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Sociedad

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Alberto Toro: "La innovación está en el ADN de la escuela rural"

Formado en Harvard y Boston, Alberto Toro encontró su laboratorio pedagógico en la escuelas de Pitarque y Villarluengo, en el Alto Maestazgo turolense, donde desarrolla desde hace once años su labor como docente

En la escuela de Pitarque, Alberto Toro imparte clase a cinco alumnos de diferentes niveles: infantil, primaria y ESO
En la escuela de Pitarque, Alberto Toro imparte clase a cinco alumnos de diferentes niveles: infantil, primaria y ESO
Jorge Escudero

Llevado por una curiosidad insaciable y por su voluntad de entenderlo todo, Alberto Toro (Teruel, 1980) hace de cada día una ocasión para que los escolares descubran el mundo –el próximo y el lejano– y para que se conozcan mejor.

¿Dónde estudiaste?

En el colegio Las Viñas de Teruel, desde los 3 años hasta los 18, desde preescolar a COU. Luego cursé Magisterio por la especialidad de Educación Infantil en Teruel. También hice la especialidad de Educación Física en Universidad Autónoma de Madrid. Más tarde, completé el master de Neuropsicología en la Universidad de La Rioja.

¿Te has titulado en tres universidades distintas?

También me he formando en otras universidades, organizaciones y asociaciones del mundo. Aprovechando las posibilidades que nos brinda la tecnología, con mis compañeros del ‘Team Teruel’ (Jose Manuel, Rubén, Alberto, Ciaran y Marta) hemos hecho cursos en Harvard sobre enseñanza para la comprensión, inteligencias múltiples, ensamiento visible y fuerzas culturales del aula. En el National Center for Teaching Thinking (NCTT) de Boston hice cursos sobre destrezas de pensamiento con Robert Swartz o en las escuelas de Reggio Emilia, que visitamos dos veces el año pasado. Además me he beneficiado de la formación permanente que oferta la Administración educativa y, sobre todo, he aprendido de mis compañeros.

¿Siempre quisiste ser maestro?

Desde siempre he tenido vocación por explicar y ayudar. También mucha curiosidad por todo lo que no comprendo. Quizás por eso decidí cursar magisterio.

¿Cuándo empezaste a trabajar?

El primer año, el curso 2003-2004, recuerdo haber estado al menos en ocho centros. Por suerte, uno de ellos fue el María Moliner de Zaragoza, donde coincidí con Martín Pinos Quílez, a quien considero mi gran maestro. Lo recuerdo con mucho cariño y como un regalo no esperado.

¿Y después?

Mi primer destino como tutor durante un curso entero fue en Cabra de Mora, en el CRA Pórtico de Aragón. También fue la primera unitaria en la que trabajé. Luego me dieron destino en el CRA Alto Maestrazgo.

¿Cuántos años llevas en la escuela de Pitarque?

Once cursos. En este destino tuve la suerte de coincidir con mi compañera y amiga Marta Arguis, y con otros grandes profesionales. Con Marta desarrollamos en dos de las aulas unitarias del CRA (Pitarque y Villarluengo) nuestras más gratas experiencias pedagógicas con proyectos de innovación. Aquí es donde realmente se empieza a gestar nuestro taller pedagógico, nuestra nueva universidad.

Alberto Toro con sus alumnos en la escuela de Pitarque del CRA Alto Maestrazgo de Teruel
Alberto Toro con sus alumnos en la escuela de Pitarque del CRA Alto Maestrazgo de Teruel
Jorge Escudero

¿Qué se cuece en ese taller pedagógico?

A través de la interiorización, transferencia y metacognición de lo vivenciado intentamos estimular la curiosidad, el deseo por la verdad, la comprensión plena, una mente abierta y flexible y el deseo de ser escuchado. También pretendemos cultivar el pensamiento crítico y creativo en el mejor caldo de cultivo: las emociones que, como resalta la neurociencia, son las que mueven el mundo.

"Aquí, todo el pueblo educa y sus calles forman parte del aula"

¿Recibiste formación para conocer la realidad de la escuela rural?

La conocí con la terapia de choque habitual: destino adjudicado y a aprender haciendo. Es cierto que ha aumentado la oferta de formación por parte del campus de Teruel. Aun así, dada la realidad demográfica estaría bien que hubiera una formación más completa hacia la escuela rural.

¿Cuántos niños asisten a tu escuela? ¿Asusta enfrentarse a un grupo heterogéneo?

Ahora mismo cuatro alumnos y una alumna. De 3º de infantil, 1º y 3º de primaria y 2º de ESO. Asusta enfrentarse a lo desconocido, sí. Como escuché en una película «la ansiedad es el vértigo de la libertad». Al principio paraliza y abruma. Poco a poco descubres las posibilidades que ofrece. Todas las escuelas rurales son aulas de innovación por naturaleza.

¿Enriquece la diversidad?

Por supuesto. No solo enriquece, sino que es una realidad en el mundo, sea rural o urbano… La diversidad es el caldo de cultivo perfecto para aprender unos de otros, para compartir nuestras particularidades y darle frescura y creatividad al crecimiento personal. La diversidad es fuente de salud holística.

