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Sociedad

Tercer Milenio

Entrevista

Iraide Ibarretxe: "Las metáforas bélicas de la covid perjudican la cohesión social"

Investiga sobre la relación entre lenguaje, cognición y comunicación y forma parte de la iniciativa colectiva #ReframeCovid, que busca superar el marco lingüístico bélico al hablar del coronavirus. Iraide Ibarretxe-Antuñano (Bilbao, 1972) es catedrática de Lingüística General de la Universidad de Zaragoza y miembro electo de la Academia Europea de las Humanidades, las Letras y las Ciencias.

Iraide Ibarretxe-Antuñano (Bilbao, 1972) es catedrática de Lingüística General de la Universidad de Zaragoza
Iraide Ibarretxe-Antuñano (Bilbao, 1972) es catedrática de Lingüística General de la Universidad de Zaragoza
I. I. A.

La lucha contra la pandemia, combatir y derrotar al coronavirus, sanitarios en primera línea, armas frente al SARS-CoV-2 ¿Por qué nos da por lo bélico?

Porque las metáforas bélicas son útiles y bastante efectivas para referirnos a situaciones como la que se desató al principio de la pandemia. Hay un virus, el enemigo, del cual desconocemos casi todo, salvo que nos hace daño y que para pararlo tenemos todos que colaborar. Este tipo de metáforas son muy efectivas a la hora de arengar a la gente a movilizarse por un bien común, ya sea la lucha contra un virus o contra cualquier elemento que se conceptualice como un enemigo (la corrupción, la sequía, los exámenes, etc.). Más o menos todos sabemos en qué consiste una guerra y utilizamos ese conocimiento compartido para hablar de una experiencia que se nos antoja similar en algunos aspectos..

Pero son un arma de doble filo.

Una guerra va más allá de esos primeros momentos de acción ante un enemigo común; en el mismo paquete se incluye todo el bagaje emocional (desmotivación, tristeza, miedo, frustración...). Hay que tener en cuenta que, en situaciones como las de la covid, que no se solucionan en poco tiempo, que en vez de llamar a la acción te obligan a estar en casa, que carecen aún de un ‘arma’, es decir, una cura, las metáforas bélicas pierden su efectividad y pueden llegar a ser contraproducentes.

¿De qué modo?

Reducir a un solo marco conceptual, el de la guerra, toda una situación compleja en la que intervienen diferentes agentes, sensibilidades y necesidades empieza a perfilar todos esos aspectos negativos de una situación bélica... la desesperación, la frustración, el egoísmo del ‘sálvese quien pueda’, el no poder ser neutral y tener que tomar partido por un bando o por otro..., que están diametralmente opuestos a la cohesión social necesaria para sobrellevar una pandemia de larga duración como la de la covid. Si no recuerdo mal, el momento en el que empezaron a oírse algunas críticas sobre el abuso de las metáforas bélicas en el discurso de algunos políticos coincidió con los llamados ‘policías de ventana’ o ‘balconazis’, que lejos de ofrecer empatía asumían un papel verbalmente violento con las personas que veían por la calle. No sé si este tipo de actitudes podrían haberse evitado si hubiera habido una mayor diversidad de marcos conceptuales más allá del de la guerra..., pero creo que, después de la etapa bélica, se empezaron a usar otro tipo de ‘mensajes’ en los que se captaba mejor esa cohesión social tan crucial en un momento en el que no se necesitan mártires sino ciudadanos que, por un bien común, eran capaces de ir todos a una para ‘frenar la curva’ o para ‘parar el virus’ y ‘salir más fuertes’.

Forma parte de la iniciativa #ReframeCovid. ¿En qué consiste?

