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Sociedad

Los efectos de la desigualdad: depresión, ansiedad y narcisimo

Richard Wilkinson, coautor de 'The Spirit Level' y 'The Inner Level', habló el viernes en Zaragoza sobre cómo afectan los desequilibrios al individuo

El investigador Richard Wilkinson, el viernes en el Caixafórum de Zaragoza
El investigador Richard Wilkinson, el viernes en el Caixafórum de Zaragoza
Oliver Duch

La desigualdad se ha colado en los últimos años en el debate público, hasta el punto de que se ha convertido en la auténtica estrella en algunos foros. Los expertos que alertan de su auge global y de sus efectos perniciosos llegan a tener audiencias multitudinarias: más de mil personas se congregaron en 2014 en el teatro Peacock de Londres para escuchar a Thomas Piketty, autor del renombrado ‘El capital en el siglo XXI’.

Al economista francés le precedieron cinco años antes Richard Wilkinson y Kate Pickett con ‘The Spirit Level’ (traducido al español como ‘Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva’), con el que vendieron más de 100.00 ejemplares gracias a una teoría impactante: que en las sociedades menos igualitarias los ciudadanos gozan de peor salud, experimentan mayores niveles de violencia y tienen menos esperanza de vida, entre otros muchos indicadores negativos. Ahora, ambos publican una secuela, ‘The Inner Level’ (aún no traducido al español), con una tesis que profundiza en su anterior investigación y se centra en el modo en que la desigualdad afecta a los individuos a nivel físico.

Wilkinson, profesor retirado de la Universidad de Nothingham, mostró el viernes en Zaragoza que sobrelleva con significativo esplendor sus 75 años. Invitado para participar en el VII Congreso de la Rey Española de Política Social, no pudo llegar a la capital aragonesa hasta la 1.30 de la noche debido a un retraso en su vuelo, pero eso no le impidió estar antes de las 9.00 en el Caixafórum. Una cita en la que intervinieron también, entre muchos otros, el economista Manuel Hidalgo y el politólogo José Fernández-Albertos.

¿Cómo influye la desigualdad en el individuo? El experto en epidemiología social lo analiza para este periódico, a partir de la batería de datos y estudios que ha recopilado: “Convierte al estatus y la clase social en algo más relevante para la persona: nos juzgamos más por nuestra posición social. Y también nos preocupamos más por cómo nos juzga el resto. Esos desvelos por la autoestima, por no dar la impresión de que la gente crea que eres estúpido o inferior, siempre empeora”. Al final, concluye, las afecciones se extienden al conjunto de la sociedad. “Mucha gente empieza a darse cuenta de que el contacto social es demasiado estresante, con lo que se retiran de la vida social. Y entonces surge la depresión y la ansiedad social”, explica.

Pero el apocamiento no es la única salida que encuentran los individuos. “Hay otra respuesta a la preocupación de cómo te juzga la gente, y es que empiezas a mostrar lo importante que eres: te conviertes en narcisista, mencionas constantemente en las conversaciones tus éxitos, pasas a ser más consumista, quieres la ropa adecuada, el coche adecuado… Puedes observar cómo la vida de la comunidad se deteriora con la desigualdad”, desgrana Wilkinson.

Otro aspecto destacado de las investigaciones de Wilkinson y Pickett es que no solo afectan a la población con menores ingresos, sino que también los más pudientes se ven salpicados. Aunque, eso sí, en un menor grado. “Los efectos son mayores entre los pobres”, empieza el académico británico, que a continuación dibuja con sus manos una línea imaginaria inclinada: “Si en una gráfica trazas una recta con buena educación y buena salud en un país a un lado y mala educación y mala salud al otro, lo que sucede con la desigualdad es que la línea pasa a ser más baja y más empinada”. Otros estudios demuestran que “hay un mayor estado de ansiedad en todos los grupos de ingresos, de los más altos a los más bajos”. Incluso el 10% más rico, sostiene, se preocupa más por cómo es visto y juzgado.

En este punto, el experto en epidemiología social recuerda que “la tasa de mortalidad entre la población blanca, pobre y de más edad de los Estados Unidos ha comenzado a aumentar”. Y lo mismo “el consumo de alcohol y los suicidios”. “Esa esa -abunda- una señal de desesperación e infelicidad”.

Como le ha sucedido Thomas Piketty, tampoco Wilkinton y Pickett se han librado de las críticas a su análisis. Hace unos meses, el psicólogo Steven Pinker recordaba que la teoría de ‘The Spirit Level’ es conocida como ‘la-nueva-teoría-para-todo-de-la-izquierda’. El antiguo profesor de la Universidad de Nothingham se defiende: “Cuando Pinker me critica, menciona un artículo; pero hay 300 o 400 artículos en las revistas académicas. Hemos hecho varias revisiones y apoyan muy mayoritariamente el cuadro que dibujamos”. Rechaza, además, que sean pioneros en sus argumentos: “Esto no es algo que hayamos empezado nosotros: los primeros artículos académicos que mostraron cómo influye la desigualdad en la salud y la esperanza de vida van tan atrás como los años setenta del siglo pasado”, dice tajante. “La gente reaccionó como si esto fuese algo creado por nuestra imaginación; es absurdo”, lamenta.

Wilkinson tiene una teoría sobre el origen de los ataques a sus estudios, y no es muy benévola. “Hay pocos entre los epidemiólogos; hubo, pero ya no. La mayoría de las críticas son políticas”, zanja. Y recuerda que ‘The inner level’ ha sido sometido a numerosas revisiones y nadie desdeña el método, sino las "soluciones" que proponen "para reducir la desigualdad”.

Al valorar los motivos por los que la desigualdad relativa va en aumento en el mundo, Wilkinson rechaza que influya la tecnología o las redes sociales -“se emplean de modo muy dañino, pero no creo que sea la causa de los problemas”- y pone el foco en el empleo. “Si observas las mejoras que se produjeron en el siglo XX, ves que hubo grandes avances en los años treinta que continuaron hasta los setenta. Y si contemplas la afiliación a los sindicatos, dibuja exactamente la dirección contraria. Creo que el aumento de la desigualdad está relacionado con el movimiento obrero”, enfatiza.

En la actualidad, como no cree posible “volver a fundar un movimiento obrero”, insta a cambiar el foco: “Debemos luchar contra las rentas más altas con todas las herramientas de la economía en democracia, desde emplear representantes en los consejos de administración de las compañías a más incentivos a las empresas que creen empleo”.

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