Sociedad

Heraldo Saludable

La teoría sueca del amor

La mitad de los aragoneses confiesa sentirse a veces solo y el desamparo está instalado en miles de hogares. Se ha convertido en un problema para la salud: el sentimiento de soledad prolongada aumenta un 36% el riesgo de muerte por el estrés y desgaste del organismo. Y los expertos alertan: "Cada vez hay más gente que está sola y serán muchos, muchos más"

Cuando el malogrado primer ministro sueco Olof Palme rubricó en 1972 el manifiesto ‘La familia del futuro, lo hizo cargado de buenas intenciones. Porque ponía sobre papel las líneas de una política estatal tan protectora, que daba un sostén tan resistente, que crearía finalmente relaciones familiares verdaderas. "Porque toda relación humana se tiene que sustentar en el principio de independencia entre las personas". Ningún adulto tenía que depender de otro por dinero:ni padres de hijos, ni hijos de padres, ni esposos entre sí. Y el Estado, a través de guarderías, equipos sociales, subsidios, pagas y residencias haría todo lo demás.

El resultado, según el documental La teoría sueca del amor, del italiano Erik Gandin, ha sido una sociedad tan individualista que sufre una peligrosa plaga de soledad: la mitad de las casas las ocupa una sola persona y el 25% de la gente muere sin compañía y nadie llega a reclamar su cuerpo. Algunos tardan meses en ser descubiertos y hay organizaciones que se dedican a buscar a los hijos de los ancianos muertos.

 No es el único país. Solo en el primer mes de este año, dos ancianos murieron solos en Aragón, sin que su cuerpo se descubriese durante días: la soledad está en alza en todo el mundo occidental, ya se la considera una epidemia cuyas consecuencias para la salud superan a las de la obesidad: el sentimiento de soledad prolongada puede incrementar el riesgo de muerte en un 26%, y en los casos de aislamiento real el porcentaje llegaría al 32%. Diez años de soledad de una persona mayor suponen hasta 7.000 euros más de gasto en el sistema sanitario y Gobiernos como el británico ya han puesto en marcha un Ministerio de la Soledad, para afrontar una epidemia que allí afecta a 9 millones de personas y que en España aún es mayor:diez millones de españoles confiesa sentirse solo con mucha frecuencia.

En Aragón las cifras son igual de elevadas: la mitad de los aragoneses confiesa haberse sentido solo el pasado año, según una encuesta elaborada por A+M para HERALDO. "Es un problema que se detecta continuamente, que se esconde porque nos da vergüenza reconocer que estamos solos. La sociedad nos obliga a ser felices, a sonreír, a mostrar dinamismo, fotos con amigos..., pero la soledad subjetiva, la que se siente incluso rodeados de personas, es un auténtico problema", considera la psicóloga aragonesa Eva María González, que ha constatado en su consulta cómo el aislamiento impregna todo tipo de emociones:ansiedad, depresión... "Se ha perdido comunicación de calidad, se persigue un individualismo y búsqueda de éxito personal por encima de cultivar relaciones. En resumen: nos aislamos más y más".

En Aragón, las instituciones buscan planes para atender a los 83.000 mayores de 65 años que viven solos. A los más de 10.000 hogares formados únicamente por mayores de 84 años... Pero, como advierte Albert Quiles, coordinador de la Federación Amigos de los Mayores, "a veces hay que poner las flores antes que el pan. Vale que esa asistencia es fundamental; esos trabajadores sociales, médicos..., son clave para esas personas. Pero, en realidad, cuando una persona está triste no solo necesita pan, también compañía, conversación, amor, proyectos... Y eso lo da su entorno".

Su federación acaba de aterrizar en Aragón, tras más de 30 años en Cataluña, con el fin de luchar contra la soledad y la marginación social en las personas mayores, "porque es el grupo más vulnerable, ya que tiene menos herramientas para luchar contra esta situación. Hablamos de personas de más de 85 años que no han buscado estar solas, que ni siquiera esperaban tener una vida tan larga. Han sobrevivido a sus parejas, hermanos, familiares, amigos... -enumera Quiles-. Pero más allá de cómo influye la esperanza de vida, los cambios sociales son los grandes responsables de esta epidemia de soledad: ya no tenemos una red de proximidad, no conocemos a los vecinos ni al tendero. Las personas ya no se sienten acogidas en su entorno de siempre porque la cultura de barrio casi ha desaparecido. Y en el futuro irá en aumento, porque el mercado laboral es más dinámico y las personas cambian de ciudad o incluso de país, lo que deja a sus padres sin compañía. Y también los emigrantes sufren altas tasas de soledad".