Surgió de forma espontánea en Twitter a finales de marzo para promover el uso de maneras de hablar sobre la pandemia sin tener que utilizar el marco bélico. El objetivo nunca ha sido juzgar o dar lecciones de cómo hablar sobre la pandemia, sino hacer reflexionar sobre los efectos y las consecuencias emocionales del uso y/o abuso de una determinada metáfora. Al principio empezamos unas cuantas colegas a proponer alternativas, luego se creó el hashtag y personas de todas partes empezaron a tuitear ejemplos que pasaron a recopilarse en un documento en abierto. Cuenta con más de 450 ejemplos de unas 24 lenguas diferentes y a día de hoy se puede usar y contribuir.

Fue impulsada por un grupo de lingüistas cognitivas de las universidades de La Rioja, Zaragoza, Valladolid, Navarra y Valencia, pero también de Lancaster y Columbia. ¿Somos muy diferentes creando metáforas según el país?

Bueno, como buena lingüista cognitiva y tipóloga, te diría que la respuesta, aunque no lo parezca, no es fácil y no se puede decir solo 'sí' o 'no'. La razón es simple: cuando hablamos de metáfora no estamos tratando solo con estructuras lingüísticas, palabras, si se quiere, sino con los conceptos que subyacen a esas palabras. Y, para poder interpretarlos adecuadamente, necesitamos conocer no solo quién, para quién, dónde y cuándo se dicen sino, además, cuál es el contexto y el conocimiento sociocultural compartido de los hablantes. Por eso, por un lado, si miramos algunas de las metáforas que se han empleado para hablar del coronavirus como, por ejemplo, las bélicas, las de fenómenos naturales o las deportivas, vemos que hay coincidencias y que se usan en distintos países, mayoritariamente occidentales en los datos #ReframeCovid, de maneras similares. Es común encontrarse con expresiones metafóricas en diferentes lenguas en las que el virus es un 'enemigo' al que hay que 'vencer', que se ha expandido como un 'tsunami' y en las que la búsqueda de una vacuna es una 'carrera de fondo'. Sin embargo, no hay que perder de vista que tanto su interpretación como las emociones que nos evocan pueden no ser las mismas ya que dependen del conocimiento sociocultural de los hablantes. Por ejemplo, aunque las metáforas bélicas se han usado en muchos países, las connotaciones que pueden transmitir pueden no ser las mismas si se están usando estas metáforas en un país belicista o en un país pacifista. Del mismo modo, aunque todos hemos visto en qué consiste un tsunami, las sensaciones que produce el compararlo con la pandemia no serán las mismas para alguien que haya sobrevivido a este tipo de fenómeno natural. Por otro lado, también hay metáforas que solamente se pueden entender si se cuenta con el conocimiento apropiado. Por ejemplo, se me ocurren todas las relacionadas con San Jorge, el dragón y el día del libro, aquí en Aragón.

Tenemos algún ejemplo aragonés...

La iniciativa de la Comisión Permanente del Libro de Zaragoza con la lona en el Miguel Servet (‘Este año, todos somos San Jorge luchando contra el virus’) o la campaña de Ámbar (‘Con este ‘Dragón’ también podremos’). Si no estamos al tanto de la importancia de San Jorge para Aragón, de la relación de San Jorge con los libros y de que Ámbar es una empresa aragonesa, este tipo de iniciativas no funcionarían. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que las metáforas están basadas en nuestro conocimiento y en la experiencia del mundo que nos rodea, y este conocimiento es crucial tanto para crearlas como para interpretarlas.

¿Y qué otras metáforas se han detectado como alternativa a las bélicas?

