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Sociedad

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Nace Ainielle en la España despoblada en plena pandemia de coronavirus

Julio Llamazares celebra que haya venido al mundo esta niña que crecerá en Pobar, un pequeño pueblo de las Tierra Altas sorianas, en una familia de pastores. 

Ainielle, nada más nacer el pasado sábado en el hospital Santa Bárbara de Soria
Ainielle, nada más nacer el pasado sábado en el hospital Santa Bárbara de Soria
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Se llama Ainielle y ha venido al mundo en la España despoblada en un tiempo de pandemia en el que ni se nace ni se muere igual que antes. La hija de la aragonesa Lorena Genzor y el riojano Jesús Rodríguez, ambos ganaderos, vino al mundo este sábado, 25 de abril, en el hospital Santa Bárbara de Soria, a 25 kilómetros de Pobar, el pueblo en el que vive su familia. Apenas 24 horas después de ver la luz, madre e hija han regresado a su casa en esta población casi tan deshabitada como la que da nombre a la pequeña y donde transcurre ‘La Lluvia amarilla’, cuya lectura marcó a Lorena y a varias generaciones.

Ainielle ha nacido año y medio después que su hermano Manaslu, el primer niño que está creciendo en los últimos cincuenta años en esta localidad de las Tierras Altas sorianas.

El confinamiento obligado ha impedido que los abuelos, que residen en Logroño y Zaragoza, acudieran a Pobar ante el acontecimiento. Pero la familia está saliendo adelante arropada, dentro de los límites que marca el estado de alarma, por los escasos habitantes de la población, en especial por la “segunda madre” de Lorena, Mari Paz.

La vida en aislamiento en un pueblo tan pequeño como Pobar, sin panadería ni ninguna otra tienda, ni apenas gente para socializar, no es muy distinta de la que se lleva sin virus al acecho. Al inicio de la emergencia sanitaria, la Mancomunidad de Tierras Altas puso en marcha un servicio por el que empleados protegidos e identificados llevan a los pueblos de forma segura la compra que se ha pedido previamente por teléfono o vía Whtassapp. Esta iniciativa evita algunos viajes a Soria a abastecerse de comida.

Tampoco deja de requerir asistencia diaria el ganado, sea miércoles, domingo o fiesta de guardar. Jesús y Lorena sumaron en torno a un millar de cabezas cuando decidieron formar una familia y juntar el rebaño que llevaba él en Ribafrecha (La Rioja) con el que pastoreaba ella en Pobar desde que llegó en 2012. Como buena parte de los sectores económicos de todo el país, el ovino también se ha visto afectado por la pandemia. Los precios de los corderos han caído en picado porque la demanda de su carne ha bajado, lo que repercute en pequeñas explotaciones ganaderas como la que regenta la joven pareja. 

Lorena Genzor y su hijo Manaslu, en una excursión de hace unos meses al castillo de Acher, en el valle de Hecho
Lorena Genzor y su hijo Manaslu, en una excursión de hace unos meses al castillo de Acher, en el valle de Hecho
 

La premonición de Julio Llamazares: O la guerra o la pandemia

“¡Por fin una buena noticia!”, exclama el escritor Julio Llamazares al otro lado del teléfono al enterarse de que ha nacido una niña en la España deshabitada, y que llevará por nombre el del pueblo abandonado del Pirineo aragonés que eligió para escenificar el monólogo de su último habitante. Explica que hace apenas un par de meses, a finales de febrero, se le acercó un joven gallego en el aeropuerto para decirle que había trabajado un tiempo en el Pirineo oscense y se llevó tan buen recuerdo que decidió llamar a su hija Ainielle. Una decena de niñas llevan ese nombre, apunta Llamazares citando a Enrique Satué y su libro ‘Ainielle. La memoria amarilla’, que recoge el encuentro de sus antiguos habitantes entre sus ruinas que se celebra desde 1995. “Espero que cuando crezcan no me culpen a mí de su nombre”, bromea el escritor leonés.

Un paisaje de Pobar y el río Vadillo, afluente del Alhama, que nace junto a su término, en abril de 2019
Un paisaje de Pobar y el río Vadillo, afluente del Alhama, que nace junto a su término, en abril de 2019
N. C.

Cuenta Julio Llamazares una anécdota, en cierto modo premonitoria, que sucedía en los últimos foros a los que solían invitarle para disertar sobre la España vacía o vaciada. Explicaba su escepticismo sobre la capacidad de los escritores para generar algún cambio en las dos Españas tan opuestas desde el punto de vista de su población. Así que al final de su discurso recurría a una sentencia exagerada: “Esto solo lo arregla una guerra mundial o una pandemia”. Y, mira por dónde, ha venido la emergencia sanitaria del coronavirus a recordarnos las virtudes de la vida sencilla en el pueblo frente al encierro en un piso con vistas al patio interior. Quién sabe si este mal propiciará que muchas personas se replanteen su porvenir y los pequeños pueblos vuelvan a llenarse de vida con niños como Manaslu y Ainielle. 

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