La tentación de desaparecer

Daniel Sánchez y Elaine Garrido son voluntarios en la Federación Amigos de los Mayores y acompañan a personas como Consuelo y Pilar, que tienen familia pero reconocen sentirse solas. Ni Consuelo ni Pilar han querido participar en el reportaje, "porque todavía hay cierta vergüenza a reconocer que se está solo", destaca Daniel Sánchez, de 28 años. "Sentirse solo parece sinónimo de fracaso, pasa lo mismo con la depresión. Y se oculta tras una fachada. Pero decir que estás solo es a veces el primer paso para cambiar algo:nuestros hábitos, que nos llevan a aislarnos. Son necesarias estas iniciativas, todas las que promuevan una comunidad más estrecha entre personas". Elaine Garrido, de 33 años, es natural de Chile y sabe lo que es la soledad del emigrante. «En mi caso, el voluntariado me ayuda a salir de mi aislamiento. Cuando tienes la necesidad de crear una nueva red de amigos y conocidos te das cuenta de lo difícil que es, de cómo la sociedad se ha cerrado y todos nos hemos convertido en invisibles. Nadie repara en el otro». (Para contactar con la Federación, se puede escribir al correo electrónico info@federacionamigosdelosmayores.org

Y luego está la llamada 'tentación de desaparecer', como la define el sociólogo francés Davie Le Breton. Las rutinas, la incertidumbre política y económica y la presión de la sociedad actual nos lleva a crearnos un personaje, una fachada cuyos vínculos son superficiales y se convierten en algo opcional. "Se impone la flexibilidad, la eficacia, la velocidad, la urgencia, hay que estar conectado, adaptarse, estar a la altura... y desaparecer es la mayor tentación contemporánea", asegura. A cambio, si enfermamos, si necesitamos ayuda, si morimos..., nadie va a reparar en nuestra ausencia. Ni nos tenderá la mano.

En opinión de la psicóloga Eva María González, «la constante búsqueda de la felicidad nos está dirigiendo, sin darnos cuenta, a esa soledad no deseada. Recibimos a diario un bombardeo de mensajes que promueven el individualismo, la búsqueda del placer personal, la competitividad... “Sé feliz. Haz lo te te guste. Solo se vive una vez”, nos dicen. No son mensajes negativos, pero generan una consecuencia contraria:sensación de fracaso, culpabilidad porque no estamos haciendo lo que nos gusta, porque tenemos obligaciones. Aveces puede venir bien un cambio, es verdad. Pero otras veces, para salir de esa culpabilidad, emprendemos un camino hacia el hedonismo y la realización individual a toda costa. Escapamos, nos aislamos..., es un camino muy lejos de la empatía, del saber escuchar, de estar con los demás, no solo junto a los demás».

Volver a hablar

Con el fin de saber cómo influye la falta de socialización en el desarrollo de enfermedades, el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, en colaboración con la Oficina del Mayor del Ayuntamiento de Zaragoza, ha puesto en marcha el proyecto 'Nos gusta hablar' en el centro de mayores de Santa Isabel. Se trata de un espacio donde cualquier vecino puede acudir para mantener una buena conversación. "El objetivo de los centros de mayores es promover el envejecimiento activo, con talleres, excursiones, grupos de actividades... 'Nos gusta hablar' lleva desde finales del año pasado y ha tenido mucho éxito:cada día se juntan hasta una docena de personas que se encuentran aquí para conversar, conocerse...", explica María Pérez, directora del centro.

"El objetivo es sacar de su casa y de su soledad a esas personas mayores que no tienen a nadie. Oque creen que no tienen ya con quien compartir su tiempo. La idea es reconectar, porque hablar es la mejor terapia", destaca Javier, quien junto a Vitorina, Antonio, Rosa, Pascual, Joaquín, Remedios, Maribel y Saturio aprovecha la tarde para compartir opiniones en el rincón 'de conversar'. Todos coinciden en lo largas que se pueden hacer las tardes tras la viudedad, lo complicado que es a veces reunirse con la familia, debido a los horarios laborales, "y cuánto han cambiado los barrios. Te asomas a la calle y no ves a nadie conocido", señala Rosa. "Los vecinos ya no son como antes. Por eso a veces tienes que salir de ese entorno y venir aquí -asegura, por su parte, Vitorina-. Cuando murió mi marido este centro fue un apoyo muy grande. Estar con gente, socializarse..., es la mejor terapia".

