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Los opioides, un problema de salud en el punto de mira de Sanidad

La expectativa (tanto del médico como del paciente) de eliminar totalmente el dolor lleva a una escalada de uso de diferentes fármacos a dosis cada vez más altas 

La Sociedad Española del Dolor defiende el consenso entre los médicos, las autoridades sanitarias y los pacientes para un uso correcto de los opioides en el tratamiento del dolor.
La Sociedad Española del Dolor defiende el consenso entre los médicos, las autoridades sanitarias y los pacientes para un uso correcto de los opioides en el tratamiento del dolor.
HLA Montpellier

España es el octavo país del mundo en consumo de opioides y el tercero de fentanilo, un analgésico similar a la morfina aunque 100 veces más potente. El aumento exponencial de su uso, más allá de las indicaciones autorizadas, ha llevado a Sanidad a querer ponerle coto en pacientes no oncológicos.

El empleo de opioides está bien establecido y es aceptado para el tratamiento del dolor intenso en estos enfermos y también en cuidados paliativos o terminales y en el dolor postoperatorio con tratamientos a corto plazo.

Pero el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas han optado por revaluar el papel de estos fármacos en el tratamiento del dolor crónico de tipo no oncológico, sobre todo porque no hay evidencia científica suficiente sobre su efectividad a largo plazo, y también por los potenciales efectos adversos y el aumento progresivo de los problemas de adicción que conllevan.

Lo han hecho ante el incremento "exponencial" de su uso para aliviar el dolor crónico más allá del cáncer con el riesgo de adicción que ello conlleva: en los últimos siete años, el consumo de analgésicos en general ha aumentado de forma que las dosis diarias han pasado de 3,57 a 5,42, casi un 52 % más.

Así consta en el 'Plan de optimización de la utilización de analgésicos opioides en el Sistema Nacional de Salud' elaborado por la Comisión Permanente de Farmacia al que el Consejo Interterritorial dio luz verde la semana pasada.

Una herramienta, valoró entonces la ministra de Sanidad, Carolina Darias, para "evitar el uso inadecuado de estos medicamentos" con un enfoque "preventivo y transversal" porque, justificó, "hay preocupación" por el incremento de su uso, aunque no sea tan elevado como en Canadá y Estados Unidos.

Preocupa especialmente el fentanilo, el principio activo más empleado en España y en toda la UE: la cifra de envases facturados de esta sustancia ha subido en los últimos cinco años un 39,6 %, se ha incrementado un 52,12 % en importe y un 33,6 7% en el número de dosis diarias.

La vía de administración transdérmica es la más común en el Sistema Nacional de Salud, representando más del 80 % respecto a otras formas.

Según datos recientes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) citados en el documento, los nuevos usuarios de fentanilo de liberación inmediata en España han aumentado notablemente durante el período 2012-2017, en el que las dosis dispensadas por cada 10.000 habitantes al día han pasado de 2,1 a 3,8.

La tasa de incidencia y prevalencia incrementaron en un 53 % y 74 %, respectivamente; en este periodo, los pacientes sin diagnóstico de cáncer representaron un 27 % de los nuevos usuarios de estos medicamentos, sobre todo mujeres, con un diagnóstico mayoritariamente asociado a alteraciones musculoesqueléticas.

En España, un 32% de la población adulta sufre algún tipo de dolor; en su modalidad crónica, la incidencia se calcula entre un 11 y un 17 %, según los datos más recientes de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

De acuerdo con la Encuesta Europea de Salud del año 2020, las patologías más prevalentes que lo provocan son la artrosis (56,17 %), dolor lumbar (31,16 %), dolor cervical (27,38 %) y migraña o dolor de cabeza (5 %), mientras que la SEN calcula que entre un 6 y un 8 % de la población española sufre dolor neuropático, un 77 % de manera crónica.

"En muchas ocasiones -argumenta-, la expectativa (tanto del médico como del paciente) de eliminar totalmente el dolor lleva a una escalada de uso de diferentes fármacos a dosis cada vez más altas que pueden desembocar en daños para el paciente sin conseguir el objetivo terapéutico deseado".

Ante este panorama se ha diseñado este plan que se sustenta en cinco ejes: optimizar la prescripción; mejorar la utilización y potenciar el seguimiento farmacoterapéutico; optimizar el manejo de la adicción, mejorar la comunicación a los pacientes, sensibilizar y concienciar a la población y hacer seguimiento y vigilancia del consumo.

Y se ha marcado unas líneas de actuación que van desde la elaboración de un decálogo de recomendaciones sobre el uso de opioides para el tratamiento del dolor crónico no oncológico a nivel nacional al establecimiento de indicadores comunes de adecuación de la prescripción y consumo (especialmente fentanilo, oxicodona, tapentadol y politerapia con benzodiazepinas, antidepresivos o gabapentinoides).

También la valoración y estratificación pacientes por riesgo de abuso, adicción y sobredosis y la revisión de las condiciones de financiación de fentanilo de liberación inmediata.

En este sentido, considera adecuado modificar las condiciones de financiación en las presentaciones por vía nasal y bucal mediante la figura del visado, que se aplicará a nuevos tratamientos, no a los actualmente vigentes. 

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