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El abuso de fármacos: un hábito extendido con riesgo real para la salud pública

El consumo de medicamentos ha aumentado notablemente desde el año 2000, una tendencia que entraña peligros como las adicciones o la aparición de resistencias entre las bacterias a las que deben combatir.

El aumento del 35% en el consumo de antibióticos entre 2000 y 2015 (según el Centro para la Política, Economía y Dinámica de las Enfermedades).
El aumento del 35% en el consumo de antibióticos entre 2000 y 2015 (según el Centro para la Política, Economía y Dinámica de las Enfermedades).

El aumento del 35% en el consumo de antibióticos entre 2000 y 2015 (según el Centro para la Política, Economía y Dinámica de las Enfermedades) o el del 79% en el de opiáceos entre 2000 y 2017 (tal y como apunta la Agencia Española del Medicamento) son datos que ponen de relieve una realidad preocupante: el consumo abusivo de fármacos en el país, una tendencia que entraña diversos riesgos como la aparición de resistencias entre las bacterias a las que deben combatir.

Una circunstancia, esta última, producida por el uso indebido y excesivo de antimicrobianos como los antibióticos y que, según un reciente informe de Naciones Unidas, podría provocar que "para 2050 las enfermedades resistentes a los medicamentos causasen hasta diez millones de muertes cada año". "Se necesita una acción inmediata, coordinada y ambiciosa para evitar una crisis de resistencia a los medicamentos potencialmente desastrosa", recoge el texto, que añade que al menos 700.000 personas mueren anualmente por infecciones farmacoresistentes, además de que cada vez más enfermedades que hasta hace poco eran "comunes" se están convirtiendo en "intratables".

Por otro lado, el consumo abusivo de los opiáceos por parte de la sociedad tiene como principal consecuencia el aumento de las adicciones. Su uso ha pasado del 9,9 por cada 1.000 habitantes en 2010 al 17,7 en 2017. Pese a que se trata de un incremento destacado, más lo son sus efectos, ya que cada vez más pacientes de algunas áreas como la Unidad del Dolor son derivados a Psiquiatría debido a la dependencia que les provocan estos medicamentos. Según indican los últimos estudios, el porcentaje del desarrollo de consultas de riesgo está entre el 1% y el 5%. Dada esta situación, el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas han decidido crear un grupo de trabajo "para evaluar y mejorar la utilización de los opiáceos, especialmente los que tienen más riesgo de causar dependencia y adicción". Esta iniciativa, que se suma a las diferentes medidas institucionales existentes, es un impulso para combatir esta coyuntura. Sin embargo, los expertos señalan que son necesarias más acciones destinadas al consumo responsable, al fomento de la investigación y al desarrollo de tecnologías que combatan las resistencias.

A su vez y entre las causas de todo este uso excesivo, los médicos de Atención Primaria apuntan a aspectos como el envejecimiento de la población, la presión que hay en las consultas de los profesionales con agendas saturadas y la tendencia a la automedicación que tienen algunas personas.

Los desafíos de una tendencia peligrosa para nuestra salud

"Los antibióticos suponen uno de los mayores hitos de la historia de la medicina, pues han permitido logros como curar enfermedades que hasta ese momento eran mortales o salvar la vida de pacientes inmunodeprimidos e incluso de niños prematuros, pero la resistencia que existe con respecto a estos es una realidad y un problema mundial de salud pública que implica tanto a pacientes como a profesionales sanitarios y que es preciso resolver cuanto antes", apunta Mercedes Arias, vocal de Atención Farmacéutica del Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza.

A este respecto, Arias destaca el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos, que pretende reducir el consumo de estos fármacos y disminuir la necesidad de utilizar estos tratamientos en medicina humana y veterinaria a través de acciones como la mejora de la formación de los profesionales sanitarios en materia de resistencia o el fomento de la educación sanitaria en la ciudadanía a través de diversas campañas y plataformas.

Cabe destacar, no obstante, que entre 2016 y 2017 el ámbito de Atención Primaria registró una bajada del 4,78% en el consumo de antibióticos, "una noticia buenísima que refleja la voluntad de revertir esa tendencia ante la problemática existente", sostiene la profesional. "Además de aumentar los controles, lo que hay que hacer es educar y formar a la población, darle mensajes claros como que los medicamentos solo pueden ser dispensados en la farmacia y con receta y que hay que usarlos adecuadamente. Es preciso respetar los horarios de las tomas y finalizar el tratamiento cuando corresponda se noten o no mejorías, porque ahí es cuando se crea el problema. Existe una falsa creencia que dice que el paciente se hace resistente, pero la resistencia la presenta la bacteria cuando aprende a rechazar al antibiótico. Un uso incorrecto que además de acarrear riesgos personales también supone peligros para toda la comunidad y conlleva un gasto sanitario considerable", indica Arias.