Hay que hablar, reunirse, quererse y apoyarse. "Podemos intentar suplir la falta de amor que se extiende en la sociedad, pero no siempre es posible. La falta de amor ya está creciendo, aumenta por la migración, por la falta de tiempo. Y pasará que se producirá en el futuro una enorme eclosión de necesidad de más servicios para atender a tanta, tantísima gente que se quedará sola", resume Alma López, trabajadora social de la empresa aragonesa de servicios de teleasistencia Atenzia. En 2017, el equipo del que forma parte López atendió 250.000 llamadas, unas 700 al día, pero solo un 4% se debió a una emergencia. El 96% estaba relacionado con la soledad y la necesidad de hablar, aunque sea con un operador. "Cuando empezamos en 1995 lo hicimos como empresa de Telealarma, pero detectamos que gran parte de las llamadas de los usuarios eran una alarma. Decían haber pulsado el botón "por error", y se ponían entonces a charlar. Esas llamadas escondían un problema de soledad", recuerda por su parte José Garcés, responsable de Atenzia. «Y decidimos cambiar la manera de trabajar, creamos las llamadas 'de seguimiento'. Nuestros trabajadores llaman a diario, o cada varios días, a los usuarios para preguntar cómo están, para felicitarles las fiestas o los cumpleaños, para preguntar qué tal fue esta u otra excursión. Gracias al equipo de coordinación, que toma notas y detecta quiénes necesitan más atención, hemos creado un sistema que ahora imitan otras empresas en el resto de España. Un servicio donde lo importante es escuchar bien y entender bien qué necesita esa persona al otro lado del teléfono. Para ellos es importantísimo e incluso vienen a visitarnos con dulces, para saber ellos cómo estamos nosotros».

Esa sería, según Alma López, la diferencia entre la teoría sueca y la teoría española del amor. "Tengo colegas suecos y noruegos que trabajan en los servicios sociales y a veces han mostrado su sorpresa porque un país moderno como España todavía mantiene un espíritu familiar. Aún conservamos esa necesidad de saber qué tal están nuestros padres, nuestros hermanos, primos, amigos... Llamamos, visitamos... Si hay un servicio de asistencia en España es porque la familia no llega, no para sustituir. El modelo nórdico, sin embargo, es muy diferente:allí el vínculo familiar es más frágil y se han sustituido esas relaciones. Ese vínculo familiar es clave, porque la asistencia puede cubrir las necesidades sociales, pero no cubre la falta de amor. Ojalá consigamos mantener esa red".

Y López dice que esos vínculos, esa relación familiar tan importante, «"omienza el día que naces. ¿Qué educación das a tus hijos, qué vínculos se crean con sus hermanos, primos, abuelos y tíos?¿Cómo tratan tus padres a sus propios padres, qué ejemplo estás viendo? Hemos de favorecer esos lazos, también con amigos y vecinos, porque solo nos ayudarán si ayudamos nosotros primero".

En la naturaleza

Alberto Hernández, presidente del Teléfono de la Esperanza en Aragón, señala que "la necesidad de relacionarnos sanamente con otras personas es algo propio del ser humano. Y solo si somos conscientes de esa necesidad podremos establecer un diálogo auténtico y cercano". En 2017 atendieron en la oficina aragonesa 5.771 llamadas, un 47% más que el año anterior, "y casi un tercio proceden de personas que viven solas o que tienen una escasa red de apoyo. No se trata de personas mayores, el grueso de contactos con nuestro teléfono lo realizan personas entre 36 y 55 años. En la mitad de los casos, el usuario solo quería hablar con alguien y desahogarse", enumera Hernández. "Cada vez son más frecuentes los casos de personas que durante más de un mes apenas tienen interacciones con familiares y amigos. Y lo necesitamos".

Es lo que Ángel Pueyo, profesor titular de Geografia y Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza denomina "llegar a la vejez con las alforjas llenas". En un reportaje para este suplemento sobre la sostenibilidad de las pensiones, Pueyo señalaba que "eso no siempre significa tener que acumular ahorros en el banco. Tenemos que llegar a la vejez ricos en recursos sociales, con buenos amigos, familia cercana, acostumbrados a colaborar y compartir. Con la crisis hemos visto lo importante que es la familia, cómo un abuelo ayuda a su hijo, a su nieto... Eso, en nuestra jubilación, será más importante que un plan de pensiones".

