón americano, que amenaza la existencia de otras especies. "En la Comunidad no nos queda casi desmán y el visón europeo está en situación crítica, en peligro de extinción, por lo que se trata de evitar que el americano llegue a los ríos donde quedan, como el Queiles o el Onsella". El cangrejo autóctono subsiste "acantonado en pocos barrancos y cursos altos de los ríos, después de que el cangrejo rojo y el señal hayan ocupado su espacio". En la cuenca del Ebro, solo quedan 20 embalses libres de mejillón cebra, que tanto altera el ambiente que coloniza que se le denomina ‘ingeniero del ecosistema’.

Algunos de estos invasores también representan un riesgo para la salud humana. Belinda Gallardo menciona al "mosquito tigre, capaz de transmitir el virus del Nilo o el del Zika; plantas acuáticas invasoras como la cola de zorro o el helecho de agua, que proporcionan excelentes criaderos para estos mosquitos; el visón americano, reservorio de patógenos responsables de la toxoplasmosis y leptospirosis, además del SARS-CoV-2; el moco de roca, que provoca irritación y conjuntivitis en los bañistas; y diversas plantas invasoras como el ailanto o la falsa acacia, que causan alergias". Los invasores también pueden afectar a la salud de otros animales o plantas.

Desde el Gobierno de Aragón detectan mucha preocupación por la avispa asiática, que supone una gran amenaza para la supervivencia de las abejas. "Hay mucha colaboración ciudadana –dice Guerrero–, gente preocupada nos envía fotos, pero la mayoría no son de Vespa velutina, son aún raras en Aragón", donde no esperan que sean muy problemáticas porque les favorecen climas más atlánticos, con mayor humedad. Aunque hay que estar alerta y todos los años se retiran nidos.

"Hay que informarse al comprar una mascota y saber qué ponemos en el jardín, y también que la gente reconozca las especies problemáticas y sepa dónde avisar"

Por eso, para poder detener la expansión de esta y otras especies invasoras y erradicarlas antes de que sea muy costoso o imposible controlar su población, es tan importante la detección temprana y la prevención: "Informarse al comprar una mascota y saber qué ponemos en el jardín –destaca Guerrero–; también que la gente conozca las especies problemáticas –y que no ponga solo los ojos en las avispas que tanto asustan, sino que reconozca también un jacinto de agua– y sepa dónde avisar". Por teléfono al 976 71 40 00, por email a invasoras@aragon.es o bien en la web www.invasara.es desde el apartado ‘Colabora’.

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