Hay muchas; algunas son las típicas que surgen en este tipo de situaciones difíciles como, por ejemplo, las relacionadas con los fenómenos o catástrofes naturales como tsunamis, avalanchas o huracanes, con los viajes en los que se suben montañas, se va en el mismo barco o se toma el último tren y con los deportes como el fútbol, que funciona muy bien en cualquier lengua, o como algunos muy específicos a ciertos países, como el cricket. En el documento en abierto de la iniciativa #ReframeCovid se pueden encontrar muchos casos de estos tipos convencionales pero también algunos más creativos como, por ejemplo, comparar el contagio como una caja de cerillas, el virus con un meteorito que va a destruir la tierra o la propia situación pandémica con una partida de ajedrez. Ahora bien, insisto en un aspecto muy importante de la metáfora: no hay una única metáfora para conceptualizar todos los aspectos de la pandemia. En un estudio reciente basado en la colección de datos #ReframeCovid, hemos visto que, por ejemplo, las metáforas sobre deportes en grupo (fútbol) suelen usarse para enfatizar el esfuerzo colectivo, mientras que los deportes como las carreras de atletismo (maratón) se emplean para conceptualizar la creación de la cura. Las metáforas de fenómenos naturales se prefieren para hablar de las consecuencias negativas y para asignar responsabilidades. Los monstruos, alienígenas y animales depredadores se dejan para personificar al virus como un ser vivo que aúna tanto lo desconocido como lo aterrador.

¿Su metáfora covid preferida?

La que utiliza la brillantina para hablar de la existencia y expansión del virus: da igual lo cuidadoso que uno sea cuando se manipula o se está cerca de algo que tenga brillantina, al final, hay brillantina por todas partes, incluso en los sitios más insospechados. Me gusta mucho por lo creativa que es y por cómo es capaz de utilizar un concepto que normalmente se considera positivo de manera negativa. La brillantina suele ser algo alegre que se utiliza para dar viveza y que, yo al menos, suelo relacionar con los disfraces o los trabajos manuales de los peques. Sin embargo, en este uso en particular se seleccionan los aspectos negativos de usar brillantina que estoy segura de que todos hemos experimentado alguna vez.

¿Qué implicaciones tiene llamar héroes y heroínas al personal sanitario?

Creo que en general se está poniendo, a veces sin quererlo, una gran presión sobre los sanitarios, que, no hay que olvidar, son personas como nosotros. La etiqueta de 'héroe' es cierto que perfila ese arrojo y sacrificio, por el cual les estamos agradecidos y por el que se empezó a salir a aplaudirles a los balcones a las ocho de la tarde. En una situación tan complicada, los sanitarios no se podían quedar en casa, sino que tenían que seguir trabajando en un entorno peligroso y con medios reducidos para cuidar a todos los enfermos. Sin embargo, esta misma etiqueta de 'héroe' olvida, quizás, la parte más humana de estos profesionales. Esta etiqueta me parece que los 'deshumaniza' porque no solo les estamos diciendo que dependemos de ellos para que nos 'salven', con la presión que eso supone, sino que además se les está exigiendo que sean duros, que oculten sus sentimientos y que no sientan miedo, tristeza o frustración ante una situación tan complicada en la que, en muchos casos, simplemente, no se puede hacer más. Me da la impresión de que muchos de estos sanitarios preferirían ser tratados siempre, no solo en estos momentos, como buenos profesionales y de que más que recibir alabanzas como héroes y heroínas preferirían compartir abrazos como personas. 

¿Qué tal se están expresando los políticos frente a la pandemia?

Quizás más que juzgar si se están expresando bien o mal sería interesante señalar el tipo de expresiones que están usando, las razones de estas elecciones y el efecto que surten en los ciudadanos. Por ejemplo, casi todos los dirigentes, y aquí me refiero a hombres, empezando por Macron, siguiendo por Sánchez y terminando con Johnson, Trump o Bolsonaro, por mencionar a algunos, se lanzaron casi sin pensarlo a las metáforas bélicas y siguieron una y otra vez. No solo estuvimos al inicio de la 'guerra', sino que se 'luchó en el frente' e incluso se llegó a entrar en la 'posguerra'... Sin embargo, este uso belicista del lenguaje no fue adoptado por otros dirigentes, especialmente mujeres, como Merkel, Tsai o Ardern que apostaron más por unas expresiones que abogaban por la empatía, la protección y la colaboración. En un artículo reciente leía que los ciudadanos percibían que esta forma de actuar era mucho más efectiva que la de los dirigentes 'bélicos' que daban la sensación de ser kamikazes autoritarios. No sé si los políticos son verdaderamente conscientes del poder y el impacto directo que tienen sus discursos públicos y, por lo tanto, las expresiones que usan, en las percepciones y las valoraciones de los ciudadanos. Al mismo tiempo, tampoco estoy segura de si los ciudadanos nos damos cuenta del alcance de algunas de sus expresiones como, por ejemplo, llamar 'cuarentena' y 'confinamiento' al periodo de inactividad y aislamiento que hemos tenido que pasar los ciudadanos pero referirse a ese mismo periodo como 'hibernación' en contextos económicos. En parte, la iniciativa #ReframeCovid  tiene también como objetivo despertar esa conciencia crítica para que no nos pasen desapercibidos estos matices y para que seamos capaces de interpretarlos adecuadamente.

