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Isabel Zamora: “En el Gascón y Marín hasta las paredes educan”

A punto de jubilarse, dirige este carismático colegio púbico zaragozano, que este año celebra, como se merece, el centenario de su fundación.

María Isabel Zamora Martínez, directora del CEIP Gascón y Marín de Zaragoza, antes de comenzar la clase de música con sus alumnos de primaria
María Isabel Zamora Martínez, directora del CEIP Gascón y Marín de Zaragoza, antes de comenzar la clase de música con sus alumnos de primaria
Guillermo Mestre

Después de dejar la escuela, cuando los niños se convierten en adultos, hay algo que no olvidan: la sonrisa de sus maestras, esa sonrisa en la que encontraban refugio y confianza para ser quienes querían ser. Por eso sé que sus alumnos no olvidarán a Isabel Zamora (Zaragoza, 1959), una maestra que les sonríe permanentemente.

¿Siempre quisiste ser maestra?

Era una de mis vocaciones. Pero estaba estudiando Veterinaria cuando en el curso 1978-1979 se creó la especialidad de Educación Preescolar. Entonces me cambié de carrera, ya que la educación infantil me atraía especialmente.

¿Cuáles han sido tus principales destinos?

Empecé en una escuela unitaria con diecinueve alumnos en Villar de los Navarros, todo un reto para primer destino puesto que no fallaba ningún curso desde preescolar hasta 8º de EGB. Después estuve seis años en Educación Infantil en el Gloria Arenillas de Zaragoza. Trabajamos con mucha ilusión y entusiasmo. Los cursos siguientes, de los que guardo un bonito recuerdo, estuve en Albalate del Arzobispo. En 1996 me dieron destino itinerante por la especialidad de Música entre el Gascón y Marín y el San José de Calasanz. Después de cuatro años me quedé en el Gascón y Marín. Me responsabilicé de la informática y los medios audiovisuales. A partir de 2008 ocupé la jefatura de estudios y este curso, desde febrero, he desempeñado el puesto de directora, por jubilación de Marisa Gomollón.

Isabel Zamora, directora del CEIP Gascón y Marín de Zaragoza, en plena clase de Música con sus alumnos de primaria
Isabel Zamora, directora del CEIP Gascón y Marín de Zaragoza, en plena clase de Música con sus alumnos de primaria
Guillermo Mestre

¿Tu primer sentimiento cuando supiste que ibas al Gascón y Marín fue...?

Una inmensa alegría por muchas razones. El Gascón y Marín está en el barrio en el que vivo desde que empecé a trabajar. Es un edificio que siempre he admirado por su belleza, por el entorno en el que está ubicado y también porque es una escuela de una sola vía, es decir, pequeña. Siempre me han gustado los colegios en los que familias, profesores y alumnos nos conocemos.

¿Impresiona trabajar en una escuela centenaria?

Más que impresionar, enorgullece. Pensar en la cantidad de maestros que han pasado por sus aulas dejando la impronta de su profesionalidad crea una sensación muy especial que espolea a intentar superarte día a día. Se siente un profundo respeto, no solo por un edificio sino por las personas que en él se han encontrado para enseñar y para aprender.

¿Qué hace que este colegio sea tan especial?

Cuando entras en ella sientes que hasta sus paredes educan. Es un lujo trabajar en un edificio que por su belleza y valor histórico causa admiración, pero las personas que han pasado por el centro han creado una atmósfera educativa que se percibe continuamente.

¿Cuántos alumnos y maestros tiene el centro?

Es un colegio pequeño. Actualmente tenemos 208 alumnos y 19 maestros, cuatro de ellos a media jornada.

¿Puede hacerse un cálculo del número de escolares que han pasado por las aulas en cien años?

Entre cuatro mil y cinco mil, aunque siempre prefiero pensar en familias más que en alumnos, porque no solo se matricula el alumnado, sino que es la familia la que pasa a formar parte del colegio.

"De algunas familias, se han educado en este colegio varias generaciones: abuelos, padres
y nietos"

Habrá antiguos alumnos por todas partes...

De algunas familias se han educado varias generaciones (abuelos, padres y nietos). Tenemos antiguos alumnos políticos, periodistas, escritores, pintores, campeones mundiales de kárate, grandes profesionales en sus respectivos oficios… Pero a mí me gusta pensar que en nuestra escuela se han formado, sobre todo, buenas personas, ciudadanos comprometidos con el lugar en el que viven. A todos ellos les tengo un gran cariño.

Y muchos docentes conocidos y reconocidos...

Además de todos los pioneros que han dado su nombre a escuelas y calles de nuestra ciudad, a los que se les han reconocido sus méritos, están todos aquellos que han pasado por estas aulas y que han dedicado gran parte de sus vidas a esta profesión absolutamente vocacional. Personalmente, después de 23 años en la escuela, son muchos los compañeros de los que guardo un buen recuerdo y a los que tengo en alta estima.

¿Supongo que un centenario se celebra por todo lo alto?

