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Sociedad

Gastronomía

Una casita de chocolate para pasar la noche

Booking.com ofrece este dulce alojamiento, instalado en el exterior del Museo de Sèvres, en París.

Una casita de chocolate hecha realidad.
Una casita de chocolate hecha realidad.
Booking.com

La de Hansel y Gretel daba un poco de miedo, por aquello de que la bruja quería comerse a los niños. Pero la idea de vivir en una casita de chocolate es una fantasía hiperglucémica que suena muy bien. Solo que ya no se trata de una fantasía. Los amantes del dulce pueden cumplir su sueño en París.

Diseñada y realizada por el artesano chocolatero Jean-Luc Decluzeau, la casa tiene 18 metros cuadrados  y -casi- todo lo necesario para una jornada perfecta: chimenea, reloj, tazas y hasta una lámpara de araña. Y todo, incluidas las paredes y el techo, está hecho de chocolate. Una tonelada y media de este delicioso dulce se ha empleado en su construcción.

La vivienda, con capacidad para cuatro personas, está instalada junto a la casa de cristal 'L'Orangerie Ephémère', en los jardines del Museo de Sèvres de la capital francesa. Y como cualquier alojamiento turístico que se precie, está disponible en la web de Booking.com. Bueno, estaba, porque las dos únicas noches que la casa estará abierta (los días 5 y 6 de octubre) fueron reservados hace semanas por los usuarios más rápidos (y golosos) de la web de reservas.

Además de pasar la noche, los inquilinos tienen la oportunidad de participar en un taller con el propio Decluzeau, que les enseñará a hacer bombones con forma de chalet. Y habrá una cena y un desayuno servidos en el jardín de la 'vivienda'. Eso sí, la casita no dispone de cuarto de baño (aunque se ha instalado uno al lado), ni de wifi. Tampoco tiene aparcamiento y no admite mascotas.

Solo hay una condición para alojarse en ella: está prohibido comérsela. Aunque hay un consuelo, los responsables de la casa afirman que, a cambio de no caer en la (dulce) tentación, habrá chocolatinas disponibles hasta rozar el empacho.

Ah, y Booking no lo especifica, pero confiamos en que las camas no sean de chocolate.

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