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Tercer Milenio

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La comunidad científica y divulgadora lamenta la muerte de José Ignacio García Laureiro

Hacía ciencia de primer nivel y la contaba a la sociedad desde mil y un formatos: juegos, monólogos, blogs y artículos en el suplemento Tercer Milenio.

José Ignacio García Laureiro (izda.), haciendo entrega de una de las tazas de 'moleculica' a un ganador del concurso de Tercer Milenio 'Adopta tu molécula'
José Ignacio García Laureiro (izda.), haciendo entrega de una de las tazas de 'moleculica' a un ganador del concurso de Tercer Milenio 'Adopta tu molécula'
Heraldo

“Tranquilos, gracias a la química todo es posible”. José Ignacio García Laureiro deslizaba esa frase en uno de los monólogos científicos con los que acercaba la ciencia a la gente con una sencillez y humanidad difíciles de olvidar. La comunidad científica aragonesa y el mundo de la divulgación están de luto con la noticia de su fallecimiento el día 19 de febrero en Zaragoza a los 59 años de edad.

Hacer ciencia de primera fila en el Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea (ISQCH) no estaba en absoluto reñido con divulgarla para este investigador del CSIC zaragozano que llegaba a todo: desde transferir conocimiento a la industria a inventar juegos como CSI o Hi Score Science o colaborar con Tercer Milenio, suplemento de ciencia de HERALDO, y hasta subirse al escenario como monologuista del grupo Risarchers de la Universidad de Zaragoza.

El director del ISQCH, Fernando Lahoz, declara que “ha sido una gran pérdida para el instituto, pues, de los investigadores activos, no jubilados, era de los mejores, si no el mejor; García Laureiro y Conchita Gimeno son los haberes más potentes de nuestro instituto”. Y en concreto, destaca, “además de su excelencia profesional, su creatividad a la hora de dar a luz nuevas ideas, tanto en el plano científico como divulgador”. Tenía una “extraordinaria capacidad y un gran empeño por comunicar, tratando siempre de pasar desapercibido, él estaba siempre detrás”, añade. En el trabajo, recuerda su absoluta disponibilidad: “Como director, junto a mis vicedirectores, José Ignacio era el cuarto pilar”. Su carácter era “visionario y creativo, él fue quien tuvo la visión de incorporar al instituto a Fernando López, con la idea de complementar lo que sabemos hacer con una línea tan novedosa como la catálisis enzimática”.

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea, su línea de trabajo justamente complementaba el enfoque principal de este centro mixto Universidad de Zaragoza-CSIC, pues lo suyo era la catálisis heterogénea. Junto a José Antonio Mayoral, rector de la Universidad de Zaragoza, creó el Grupo de Catálisis Heterogénea en Síntesis Orgánicas Selectivas.

El rector aseguraba al conocer la triste noticia que "la química española lo va a echar de menos y sus amigos todavía más, porque era un excelente científico, creativo, imaginativo, constante, fiable, pero todavía lo era más como persona". Para él, "era más que mi compañero de trabajo. Empezamos juntos el grupo de investigación que, sin él, no hubiera existido. Y además era mi amigo. Lo voy a echar muchísimo de menos".

Su trabajo en el laboratorio estuvo siempre muy ligado a la industria. “Siempre estaba muy receptivo y sensible a los contactos con la industria”, indica Lahoz. Desde su grupo “introdujeron en nuestro modo de pensar la idea de una química sostenible, que al fabricar un producto no genere otros con los que no sepamos qué hacer”. Él trabajaba concretamente en disolventes verdes y aprovechamiento de materias primas renovables y residuos.

Doctorado en Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza (1986), realizó su estancia posdoctoral en el ITODYS del CNRS-Universidad de París VII. Obtuvo el puesto de científico titular del CSIC en 1990 y el de profesor de Investigación del CSIC en 2007. Autor de más de 200 publicaciones, revisiones y capítulos de libro, había dirigido 11 tesis doctorales y era presidente de la Sección Territorial de Aragón de la Real Sociedad Española de Química.