La soledad subjetiva se puede presentar a cualquier edad. También en la adolescencia, como indica Aroa Ortega, asesora psicológica en el CIPAJ y en la Universidad de Zaragoza. "Aunque en el caso de los adolescentes no es tanto la soledad, sino el miedo a estar solo lo que supone un grave problema. Se trata de una etapa de cambios en las figuras de apego:se sale del vínculo familiar y se busca un grupo de iguales. Si en ese tránsito se produce un fracaso (conflictos con amigos)surge el miedo. El problema es que ese miedo puede llevar a mantener relaciones poco sanas con parejas o amigos. No solo les sucede a los adolescentes, también a los adultos. Muchas situaciones de dependencia, ese aferrarnos a relaciones tóxicas se debe al miedo a estar solos. Y cuando continuamos con esa relación negativa en realidad nos abandonamos a nosotros mismos: tememos el abandono, tememos la soledad, nos abandonamos a nosotros mismos y ese camino nos lleva a quedarnos aislados. Aveces, intentando huir de la soledad nos quedamos más solos".

Aroa Ortega destaca que "los seres humanos somos irracionales. Nuestras emociones son esenciales para vivir. Y existe una consecuencia inmunológica directa cuando existe una carencia de apoyo emocional. Por eso, aunque la sociedad actual lleva a una individualización, aunque se nos exige competir y dar una excesiva importancia al yo para triunfar, nos encontramos después con una angustia tremenda en la sociedad. Una ansiedad horrible precisamente por haber cedido y haber dado esa excesiva importancia al yo. Debemos potenciar la participación colectiva, la empatía, los valores y las vivencias en comunidad". De hecho, la comunidad, la vida en sociedad y las relaciones entre personas forman parte de nuestra propia supervivencia.

Para la salud

«La carencia de relaciones sociales cara a cara es factor de riesgo para la salud. Y tienen que ser en persona, no por redes sociales», resume el doctor Pedro Marijuán, que lidera el grupo de Bioinformación del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS). Han presentado los resultados de su estudio sobre el 'sociotipo', término que se refiere a la naturaleza social, a cómo cada persona se establece o intenta establecerse dentro de la sociedad. Porque las relaciones cara a cara activan áreas cerebrales y dan una recompensa neuronal, algo que las redes sociales no pueden aportar. "Y les ocurre a muchas especies, no pueden sobrevivir en absoluta soledad. Ni la mosca de la fruta. Se necesita una interacción y contar con un entorno social. En chimpancés sería de entre 20 y 30 individuos;en gorilas, entre 15 y 30. El ser humano se desarrolla en un entorno de 100 a 150 personas entre familiares, amigos y conocidos». Desde el IACS, el equipo de Marijuán ha creado un test que ya aplica el Instituto Aragonés de Servicios Sociales en sus programas de asistencia a dependientes e inserción, «y en él se pregunta sobre aspectos de la relación, sobre la risa en la familia, los ratos de conversación que tiene. Y así se puede determinar si existe un problema de aislamiento".

En general necesitamos hablar cuatro horas al día. Cara a cara. Por eso la viudedad es un problema, "porque perdemos dos tercios de nuestro sociotipo. Ahí puede darse un problema de soledad que es necesario tener en cuenta. También si existe un problema laboral se puede resentir nuestro sociotipo". Cada persona tiene una necesidad social diferente:los hay que precisan un mayor número de familiares y otros cuyo sociotipo se basa, sobre todo, en los amigos. "Cuando se resiente uno de ellos llega el problema", asegura Marijuán. "Y en la sociedad en la que vivimos nuestro tiempo de comunicación es muy limitado. Parece amplio, pero no tenemos mucho tiempo para ese cara a cara, esas risas con la familia, con los amigos... Por ello, hay que aprovecharlas al máximo y no sustituirlas por el móvil o las series de televisión. Al principio quizá no lo notemos, pero a la larga perderemos una buena parte de nuestro bienestar".

Y propone crear puntos de conversación. "Que el proyecto 'Nos gusta hablar' esté en cafeterías, bares, centros... Que rompamos el hielo, hablemos y nos conozcamos. Que volvamos a ser sociales. Y a reír con los nuestros".

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