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Cristina González: "Un alumno con discapacidad visual es uno más"

Maestra del equipo ONCE-DGA, Cristina González, defiende la integración porque "ha quedado claro que es lo más positivo para los niños y sus familias".

La docente Cristina González Trasobares –al fondo–, trabajando con varios de sus alumnos en la sede de la Delegación Territorial de la ONCE en Zaragoza
La docente Cristina González Trasobares –al fondo–, trabajando con varios de sus alumnos en la sede de la Delegación Territorial de la ONCE en Zaragoza
Oliver Duch

Antoine de Saint-Exupéry nos regaló un hermoso pensamiento cuando el Zorro le dijo al Principito que lo esencial es invisible a los ojos. Cristina González Trasobares (Zaragoza, 1970) descubrió este secreto cuando hizo sus prácticas de Magisterio en la ONCE.

¿Dónde estudiaste?

Estudié Magisterio en la Universidad de Zaragoza y obtuve la diplomatura de Educación Especial. Luego, por la UNED, me especialicé en Educación Infantil y en Educación Física.

¿Qué te atrajo de la pedagogía terapéutica?

En general me gustaba todo, pero cuando estás estudiando pedagogía terapéutica realmente no te das cuenta de lo especial que va a ser tu trabajo. Eso lo descubres cuando estás con los niños.

¿Cuáles han sido tus principales destinos?

Mi primer destino fue en aula de Educación Especial del CEIP Joaquín Costa de Monzón. Después trabajé en Fonz, en el Pío XII y en San Vicente de Huesca capital. Luego salió una plaza interina para atender a niños con discapacidad visual por toda la provincia de Huesca. No tenía coche, pero sabía que la tenía que elegir. Le pregunté a Néstor Lasheras, jefe entonces de la Unidad de Programas Educativos, y elegí esa plaza. Me gustó mucho la experiencia y repetí dos años. Luego pasé por el IES de Épila y por el Cesáreo Alierta de Zaragoza. Mi primer destino definitivo fue Híjar. Hace trece años concursé a una comisión de servicios para una plaza en el Equipo Educativo de la ONCE-DGA y allí sigo.

¿Dónde nace tu interés por los niños con deficiencias visuales?

Mi primer contacto con la ONCE fue en las prácticas de Magisterio durante la carrera. Me quedé prendada con el equipo humano que allí trabajaba, de la atención que realizaban, de los niños, de los medios materiales con los que contaban...

¿Cuántas personas integráis el equipo ONCE-DGA y qué perfiles profesionales tenéis?

Somos veintisiete: una jefa de servicios sociales para afiliados, una psicóloga, tres trabajadores sociales, dos instructores de tiflotecnología, tres técnicos de rehabilitación, un animador de ocio y tiempo libre, un técnico de servicio bibliográfico, un especialista en sordoceguera, un especialista de apoyo al empleo y trece maestros (dos en Teruel, dos en Huesca y nueve en Zaragoza).

¿Cuántos estudiantes atendéis en Aragón?

Actualmente, a doscientos cuatro estudiantes, desde que nacen hasta la edad adulta porque una persona puede quedarse ciega a cualquier edad y quizá necesite aprender braille o una adaptación de su puesto de trabajo.

¿Cuál es la modalidad más común de escolarización?

La ONCE apuesta por la integración. La mayoría de nuestros alumnos están en centros ordinarios, aunque también atendemos alumnos con otras discapacidades, además de la visual, en centros de educación especial.

"Mis alumnos solo necesitan acceder a la información de un modo diferente"

¿La tecnología ha facilitado vuestro trabajo?

Los avances tecnológicos siempre son positivos para nosotros. Las personas con discapacidad visual pueden hacer muchas cosas gracias a los móviles, tablets y ordenadores. Pero a veces la tecnología también es un problema. Por ejemplo, las plataformas digitales y las páginas web rara vez son accesibles para el alumno ciego y si en su centro escolar se trabaja mucho a través de libros digitales y plataformas, nuestros alumnos tienen más dificultad para acceder a la información que el resto de compañeros.

¿Cómo puede paliarse este problema?

La ONCE ha creado distintas herramientas de accesibilidad a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, el Jaws, un revisor de pantalla que lee al usuario todo lo que sale en la pantalla del ordenador; el Ebrai, un programa para imprimir en braille cualquier documento; el Edico, un editor para trabajar las matemáticas y la física y química con el ordenador o el Braitico, un método para el aprendizaje del braille a través de las nuevas tecnologías desde la atención temprana.

"Plataformas digitales y webs rara vez son accesibles para el alumno ciego"

¿Qué apoyos se dan a los centros?

Asesoramiento y formación a los profesores, en todos los aspectos relacionados con la discapacidad visual. La adaptación del material escolar (libros de texto, fotocopias, libros de lectura, exámenes…) a las necesidades del alumno. Adaptación del puesto de estudio del alumno en el centro escolar con todas las adaptaciones tiflotecnológicas que el alumno requiera (lupas TV, línea braille, programas informáticos específicos…).

¿Y a las familias?

