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Sociedad

Tercer Milenio

Experimenten

¿Hablar por los codos o hablar con los codos?

Todos gesticulamos al hablar, pero ¿por qué lo hacemos?

Algunos gesticulamos más que otros al hablar
Algunos gesticulamos más que otros al hablar
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¿Eres de esas personas que hablan por los codos?, ¿y/o de las que gesticulan mucho al hablar?

  • Grábate (solo el audio) contando un chiste, interpretando un diálogo de una película, declamando un fragmento literario o, simplemente, leyendo una noticia del periódico. Y vuelve a grabarte repitiendo el mismo discurso, pero ahora manteniendo las manos en los bolsillos en todo momento mientras lo pronuncias.

Escucha ambas grabaciones: ¿aprecias alguna diferencia?, ¿te suenan distintas? Pónselas a un conocido/familiar y formúlale esas preguntas. ¿Hay alguna en la que le suenes menos 'tú mismo'?, ¿que suenes más afectado, falso, fingido o forzado?
  • Grábate, esta vez en vídeo, interpretando una canción a pleno pulmón, desatado. Y a continuación vuelve a grabarte interpretando el mismo tema con la misma pasión pero, de nuevo, con las manos en los bolsillos en todo momento.

Escucha ambas grabaciones (solo escucha): ¿suenan diferentes?, ¿y cuál suena mejor?
Ponle las dos grabaciones a un conocido/familiar (de nuevo, que solo las escuche): ¿cuál les suena mejor, más auténtica?
Y ahora el más difícil todavía. Ponle otra vez la grabación 'desatada' y pídele que intente seguir el ritmo con los brazos: ¿coinciden sus movimientos con tu coreografía?

No hay ninguna duda de que todas las personas gesticulamos al hablar (algunos más que otros; más vehementemente o menos). Pero, ¿por qué lo hacemos? La hipótesis más extendida es que gesticulamos para enfatizar/puntualizar/reforzar una idea, un concepto, una opinión. Una suerte de puntuación gestual. Por lo que se trataría de una forma de comunicación eminentemente visual llamada a complementar a la auditiva.

Pero, recientemente, investigadores de la Universidad de Connecticut han planteado una hipótesis alternativa: que nuestros gestos alteren y contribuyan a la acústica del discurso; atendiendo a que al mover los brazos, al separarlos o juntarlos, al subirlos o bajarlos, modificamos la forma y amplitud de nuestra cavidad torácica, de los pulmones y de los músculos que contribuyen a la vocalización. Una hipótesis que han testado experimentalmente. Y uno de los aspectos más destacados del experimento efectuado fue constatar que el oyente reproducía en gran medida los movimientos de los brazos del intérprete cuando se le solicitaba que siguiese con ellos el ritmo de la grabación. ¿Has observado tú lo mismo en este Experimenten?

Esta sección se realiza con la colaboración del Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, coordinado por la Fundación Ibercivis

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