Un gran comunicador

Junto a Agustín Camón, investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (CSIC-UZ), García Laureiro ideó un innovador formato para divulgar ciencia entre alumnos de secundaria: CSI, que propone a los participantes desentrañar las claves de un crimen, a partir de las pruebas halladas, utilizando el método y el trabajo científico. Nacida en el ISQCH y el ICMA, esta idea se extendió después a otros centros del CSIC en Aragón. El propio García Laureiro explicaba hace unos años en Tercer Milenio que la intención de este proyecto es “no cargar la cabeza de los alumnos de conocimientos, sino que vean cómo funciona la investigación desde dentro: cómo se razona, cómo se plantea un problema y se hacen hipótesis, se realizan pruebas, se descartan ideas previas... Aquí, ellos mismos tocan, hacen piensan, miran”.

En conexión con las tecnologías más utilizadas por los jóvenes, puso en marcha, junto a Luis Alberto Angurel, Camón y Lahoz, Hi Score Science, un exitoso juego gratuito de preguntas y respuestas sobre ciencia, en español e inglés, para dispositivos móviles. Además del concurso escolar regional en Aragón, se han creado dos concursos a nivel nacional: uno escolar para estudiantes de secundaria y otro senior.

García Laureiro no dudó en apuntarse al primer taller de Monólogos Científicos organizado desde la Unidad de Cultura Científica (UCC) de la Universidad de Zaragoza. “Actuó por primera vez en el Paraninfo, junto con los otros nueve alumnos del taller -señala Carmina Puyod, responsable de la UCC-, en el marco de la jornada de divulgación de 2015”. Tras esa actuación, nació Risarchers, el grupo de monologuistas de Unizar. Con ellos, llegó a los públicos de Pint of Science en los bares de Zaragoza, a 1.400 personas en el teatro Filarmónica de Oviedo y en galas como la entrega de Premios Aragón Investiga del Gobierno de Aragón.

Puyod, promotora de esta iniciativa de divulgación, recuerda con cariño que "nunca dejó de sonreír de una forma amable, sin estridencias, con sus ojos, con sus gestos, con su cara. Tenía tanta bondad como inteligencia, con un gran bagaje cultural que le permitía transformar sus estudios e investigaciones sobre química en algo sencillo y asequible a los mortales".

"Su agudeza e ingenio -continúa-, su amor a la literatura y al teatro, su capacidad de despertar interés, de sorprender, de conmover y de divertir formaban parte del sello de cada una de sus acciones divulgativas y especialmente de sus monólogos. Era muy fácil quererle y admirarle y así lo hicimos desde el primer momento en Risarchers, como piedra angular de este grupo de investigadores monologuistas".

He aquí las pruebas de que lo que apunta Carmina Puyod es cierto:



 

Colaborador de Tercer Milenio

“Hace cuatro años -recuerda el también químico y divulgador Fernando Gomollón-, a José Ignacio se le ocurrió una idea: contar historias de moléculas en primera persona para contagiar a todo el mundo su pasión por la química”. Así nacieron la jincana de adopciones moleculares de las Jornadas D+I, que puso a todo el mundo a buscar 'moleculicas' por el edificio de Etopia, y, más tarde, la sección mensual de retos químicos publicada en Tercer Milenio: 'Adopta tu molécula'.

Su afán era transmitir “una imagen cercana de la química porque todo lo que nos rodea -bueno y malo- es química, y José Ignacio lo explicaba con una sencillez y una proximidad alucinantes. Sus monólogos te hacían reír, pero sobre todo te hacían pensar. Y nunca paraba de tener nuevas ideas, de pensar nuevas formas de comunicar la química de forma muy amena y muy accesible”.

Gomollón escribía ayer desde Cambridge, donde trabaja: “Las moleculicas se han quedado huérfanas, pero mantienen su sonrisa. Porque saben que José Ignacio, allá donde esté, sigue sonriendo. Sonriendo y contagiando, a todo el mundo, su pasión por la química”.

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