Ante la posibilidad de que se implementen cambios en la elaboración de los medicamentos, la experta sostiene que, aunque la investigación sea clave en este ámbito, si no se lleva a cabo un correcto uso, "las bacterias siempre crearán resistencias". En cualquier caso, no todas las noticias sobre este tema son negativas: "Hemos observado en los últimos años una evolución, que la población está más informada y que, en general, se asume que el antibiótico tiene que ir con receta. Ahora cada vez se piden menos medicamentos de este tipo", expone la vocal del colegio de farmaceúticos.

Asimismo, añade que desde el organismo se está lanzando una encuesta elaborada en colaboración con médicos y microbiólogos a los profesionales de Zaragoza en el marco de la Estrategia Irasproa (Infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria–Programa de optimización del uso de antibióticos) con el fin de identificar las barreras para lograr una correcta dispensación y uso de estos fármacos.

Del consumo a la dependencia

El dolor, la depresión o la ansiedad son algunas de las principales patologías que explican el aumento del consumo de determinados fármacos en las sociedades avanzadas. Algo que se observa en el uso de opiáceos legales que, pese a que no llega a niveles tan alarmantes como los que se registran en EE.UU., donde mueren casi 200 personas al día por sobredosis de estos fármacos, resulta muy preocupante en España. "El aumento de opiáceos en la Unidad del Dolor se debe a que no se han considerado los aspectos emocionales y desde Psiquiatría estamos viendo las consecuencias directas de este abuso, que deriva en problemas de adicción. Lo mismo que ocurre con los tranquilizantes, cuyo uso ha aumentado mucho", explica el presidente de la Sociedad Aragonesa y Riojana de Psiquiatría, Alfonso Pérez. Una problemática que no ha pasado inadvertida para las autoridades.

Así, desde el Ministerio de Sanidad se ha creado una comisión de investigación con la colaboración de las comunidades para intentar determinar las causas de este aumento de la dependencia –además, se quieren elaborar unas guías sobre la correcta utilización de estas sustancias y un pacto terapéutico con el paciente para conocer su historial clínico y en el que quede firmado que si hace un uso indebido del tratamiento este le puede ser retirado–.

Unos avances que buscan frenar esta tendencia que, para Pérez, se debe a un problema social: "Los ciudadanos e incluso los profesionales tiran mucho de este tipo de soluciones farmacológicas que, en ocasiones, están contraindicadas, ya que los opiáceos o tranquilizantes son medicaciones muy potentes y bien diseñadas a las que se recurre cada vez que se está nervioso o se tiene alguna dificultad, aun siendo su uso prescindible", expone el doctor.

"La función principal del médico es escuchar al paciente y aclararle lo que está sucediendo, porque este no sabe si tiene un problema grave o si se trata de una crisis. La solución no está siempre en dar pastillas o en derivar a otro especialista. En ocasiones, solo se trata de problemas de la vida y la clave está en tranquilizar a las personas", analiza el presidente del ente, quien también resalta que esto no debe derivar en corrientes antimedicación, ya que hay trastornos mentales graves que sí que la requieren. "Es importante intentar dar respuestas para que las personas no recurran a otros tipos de terapias alternativas. Unos métodos que aseguran poder curar prácticamente todo, no tienen ninguna validez y ponen en riesgo la salud, llegando incluso a causar muertes", explica Pérez.

Pese a que las consecuencias del consumo masivo de opiáceos son de sobra conocidas, destacando la adicción que provoca, las soluciones a esta problemática no se dibujan tan claras. Para el presidente de la sociedad, pasan por dos medidas claras. En primer lugar, que los médicos de familia tengan más tiempo para poder pasar consulta. "Esta reivindicación se lleva pidiendo más de diez años y es esencial para poder dar un diagnóstico preciso y no caer en la sobremedicación", apostilla. En segundo lugar, el psiquiatra señala la importancia de que España "se tome en serio el problema de las adicciones". "Pese al gran índice dependencias que hay, algunas de ellas generadas por la propia medicina –muchos opiáceos que se utilizan son 100 veces más potentes que la heroína–, no hay ninguna unidad de drogas y se deja todo en manos de las asociaciones", afirma Pérez.

Asimismo, el médico destaca que es importante que se rompan los estigmas: "Es muy común culpar a los psiquiatras del aumento del consumo de estas medicaciones, sin embargo, nosotros somos los encargados de quitarlas en los pacientes".

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