Sociedad

Tercer Milenio

Ana Serrano, lo real y lo virtual

ACTUALIZADA 22/06/2018 A LAS 05:00
Ana Serrano, en el pasillo del edificio Ada Byron.
Ana Serrano, en el pasillo del edificio Ada Byron.
Guillermo Mestre

Habrá un día en que no sepamos distinguir entre el mundo real y el virtual. Lo vaticinó la ingeniera de Telecomunicaciones por la Universidad de Zaragoza Ana Serrano (Zaragoza, 1990) en estas páginas hace apenas unos meses, cuando la prestigiosa firma informática Adobe premió su trabajo de doctorado al considerarlo uno de los diez mejores del mundo en el área de la investigación computacional. Ahora la realidad ha vuelto a ponerla de actualidad: la multinacional Nvidia Inc. ha elegido su tesis doctoral entre 500 candidaturas de talentosos e innovadores estudiantes en el campo de los gráficos y las industrias de la informática de alto rendimiento. La aragonesa ha tocado la fibra sensible del líder mundial en la fabricación de unidades de procesamiento gráfico con su investigación, en la que analiza qué ocurre cuando metes a un usuario en la realidad virtual. Y lo ha estudiado desde los puntos de vista cognitivo y técnico: cómo procesa el cerebro esa información y qué propuestas puede dar desde el punto de vista técnico para aplicarlo en áreas tan relevantes como la medicina o la arquitectura. El resultado de su tesis ha permitido que Ana Serrano figure entre la decena de alumnos que ha logrado este premio de posgrado de la compañía de influencia internacional. Llama la atención la procedencia de los estudiantes laureados, porque son prestigiosas universidades en el campo de la computación: Harvard, Princeton, Stanford… De hecho, muy pocos europeos han logrado este premio en sus quince años de existencia. Y Serrano es la segunda española que lo obtiene, después de Belén Masiá, ingeniera industrial y doctora en Ingeniería Informática por la Universidad de Zaragoza. Ambas forman parte del equipo que dirige Diego Gutiérrez en el Grupo Graphics and Imaging Lab del I3A, un cerebro también aragonés al que recurre hasta la NASA. Desde los países preocupados por captar talento en vez de desparramarlo por doquier se preguntan cómo es posible que investigadores con tan escasos recursos sean capaces de aportar tanto a la ciencia y la innovación. Y también hacen apuestas sobre cuánto tiempo podrán seguir trabajando entre la sociedad que invirtió en su formación en un país donde el apoyo a la investigación es más virtual que real.

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