Siempre se piensa que se hubiera podido celebrar más y mejor, pero el trabajo diario y las circunstancias son las que marcan la realidad. Se ha trasladado el evento, en parte, por las dos citas electorales que tienen lugar este año. La celebración será finalmente durante la primera semana de junio, terminando el día 7 con un acto institucional y con una jornada de puertas abiertas para que los exalumnos y familiares puedan reunirse y recuerden sus vivencias con aquellos con los que pasaron sus años escolares.

"La escuela debe ser inclusiva, coeducativa y fomentar la igualdad entre géneros"

Cien años de trayectoria permiten analizar la educación en un tiempo largo…

En un siglo la educación ha pasado por tres leyes con sus respectivas reformas. De haber escuelas para chicos y para chicas, a ser mixtas. Se han introducido los idiomas y las nuevas tecnologías. Ha cambiado la metodología, pasando de las clases magistrales y memorísticas a los aprendizajes competenciales, colaborativos. Actualmente la sociedad es multicultural y multirracial. Hay diferentes modelos de familias. La educación debe dar respuesta a estas realidades y para eso debe ser inclusiva, coeducativa y tiene que fomentar la igualdad entre géneros.

Observando el trabajo de sus alumnos.
Observando el trabajo de sus alumnos.
Guillermo Mestre

¿Qué es lo más importante que hacemos en las escuelas?

Despertar inquietudes, incentivar la curiosidad por el saber y, sobre todo, aportar valores humanos que den armas al alumnado para convertirse en personas comprometidas con su entorno físico y humano.

¿Qué retos tiene planteados la escuela?

Son muchos. La sociedad cambia a un ritmo vertiginoso. Nos enfrentamos a un aislamiento individual provocado por las redes sociales. La entrada en la adolescencia es cada vez más temprana y en la edad adulta cada vez más tardía. Debemos aprender a racionalizar los recursos, a empatizar con las personas, a vivir con menos y compartir más. Además, sería oportuno volver a la formación humanista, huyendo de la temprana especialización. La escuela debe dar cabida a todos los individuos y darles la posibilidad de encontrar su lugar en la vida. Palabras como coeducación, igualdad, ecología, inclusión, cooperación, trabajo en equipo… están presentes en la escuela hoy y lo estarán en la del futuro.

Personalmente, este centenario coincide con tu jubilación…

Sí, siento como si se completara un gran círculo en mi vida coincidiendo con el que se completa en la escuela. A fin de cuentas, llevo trabajando y viviendo 23 años en el Gascón y Marín y forma parte de mi vida, tanto laboral como sentimentalmente. Siento una mezcla de alegría y melancolía, de satisfacción y de pérdida. Me emociona vivir un acontecimiento de esta envergadura.

Isabel Zamora, dibujando la clave de sol, en la pizarra
Isabel Zamora, dibujando la clave de sol, en la pizarra
Guillermo Mestre

Un siglo de vida, de educación

El 11 de mayo de 1919 se inauguró en Zaragoza el Grupo Escolar dedicado a José Gascón y Marín, catedrático de Derecho y primer delegado regio de la ciudad. La celebración de este centenario es un buen momento para recuperar la ilusión de la sociedad por la educación. El Ayuntamiento le encargó a José de Yarza y Echenique, el mejor de sus arquitectos, que diseñara una escuela. "No escatime usted en gastos". Eso debieron decirle. Y el arquitecto municipal planteó un edificio hermoso estéticamente y moderno desde el punto de vista pedagógico. El Grupo Escolar Gascón y Marín estaba preparado para dar respuesta a las exigencias de la graduación.

Si yo escribiera una utopía pedagógica, tal como hizo Jean-Jacques Rousseau en su ‘Emilio, o De la educación’, elegiría como escenario el Grupo Escolar Gascón y Marín. Por varias razones, todas muy poderosas. Por estar situado en el centro de Zaragoza, en una de las plazas más hermosas de la ciudad. Por las maestras que trabajan en esa escuela. Por mantenerse tan joven después de cien años. Porque como escribió Guillermo Fatás Cabeza, nieto del primer director de esta escuela, "el Gascón y Marín enseña solo con verlo". Porque allí es muy fácil sentir que uno forma parte de una familia, de una gran comunidad educativa. Porque es un laboratorio en el que cada niño descubre el mundo. Porque en él, uno está, cada instante, a punto de ser feliz. Porque todos los niños conocen a todos los maestros y todos los maestros conocen a cada uno de los niños. Porque es una escuela en la que cabemos todos, como en la propia vida.

El Gascón y Marín no está encerrado en los magníficos muros del edificio que se inauguró en 1919. Partes del Gascón y Marín pueden encontrarse en cualquier rincón de Zaragoza, en cualquier rincón de Aragón, en cualquier rincón del mundo, en los despachos, en los talleres, en las oficinas, en los hospitales, en los juzgados, en las universidades o en las tiendas, porque son miles los zaragozanos que se han formado en sus aulas y que llevan un pedazo de esta escuela donde ellos van.

Víctor Juan es profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza y director del Museo Pedagógico de Aragón

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