La manera en que contemos esto hoy será la manera en que lo recordaremos.

Buena conclusión, porque, al final del día, lo que nos queda no es lo que realmente pasó sino cómo nos lo han contado y, por ende, cómo lo recordamos. Y, para contarlo y recordarlo, me temo que, de momento, el recurso universal inmediato, más valioso, efectivo y cercano que tenemos es el lenguaje.

Contribuir, también desde la lingüística

Muchas investigaciones se han reorientado hacia la covid-19, pero ¿incluso la lingüística? Iraide Ibarretxe asegura que, "en tiempos de crisis como en los que estamos viviendo es importante que los investigadores de cualquier especialidad contribuyamos en todo lo que se pueda". Y ya que la lingüística estudia el lenguaje, "tiene mucho que decir sobre cómo se conceptualiza una pandemia de estas características, cómo se refleja en el lenguaje y cómo afecta a la comunicación". Se le ocurren muchos ejemplos: "Puede mostrar desde qué tipos de expresiones se utilizan para codificar todo lo relacionado con la pandemia y qué tipo de pensamientos, ideas y posiciones se esconden tras esas expresiones hasta las consecuencias que tiene el uso de las mascarillas que impiden la percepción visual y, por lo tanto, dificultan tanto el procesamiento del lenguaje como la comunicación". Además, añade que "la investigación lingüística puede también identificar qué tipo de expresiones son más efectivas en distintas comunidades de hablantes y cuáles pueden ser sus reacciones ante ciertos tipos de discurso para después emplear estos resultados en campos tan diversos como la publicidad o la atención psicológica".

Su ámbito es la lingüística cognitiva, que "es un modelo lingüístico que parte de la idea de que el lenguaje es un fenómeno bi-cultural, es decir, que hay una parte que es innata, con la que se nace, pero que no se puede desarrollar sin tener en cuenta el contexto tanto social como cultural de sus hablantes". Explica que "quizás se diferencia también de otros modelos en que no se da tanta prominencia a la sintaxis, sino al concepto, al significado en el sentido más amplio, y en que postula que todo elemento lingüístico, desde un sonido hasta una estructura compleja, es portadora de significado".

Su investigación se centra en la relación que existe entre el lenguaje y la cognición y la comunicación desde una perspectiva tipológica y psicolingüística. "Esto 'traducido' quiere decir que estudio qué relaciones hay entre la capacidad que tenemos los seres humanos de comunicarnos a través de unos recursos lingüísticos multimodales (palabras, gestos) y las capacidades cognitivas que poseemos y que desarrollamos en un entorno sociocultural específico desde que nacemos y a lo largo de nuestra vida, en una o varias lenguas diferentes". Uno de sus temas favoritos es la motivación del lenguaje, es decir, "buscar respuestas para preguntas como, por ejemplo, cuáles son las razones por las que las palabras desarrollan ciertos significados y no otros, o si la lengua que uno habla ejerce algún tipo de influencia sobre el hablante para que, a la hora de comunicarse, se fije más en unos aspectos u otros". 

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