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El estremecedor relato de "un policía cualquiera" en un hilo de Twitter

El agente ha contado cómo acudió a la llamada de la directora de un colegio porque había una mujer merodeando en torno al patio y lo que ocurrió después. 

Perfil de "Un policía cualquiera" en Twitter
Perfil de "Un policía cualquiera" en Twitter
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Hay veces que los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado se topan con situaciones conmovedoras. Ocurrió en noviembre pasado, cuando agentes de la Policía Local de la localizada zaragozana de Cuarte de Huerva asistieron a una anciana de 89 años y discapacitada. Estaba sufriendo un brote de demencia, pero les llamó la atención que estuviera sola en semejante estado en el que se la encontraron. El olfato de estos agentes, al intuir que detrás de esta situación podría encontrarse un acto delictivo, permitió que dieran la voz de alarma. Gracias a ello, la Guardia Civil detuvo a una mujer por estafar a la anciana, a la que vendió su piso en Zaragoza capital, se apropió de 58.000 euros y trasladó a vivir de alquiler a Cuarte, según se ha sabido esta semana.

Otras veces, la actuación policial no guarda relación con un hecho delictivo, pero también interviene la humanidad del agente para acercarse a personas que sufren. Es lo que le ha ocurrido a un policía nacional que tiene una cuenta en Twitter denominada Un policia cualquiera. Narra en esta red social, según dice en su perfil, "vivencias de un policía nacional de la Oficina de Denuncias y Atención al Ciudadano. Anteriormente, en un Grupo Operativo de Respuesta". Este es su estremecedor relato: 

"Entra llamada de Sala: “…acudan al colegio XXX, llama la directora, al parecer hay una mujer observando a los niños y ya lleva varios días haciendo lo mismo…”. Por desgracia, hoy en día, este tipo de llamadas se dan con mucha frecuencia.  

Cuando llegamos nos entrevistamos con la requirente. Nos señala a una mujer. La miro. Ella, aún con nuestra presencia, no deja de observar a los niños. Es raro, ya que una persona con malas intenciones, en cuanto ve a la Policía, o sale corriendo o te cuenta una excusa. Pero este no es el caso.

Y algo raro también que en este tipo de hechos sea una mujer.

Me perdonarán los defensores de uno u otro género, pero este tipo de cosas (el delito en cuestión que no hace falta nombrar) suelen ser hombres. Hay excepciones claro está, pero hablo desde mi experiencia.

Mientras mi compañero se queda hablando con la directora, yo voy a hablar con la mujer. Tendrá unos 60 años. Tiene algo en la mirada que me hace sospechar. En esos momentos no sé qué era, pero yo notaba algo.

- Hola, señora. ¿Cómo está? ¿Tiene algún nieto en este colegio?

- No, nieto no. Mi hijo. Pero no lo veo.

Confirmo mis sospechas de que algo pasa. ¿Una mujer de 60 diciendo que tiene un hijo jugando en ese patio? Podría ser, porqué no, pero la edad de los niños ronda los 5 años.

Me puede dejar su documentación por favor.

Paso los datos a Sala. Espero. La mujer no deja de mirar el patio buscando con su mirada a su “hijo”.

- No tiene nada pendiente compañero – me dice el compañero de Sala - Pero póngase a la espera que voy a consultar unas cosas.

Sigo esperando. Pienso que el compañero de Sala es de los buenos. De esos que, sin pedirle nada, te facilita tu trabajo consultando y haciendo gestiones que, en la calle, te pueden venir muy bien.

A los pocos segundos, me informan de Sala:

- … sí a ver compañero, le informo, al parecer esta mujer tiene varias denuncias por desaparición. He estado mirando algunas y es una persona que padece Alzheimer.

- Vale, gracias compañero. Gracias por la gestión. ¿Puede avisar a la persona que interpuso la última denuncia para que venga a por ella?

- Sí, afirmativo - me contesta.

Espero.

Mi compañero de zeta todavía sigue hablando con la directora.

- Es un niño super bueno – me dice la mujer -. Siempre que sale del colegio y me ve, viene corriendo a abrazarme y darme un “mua”. Hace el gesto de que “mua” significa un beso.

-Sí. Sí que es cariñoso – le sonrió.

Comienzo a sentir cierta pena por la situación.

Comienzo a saber de qué va todo esto.

Al cabo de diez minutos, se persona un hombre que dice ser el marido de la mujer. Se le nota preocupado. Le tranquilizo. Lo alejo un poco de su esposa y le explico lo que ha pasado. Se me queda mirando con los ojos llorosos.

- Es la primera vez que viene aquí – me dice.

Se para porque se le entrecorta la voz:

- Verá agente, ella tiene Alzheimer. Tuvimos un hijo que estudió en este colegio. Juan. Tenía 20 años cuando se mató en un accidente de tráfico...

... Supongo que es por eso que está aquí. Mi mujer lleva varios meses que todas las tardes me dice: no viene Juan, tarda mucho ¿le habrá pasado algo?...

El hombre rompe a llorar. Llora por su hijo. Por su mujer. Porque lleva años luchando con esa mierda de enfermedad.

Tras informar a la Sala de todo, me alejo de mi compañero y llorando, llamo a mi madre y le digo lo mucho que la quiero".

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