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Sociedad

Gastronomía

Educación emocional para familias

Cocinar con tus hijos (I). Todo son ventajas

Es sorprendente cómo actividades tan sencillas y propias de nuestro día a día como cocinar estimulan y favorecen funciones cognitivas más complejas y tan importantes en el desarrollo de los niños.

Cocinar favorece la atención y concentración de los pequeños
Cocinar favorece la atención y concentración de los pequeños
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La cocina siempre ha sido un mundo lleno de aprendizajes y vivencias, que ha pasado un poco desapercibido para los más pequeños. Aunque, dadas las actuales circunstancias, ha adoptado un papel contrario, convirtiéndose en punto de unión de muchas familias, de padres y madres que, al pasar más tiempo en casa, han podido conocer mejor a su hijos y compartir con ellos momentos agradables entre fogones. Esos sabores, fruto del esfuerzo, del trabajo en equipo y de la unión familiar son bonitos recuerdos que, en un futuro, acompañarán a los niños en su vida adulta, así como una fuente de aprendizaje y desarrollo en estas edades. Nuestra sociedad está demasiado marcada por las nuevas tecnologías, el sedentarismo, la realidad virtual... y queremos hacer un guiño a estas actividades de toda la vida, como la cocina, con la que se estimulan y desarrollan aspectos evolutivos y aprendizajes como los estos:

• Funciones ejecutivas: es sorprendente cómo actividades tan sencillas y propias de nuestro día a día como cocinar estimulan y favorecen funciones cognitivas más complejas y tan importantes en el desarrollo de los niños como son la organización de acciones, la planificación de nuestro pensamiento y de la propia acción y la toma de decisiones, a la hora de realizar una actividad concentra, como puede ser una receta, en la que los imprevistos tampoco pasan desapercibidos y a los que hay que dar respuesta, si no queremos quedarnos sin merienda.

• Favorece la atención y concentración: seguir la receta, observar la cocción y no perder el hilo del proceso de elaboración son estrategias que estimulan el nivel de atención y concentración en una tarea de una forma sencilla, divertida y dinámica, que nos ayuda a mantener esos periodos atencionales en otro tipo de actividades más curriculares y didácticas.

• Estimula la competencia lógico matemática: con media docena de paciencia, tres cuartos de kilo de entusiasmo, un sobre de amor, dos litros de cariño y tres cucharadas de ternura, tenemos una receta maravillosa para aprender y repasar conceptos matemáticos, que nos van a acompañar a lo largo de nuestra vida para enfrentarnos a tareas cotidianas y de nuestro día a día, como hacer la compra o sacar nuestro lado más ‘cocinillas’ en los fogones.

• Motricidad fina: batir, amasar, moldear, cortar, trasvasar, decorar y espolvorear son acciones propias del mundo de la cocina y que son una fuente de estimulación motriz para los pequeños ya que ponen en marcha todas sus articulaciones y movimientos precisos para darle forma y sabor a esos alimentos. Estos movimientos son una base firme, sobre todo en edades tempranas, para la adquisición de acciones motrices de mayor precisión como la escritura.

Por: Ana Rojo de la Vega / Ester Motos Guerra. Maestras y psicopedagogas de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía

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