Sociedad

Tercer Milenio

La vida de las piedras

Vivir sin permiso en un planeta cambiante

No vivimos en un decorado estático. Si hay algo que caracteriza a nuestro planeta es su enorme dinamismo. Numerosos procesos geológicos están sucediendo ahora mismo, mientras lees estas líneas. Algunos son muy lentos, otros ocurren de manera súbita. La convivencia de los seres humanos con ellos no siempre es fácil. Y solemos llevar las de perder.

Restos de actividad volcánica reciente en Islandia
Restos de actividad volcánica reciente en Islandia
Ánchel Belmonte Ribas

No es fácil asimilar hasta qué punto todo lo que nos rodea es pasajero. En el tiempo que duran nuestras vidas, millones de toneladas de sedimentos habrán sido arrancados al Pirineo y transportados al Mediterráneo. Sin embargo, el paisaje seguirá mostrándose idéntico a nuestros ojos. Pero no siempre es así. Existen procesos de carácter súbito y de gran magnitud que pueden ejercer cambios profundos en muy poco tiempo. Los terremotos o los volcanes, espectaculares evidencias de la energía interna que almacena la Tierra, son dos ejemplos.

Consentimiento geológico

En ese escenario de cambio vivimos. Y es esencial conocer cómo funciona el planeta y de qué manera sus procesos internos y externos pueden afectarnos. El historiador William James Durant lo expuso de forma muy clara: "La civilización existe por consentimiento geológico. Sujeto a cambio, sin previo aviso". En cierto modo, todo lo que hemos creado es vulnerable. A lo largo de la historia de las civilizaciones, la interacción entre los procesos geológicos y el devenir de los seres humanos ha condicionado expansiones y ruinas, conquistas y abandonos.

La última gran erupción de la fisura de Laki (Islandia) duró 8 meses entre 1783 y 1784. 14 kilómetros cúbicos de lava fueron expulsados, además de un ingente volumen de gases tóxicos. Los efectos fueron devastadores en Islandia, pero fueron más allá. Las perturbaciones que causó en el clima y las cosechas de parte de Europa fueron un detonante de las revueltas que desembocaron en la Revolución Francesa.

En otra zona convulsa, el mar Egeo, el azote de una serie de terremotos y tsunamis acabó con una de las civilizaciones más desarrolladas de su época: la minoica. Las ruinas de sus palacios, como el de Cnosos, muestran las evidencias de derrumbamientos e incendios que terminaron debilitando esta floreciente civilización cretense en torno al año 1400 antes de Cristo.

Terremotos y tsunamis

A escalas más pequeñas, los ejemplos se multiplican. El terremoto de Ancash (Perú) provocó en el año 1970 cerca de cien mil muertos. Más reciente es el tsunami que en 2004 afectó a las costas que rodean el océano Índico, con más de 260.000 víctimas mortales.

Aunque algunos informativos sensacionalistas lo sugieran, nada de esto es del todo impredecible ni responde a la ira de la naturaleza. Los geólogos conocen el funcionamiento del planeta, los mapas de riesgos, los sistemas de alerta, los estudios de frecuencia y magnitud de diferentes procesos. Son herramientas a disposición de los gestores del territorio, desgraciadamente no tanto en países pobres. Pero también a la población debe extenderse ese conocimiento científico. Saber que convivimos con peligros naturales y entender de qué procesos geológicos son resultado ha de ser parte de nuestra relación cordial y consciente con el planeta.

De un manotazo, la Tierra es capaz de tirar del tablero las piezas de cualquier civilización. Y sabemos de grandes eventos del pasado que podrían haber comprometido, incluso, la propia supervivencia de nuestra especie. Pero eso ya es otra historia…

Ánchel Belmonte Ribas Geoparque Mundial de la Unesco Sobrarbe-Pirineos 

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