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Tercer Milenio

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¿Por qué me pasa?

Por qué parece que el tiempo vuela cuando te haces mayor

De pequeños, el verano se hacía eterno. De mayores, no acabamos de entender cómo se ha acabado tan pronto el invierno. ¿Ya es primavera?

Los veranos se hacen eternos cuando se tienen pocos años
Los veranos se hacen eternos cuando se tienen pocos años
Vincent Sheed

Cuando eras un crío te daba la impresión de que el verano era eterno. Sin embargo, ahora que ya acumulas unos cuantos años a tus espaldas, tienes la sensación de que se han acortado. Incluso es probable que, cuando en la radio anuncian el inicio de la primavera, de tu boca salga un espontáneo: "¿Ya? ¡Pero qué rápido se ha pasado el invierno!"

Un ingeniero de la Universidad de Duke (EE. UU.) ha encontrado una explicación para esta discrepancia temporal. Según publica en la revista 'European Review', lo que ocurre es que, a medida que el cuerpo envejece, el cerebro humano ralentiza la obtención y el procesamiento de las imágenes. Este 'frenazo' hace que proceses menos experiencias a lo largo del día. "Solemos sorprendernos de cuántos detalles recordamos de aquellos días juveniles y eternos", explica Adrian Bejan. "Pero no es que las experiencias fueran más profundas o más reveladoras, sino simplemente que las procesábamos a más velocidad que ahora", matiza.

De acuerdo con Bejan, con el transcurso del tiempo las redes de nervios y neuronas maduran, crecen en tamaño y en complejidad, y eso implica que las señales nerviosas deben recorrer trayectos más largos para llegar a su destino. Pero es que el camino, además de alargarse, también se deteriora un poco y ofrece más resistencia al flujo de las señales eléctricas. Como si con la edad aquellas autopistas rectas y recién asfaltadas se convirtieran en carreteras nacionales llenas de curvas y con algún que otro bache.

Dado que en esas circunstancias tardamos más en procesar mentalmente lo que vemos, nos cunde 'menos' integrando información. Y las vivencias que archivas en un solo día son mucho más escasas de lo que eran a los 18. De ahí la sensación de que los días se acortan. "En resumen, los días parecen durar más en los años mozos porque el cerebro joven recibe más imágenes en un solo día que la misma sesera treinta o cuarenta años después".

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