¿Cuáles son los principales puntos fuertes de la escuela rural?

Los pueblos ofrecen entornos humanamente cálidos, pequeños y seguros. Las calles son parte del aula. Los entornos naturales son riquísimos y ofrecen la posibilidad de un desarrollo holístico, armónico y equilibrado. Además, la escuela rural es asunto de todos, la relación con la comunidad educativa es muy estrecha y todo el pueblo educa, como en las tribus (Ubuntu-Soy porque somos). La baja ratio de alumnado permite individualizar mucho el aprendizaje, profundizar en las inquietudes de cada alumno… Por otra parte, la inclusión y la innovación están en el ADN de la escuela rural. Ante la falta de recursos de consumo urbanos, y la abundancia de recursos naturales, la escuela rural fomenta la creatividad y la curiosidad.

¿Cómo podría favorecerse la continuidad del profesorado en la escuela rural?

De muchas maneras: dando facilidades para vivir en los pueblos; con incentivos económicos, que no son lo más importante, pero hay que tenerlos en cuenta; otorgando méritos por los años de servicio en escuelas rurales; acercando la formación a los pueblos para que los docentes no queden aislados; reconociendo la labor pedagógica y social que desempeñan los maestros; procurando las mismas oportunidades de desarrollo profesional...

"La baja ratio permite profundizar en las necesidades de cada alumno"

¿Cómo definirías la innovación?

Como la capacidad de pensar y dar nuevas soluciones a problemas no resueltos, que mejoran la situación y dan respuesta a determinadas necesidades. Según Edgar Morin, la innovación está muy relacionada con una manera de enfrentarse a lo desconocido, a lo complejo. Como dice David Perkins en muchas ocasiones hay que "asalvajar lo domesticado y domesticar lo asalvajado".

¿Por qué algunos de los proyectos innovadores surgen en la escuela rural?

La cultura propia de los pueblos te invita a una vida más lenta que en las ciudades, y te deja tiempo para reflexionar y para experimentar. Además la diversidad propia de la escuela rural, tener pocos alumnos, contar con entornos muy ricos y seguros te marcan las reglas invisibles de hacia dónde dirigirte. Es todo más natural.

Para terminar, ¿qué aconsejarías a un maestro destinado por primera vez a una escuela rural?

Que viera dos películas ‘Bienvenidos al Norte’ y ‘Ser y tener’; que se empapara de la cultura que lo envuelve, que no se aislara; que aprovechara todos los recursos que le rodean; que buscase el apoyo mutuo con la comunidad educativa; que innovase para dar respuesta a situaciones diferentes; y, sobre todo, que disfrutara de la experiencia. La escuela rural es algo mágico e inesperado. Quien no prueba la escuela rural y unitaria no sabe lo que se pierde.

'PITARLUENGO', UNA UTOPÍA PEDAGÓGICA

Manuel Bartolomé Cossío defendía que antes que el edificio o el material de enseñanza, las escuelas las explican los maestros. Y tenía razón. La innovación nace del compromiso de los docentes con la comunidad de la que forma parte la escuela. Quizá una de las razones por las que la escuela rural es el laboratorio en el que se han desarrollado los más importantes proyectos de innovación radica en que es el taller artesano en el que los maestros proyectan su pensamiento pedagógico. El compromiso sostenido de los docentes que eligen trabajar en escuelas rurales explica los brillantes resultados que, tanto desde el punto de vista pedagógico como social, se obtienen.

Una maestra y un maestro del CRA Alto Maestrazgo de Teruel, Marta Arguis y Alberto Toro, trabajaron, como todos los docentes, lejos de las estrellas, en la pequeñez de los días. Llevados por el compromiso que les liga a los chicos que acuden a sus escuelas han creado una utopía pedagógica en ‘Pitarluengo’, una utopía en sentido estricto porque Pitarluengo solo existe en sus mentes y en sus corazones. Además es un lugar utópico porque allí hacen realidad sus sueños educativos, sus proyectos innovadores. Pitarluengo resulta de la unión de Villarluengo y Pitarque, las dos escuelas unitarias del colegio rural agrupado que reúne, además, las aulas de Cantavieja, Iglesuela del Cid y Fortanete. Pronto Pitarluengo nos resultará tan familiar como ‘Oxbridge’, palabra compuesta que utilizamos para referirnos a las dos universidades más prestigiosas del Reino Unido. La osadía pedagógica de estos maestros les lleva a querer siempre más. No pretenden desarrollar únicamente las competencias básicas de la lectura, la escritura o el cálculo. Además quieren fomentar el respeto, la tolerancia, la solidaridad y la diversidad. Quieren promover la coeducación, la no discriminación y la cooperación. Para conseguirlo hacen muchas cosas, pero lo más importante es lo que quieren. Marta y Alberto trabajan convencidos de que en Pitarluengo, en todos los pitarluengos del mundo, todo es posible.

Víctor Juan. Profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la

Educación de la Universidad de Zaragoza. Director del Museo Pedagógico de Aragón

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