Formación en técnicas específicas como el aprendizaje del braille. Las orientamos y acompañamos en las distintas fases del proceso educativo de sus hijos, por ejemplo, al inicio de la escolaridad, al cambiar de centro o de etapas educativas... Trabajamos con ellos todo lo relacionado con la autonomía en la vida diaria y la tiflotecnología. Organizamos talleres para compartir experiencias. Les asesoramos en todo lo relacionado con becas y ayudas.

¿Hemos avanzado en la integración de niños con necesidades educativas especiales?

Se ha hecho una gran apuesta por la integración y ha quedado claro que es lo más positivo, tanto para los niños como para las familias. Mis alumnos solo necesitan acceder a la información de un modo diferente, para eso estamos los maestros del Equipo Educativo ONCE-DGA, para facilitar ese acceso a la información, para dotarles de las herramientas que necesitan para trabajar y potenciar sus recursos personales.

"Hay una generación de alumnos que con esfuerzo y dedicación consigue cuanto se propone"

¿La sociedad ha asumido que una persona con discapacidad visual es capaz de realizar cualquier tarea?

Sí. La idea de que la persona ciega solo puede quedarse sentada en casa o dedicarse a vender cupones se ha quedado atrás. Hay una generación de alumnos que demuestran que con esfuerzo y dedicación consiguen cuanto se proponen. Hemos avanzado, pero queda mucho por hacer para que una persona ciega pueda trabajar en cualquier empresa, pueda hacer sola la compra con los productos etiquetados en braille, acceder a cualquier página web para, por ejemplo, pedir cita médica o comprar un billete de autobús.

¿Aprecias una evolución en padres, profesores, alumnos?

Claro que sí. Los padres ven que sus hijos pueden estudiar como los demás; los profesores se dan cuenta que un alumno con discapacidad visual es uno más, y los alumnos y compañeros nos dan lecciones de integración cada día.

¿Tu mayor satisfacción personal de estos años de trabajo?

Son muchas. Es difícil hablar de una en concreto. Te contaré el caso de Daniel, un alumno con deficiencia visual grave, con quien empecé a trabajar en 6º de primaria y ya está en 2º de bachillerato. Ahora se maneja con el ordenador mejor que yo; lee en braille muy rápido; sufría muchísimo cuando íbamos a alguna actividad de formación a Barcelona y ahora no tiene ningún problema en ir de viaje con sus compañeros de instituto, participa en intercambios en otros países, en competiciones de atletismo… Ha recorrido un camino duro, pero con apoyo de sus profesores, de su familia y de la ONCE, se está labrando un futuro para hacer en su vida lo que se proponga.

Cristina González con dos de sus alumnos, en el área de maestros de la Delegación Territorial de la ONCE en Zaragoza
Cristina González con dos de sus alumnos, en el área de maestros de la Delegación Territorial de la ONCE en Zaragoza
Oliver Duch

Por una sociedad más sensible

Me gustaría que entre todos nos empeñáramos en construir un mundo en el que quienes peor estuvieran, vivieran lo mejor posible. Aceptaría siempre esa formula, con el convencimiento de que, en realidad, cuando nos preocupamos por la integración, la accesibilidad, la seguridad o los derechos de quienes más difícil lo tienen, es la sociedad, en conjunto, la que avanza. No hace mucho, Mariano Gistaín escribía en su columna de HERALDO que la democracia es delicadeza, atención al débil. Todos reconocemos que aunque nos queden muchas cosas por hacer, hemos recorrido un largo trecho en la democratización de las instituciones escolares.

La mayor sensibilidad de la sociedad se traduce en más inversión para facilitar el acceso a la información, al conocimiento, a la cultura o al ocio. Del mismo modo que para valorar una escuela hay que considerar cómo se atiende a quienes lo tienen más difícil, una sociedad es más desarrollada cuanto más sensible es a las necesidades de los más vulnerables.

Félix Carrasquer (Albalate de Cinca, 1905-Thil, 1993) fue uno de los grandes pedagogos aragoneses del siglo XX, a pesar de que solo fuera a la escuela tres días y de que se quedara ciego en 1932, con veintiocho años. La ceguera, tal y como él mismo suponía durante el mes que estuvo ingresado en la clínica del doctor Barraquer tras un doble desprendimiento de retina, no le impidió hacer realidad sus sueños ni ver con claridad lo que otros no llegaban a intuir. A pesar de no disponer de ninguno de los recursos que hoy están al alcance de las personas con deficiencia visual, Carrasquer fundó la escuela Eliseo Reclus en la calle Vallespir de Barcelona; dirigió la maternidad de Las Corts durante los primeros meses de la Guerra Civil; diseñó y dirigió la Escuela de Militantes de Aragón, que tuvo su sede en Monzón; escribió ensayos, cuentos y poemas; se fugó de un campo de refugiados en Francia; cruzó la frontera de los Pirineos y se instaló en Barcelona para enfrentarse al régimen de Franco. Luego sufrió prisión durante doce años y trabajó hasta el final de su vida para transformar el mundo.

Víctor Juan. Profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza y director del Museo Pedagógico de Aragón

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