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Nace Manaslu, un rayo de luz en la España vacía

Su madre, Lorena Genzor, zaragozana del Arrabal, y su padre, Jesús Rodríguez, riojano de Ribafrecha, son pastores y han decidido formar un hogar en la localidad soriana de Pobar, donde hace medio siglo que no nacen niños.

Nace Manaslu, bebé de la España vacía, hijo de los pastores de Pobar Lorena Genzor y Jesús Rodríguez.
Nace Manaslu, bebé de la España vacía, hijo de los pastores de Pobar Lorena Genzor y Jesús Rodríguez.
Heraldo.es

De ser niña se habría llamado Ainielle, en homenaje al pueblo de ‘La lluvia amarilla’, un libro que cautivó a su madre, Lorena Genzor Pereiro (31 años). Como ha sido niño su nombre es Manaslu, como la cumbre del Himalaya. Y vivirá en Pobar, en la vertiente soriana del Moncayo, a 1.200 metros de altitud. Allí, junto al nacimiento del río Alhama, es donde sus padres han decidido echar raíces dedicándose al pastoreo.

Los lectores de Heraldo de Aragón tal vez recuerden a Lorena,  la joven zaragozana nacida en el barrio del Arrabal que un buen día recaló en Pobar y decidió poner allí en práctica sus conocimientos de ganadería para ganarse la vida. Eso fue hace seis años, y en este tiempo ha conocido a otro pastor, el riojano Jesús Rodríguez. ¿Quién dice que los grupos de Whatsapp los carga el diablo? En su caso, lo cargó Cupido. Fue uno de estos grupos creado para poner en contacto a todos los pastores del país lo que hizo que se conocieran.

Los esporádicos encuentros de pastores (sin oveja muerta) dieron lugar a una relación más profunda. Entre el pueblo de Jesús, Ribafrecha, y Pobar surgió el flechazo. Ambos juntaron sus vidas y sus rebaños, unas 1.200 cabezas, y acaban de ser padres. Ya tienen zagal.

Manaslu vino al mundo este lunes de madrugada. La tarde anterior, cuando en su tierra natal concluían las Fiestas del Pilar, Lorena rompió aguas en Pobar. Por suerte, se cumplieron los deseos que expresaba su madre, Dolores, apenas tres días antes: “Que nazca durante el puente, que estoy yo para atenderla, porque el lunes me tengo que ir a trabajar a Zaragoza”. Y pronto y bien mandado, Manaslu hizo caso a su abuela, quien llevó a Lorena al hospital a la capital soriana, situada a 25 kilómetros, y apenas unas horas después, a las dos de la madrugada, vino al mundo fuerte y sano.

Pobar es un reducto de la España vacía que acuñó Sergio del Molino. Hace medio siglo que no nacen ni viven niños en el pueblo. Apenas tres o cuatro casas permanecen abiertas en el crudo invierno. Una familia se dedica a la apicultura y vende miel de flores, propóleos y otros frutos de la abeja de alabada calidad. Durante los fines de semana, en verano y en puentes como el pasado del Pilar, la localidad revive con la visita de sus descendientes, que cuidan de sus casas, la iglesia, la antigua escuela que permanece cerrada desde hace 34 años,  los huertos, el bar y la sede de la Asociación Pobar en Marcha.

No es, por tanto, un pueblo abandonado, pero sí uno de los que se ha vaciado por el fenómeno de la emigración desde los años 60, cuando sus vecinos empezaron a hacer las maletas y pusieron rumbo a Madrid, Barcelona, Bilbao o Zaragoza. Porque la tierra no daba para alimentar tantas bocas y, como escribió Avelino Hernández en su libro 'La Sierra del Alba', a la que pertenece Pobar, "en las noches de invierno se oyen sollozos. Es la sierra que llora por no haber podido alimentar a sus hijos".

Lorena y Jesús han hecho el camino a la inversa. Ambos tienen estudios y han elegido vivir en el campo, alejados de la masificación. Una vida sencilla, sin grandes bienes materiales a su alrededor. “¡Cuánto consumismo!”, se sorprendía quejosa Lorena este viernes pasado al hacer recuento de la cantidad de objetos que ya acumulaba su bebé antes de nacer. Su apuesta por vivir en el campo, entregada a la profesión que ama, llegó hasta las últimas horas antes del parto. “Este niño va a nacer en Sancho García, los Rabales o el Cerro Gordo”, bromeaba Mari Paz, una pobareña a quien Lorena considera su segunda madre porque se preocupa por ella desde que llegó al pueblo. En cualquier paraje donde pastan las ovejas podía haber venido al mundo el bebé. Porque Lorena no ha parado de trabajar ni después de salir de cuentas, el pasado día del Pilar. “Qué bien, ya han parido todas las ovejas, ahora me toca a mí”, reía. Dicho y hecho. El padre de la criatura, Jesús, que tampoco anda escaso de sentido del humor, cuenta que hace poco se la encontró en el suelo ayudando a parir a una oveja. “Estaban las dos madres en tal posición que no se sabía muy bien cuál estaba de parto”.

Lorena, hace unos días, después de ayudar a una oveja en el parto de su cordero. Foto: Jesús Rodríguez.

El amor de Lorena por la naturaleza, el campo y su oficio se vio premiado hace unos meses.  El pasado 3 de junio, la Unión de Productores de Rasa Aragonesa (UPRA) y Oviaragón del Grupo Pastores le entregó el primer accésit del Premio a la Biodiversidad 2018, que recogió en Puente La Reina (Huesca).

Y es que se desde que llegó a Pobar se propuso que su ganado estaría formado mayoritariamente por la raza Roya Bilbilitana, la oveja negra de Celtiberia, muy apreciada por su carne. Y vaya si lo ha conseguido.

Manaslu Genzor Rodríguez (sus padres han acordado que lleve primero el apellido de Lorena) crecerá en un mundo en vías de extinción, con dificultades pero no tanto como hace medio siglo, cuando no había agua corriente en las casas, ni teléfono, ni estaban las calles asfaltadas... Tendrá que desplazarse a otro pueblo para ir al colegio, salvo que de aquí a que le toque la escolarización obligatoria lleguen más familias al pueblo y se reabra la escuela. Todo es posible. Tal vez sea un rayo de luz que anime a futuras parejas a formar un hogar alejadas del mundanal ruido.

Y quién sabe si Julio Llamazares, que conoce y le gusta Pobar, escribirá un día un libro optimista sobre la España interior que se abre paso en el desierto demográfico titulado 'Manaslu'.

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