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El síndrome de 'burnout': cuando la presión en el trabajo nos enferma

La OMS acaba de incluir este problema en su listado de enfermedades relacionadas con el trabajo.

Los trabajadores quemados acumulan estrés durante mucho tiempo.
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Sentirse agotado, exhausto, sin ilusión por el trabajo... son los síntomas del síndrome de 'burnout' o síndrome del trabajador quemado, un problema creciente en las sociedades desarrolladas. Tanto, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de añadirlo a su listado de enfermedades relacionadas con el trabajo

Este síndrome aparece siempre relacionado con une estrés crónico en el entorno laboral. "Un estrés prolongado en el tiempo, provocado por situaciones a las que no hemos podido dar respuesta", explica Jesús Montero-Marín, profesor en la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte de la Universidad de Zaragoza, y miembro de un grupo de investigación sobre este asunto.

Según explica, hay tres síntomas fundamentales que permiten detectar un caso de 'burnout': "El agotamiento, que surge cuando tratamos de responder a demandas excesivas; el cinismo, entendido como un desapego hacia el trabajo, una pérdida de la ilusión por lo que hacemos, y por último, la ineficacia en el desarrollo de las tareas".

No son los únicos, pero sí los más claros de un problema que afecta a personas muy diferentes y que está provocado también por situaciones diferentes.

Porque tan 'quemado' puede estar un empleado muy autoexigente y entregado, que acaba enfermo por la sobrecarga de trabajo que soporta, como aquel que se aburre y no se siente desarrollado en un empleo monótono sin expectativas, o quien cree que no controla los resultados de su trabajo, que su esfuerzo no se ve reconocido.

De hecho, esos tres serían los principales perfiles con los que el equipo de Montero-Marín describe a los enfermos de 'burnout'. Son, respectivamente, los frenéticos, los trabajadores sin desafíos y los desgastados. Una clasificación que busca "poder dar soluciones a cada caso".

El síndrome del trabajador quemado no es nuevo, y es objeto de estudio desde los años 70. Desde entonces, explica Montero-Marín, "ha habido una vuelta de tuerca en los sistemas de producción, se han acelerado, y lo estamos pagando. La presión sobre los trabajadores es tal que nos lleva a enfermar", afirma. 

En cuanto a la prevalencia de este problema, hay estudios que hablan de que lo sufren un 10% de los trabajadores, pero Montero-Marín cree que es difícil saber la cifra exacta. "No hay acuerdo todavía sobre la definición de la enfermedad ni sobre el sistema de diagnóstico, así que depende del baremos que se escoja los porcentajes cambian".

Por eso, confía en que el reconocimiento de la OMS -que no entrará en vigor hasta 2022- sirva para que aumente la financiación para el estudio de este síndrome. "Necesitamos más investigación, hace falta más trabajo para conocerlo a fondo", dice.

En este sentido, hay ya algunas líneas de investigación que buscan biomarcadores para  identificar la enfermedad a partir de los niveles de oxitocina o de cortisol en el organismo.

Tratar el síndrome de 'burnout' no es fácil, "porque aunque ambos están quemados, no necesita lo mismo alguien que no tiene desafíos en el trabajo que quien está sobrepasado por el exceso de tareas". 

De la misma manera, a veces hay un límite difuso entre el 'burnout' y otros problemas como la depresión o la ansiedad. "Diferenciarlos no siempre es fácil, pero podemos decir que las personas quemadas mejoran cuando no están en su trabajo y empeoran cuando regresan", explica Montero-Marín.

Este síndrome de 'burnout' ya aparecía en la clasificación de la OMS de 1990, pero entonces lo hacía en una categoría genérica que lo consideraba el resultado de "problemas relacionados con las dificultades para controlar la vida". El matiz que incluirá ahora la organización ayudará a que puedan gestionarse bajas e incapacidades laborales por este motivo. Aunque, debido a esa falta de acuerdo sobre la definición y el diagnóstico del que hablada el científico de la Universidad de Zaragoza, queda tiempo hasta que puedan lograrse bajas efectivas por esta causa. "Pero el anuncio de la OMS es un primer paso", asegura.

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