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Aragón

cuenca del ebro

La almeja asiática se suma a la lista de las especies invasoras que más preocupan en Aragón

Es un molusco de agua dulce que causa problemas similares a los del mejillón cebra pero pasa más desapercibido. La CHE ha empezado a hacer sondeos en todo el Ebro para estudiar el alcance real de la plaga.

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Concentración de decenas de miles de almejas asiáticas en la Ribera Alta del Ebro.
Ismaelnatural

Llevamos muchos años oyendo hablar del mejillón cebra por los graves daños que provoca en los ecosistemas ribereños y en las infraestructuras hidráulicas, pero la almeja asiática puede llegar a ser igual de problemática y hasta ahora ha pasado mucho más desapercibida”. Así resume el secretario de la Sociedad Española de Malacología, Ramón Álvarez, lo que ha sucedido hasta ahora con este molusco de agua dulce que más de dos décadas después de su llegada a la cuenca del Ebro se ha sumado a la lista de las especies invasoras que más preocupan a la administraciones.

“El mejillón cebra se adhiere a los sustratos sólidos y por eso es más de detectar en tuberías, compuertas, boyas, embarcaderos… Sin embargo, la almeja asiática vive en el lecho de los ríos, canales y embalses, semienterrada en el barro y la arena, lo que la convierte en un animal mucho más difícil de localizar a pesar de que puede alcanzar concentraciones superiores a los 10.000 ejemplares por metro cuadrado”, destaca Álvarez. Por eso en la cuenca del Ebro no se conoce todavía el alcance real de la plaga.

“Sabemos que está ahí y que probablemente ha colonizado extensiones mucho más amplias que las que ocupa el mejillón con concentraciones aún más elevadas, pero hasta ahora nunca nos hemos puesto a buscarla de manera sistemática”, señala este experto en moluscos de agua dulce.

Para solucionar esa carencia, la Confederación Hidrográfica del Ebro ha incluido la almeja asiática en sus campañas de detección de especies invasoras. Cuando inició estos trabajos hace más de 15 años, el organismo de cuenca solo buscaba mejillón cebra. Posteriormente decidió rastrear además la presencia de caracol manzana, y desde este verano también está prospectando el eje del Ebro en busca de otro molusco bivalvo cuya concha, de forma triangular y color brillante verde o amarillo, puede alcanzar los 4 o 5 centímetros de longitud.

Como su propio nombre indica, la almeja de río asiática (‘corbicula fluminea’) es originaria del Asia meridional. No obstante, a la Península Ibérica llegó procedente de otros países europeos, probablemente a través del lastre de los barcos o del agua que transportan los pescadores o los acuarios. En Galicia fue detectada a finales de los ochenta y en el Ebro, en 1996.

Desde entonces, la almeja asiática no ha parado de expandirse por prácticamente todas las grandes cuencas hidrográficas españolas. Aunque hasta ahora nunca se han hecho prospecciones sistemáticas, en la del Ebro sí se sabe que está presente en todo el eje (desde el embalse del Ebro hasta el delta), en varios afluentes del Bajo Ebro, en cauces artificiales como el Canal Imperial o el de Tauste…

“En la comarca de la Ribera Alta hemos encontrado concentraciones de decenas de miles de ejemplares por metro cuadrado a la altura de municipios como Alcalá de Ebro o Luceni”, explica el naturalista Ismael Sanz, que hace años que documenta la presencia de este animal invasor y que se muestra tremendamente preocupado por el impacto que la almeja asiática está teniendo en las escasas colonias de la margaritífera auricularia, otro molusco bivalvo, esta vez autóctono, que solo vive en el Ebro y que se encuentra en peligro extremo de extinción.

“A la almeja asiática le gustan los mismos hábitats que a la margaritífera y a otras náyades del Ebro, pero las concentraciones de almeja asiática son tan enormes que acaban con las especies autóctonas dejándoles sin espacio y sin alimento”, explica Sanz. Además, la Sociedad Española de Malacología está investigando la posibilidad de que la ‘curbicula fluminea’ transmita a las demás náyades algún patógeno que acabe con ellas.

“La realidad es que la margaritífera auricularia está sufriendo una tremenda mortalidad, pero los daños no acaban ahí: la almeja asiática filtra tal cantidad de agua que es capaz de reducir la cantidad de alimento en suspensión y hacer que el río sea mucho más transparente, lo que a su vez cambia la cadena trófica afectando a todos los animales implicados: invertebrados, peces, anfibios, aves...”, explica Sanz. “Además, al reducir la turbidez del agua favorece la proliferación de algas macrófitas y, con ellas, la expansión de la mosca negra”.

A esos problemas ambientales se suman los daños económicos que puede provocar la acumulación de cientos de miles de almejas asiáticas en canales, acequias y otras infraestructuras hidráulicas. “Los regantes están cada vez más preocupados, porque además la única forma de combatir a esta especie es la retirada con medios mecánicos, pero en realidad lo máximo que se puede conseguir el frenar su avance. Hoy por hoy no hay ningún método que permita acabar con la almeja asiática sin dañar al resto de animales y plantas presentes en los ríos”, advierte Álvarez.

Los sondeos que está realizando la Confederación Hidrográfica del Ebro para estudiar la propagación de la almeja asiática comenzaron en junio y continuarán a lo largo de este mes de julio, aprovechando los bajos caudales propios del estiaje. Los trabajos se desarrollan desde el embalse del Ebro hasta Tortosa, e incluyen la delimitación de 20 estaciones de muestreo a lo largo de todo el eje de la cuenca en las que se prospectará si la especie está presente y con qué intensidad.

Es la primera vez que se rastrea toda la cuenca del Ebro en busca de almeja asiática” destacan fuentes de la CHE. “Aunque la Confederación no es la administración competente en el control de las especies invasoras, esta nueva línea de trabajo ahonda en la línea de colaboración con el resto de instituciones”.

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