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Cuando comer fuera de casa no está reñido con la dieta saludable

¿Es malo comer en ‘tupper’ de plástico todos los días? ¿Puede afectar a la salud? ¿Es mejor un envase de cristal? Los expertos desmienten bulos y creen que no existe riesgo si se usan recipientes homologados.

Seis de cada diez españoles comen fuera de casa, de los cuales cerca del 40% lo hacen en ‘tupper’.
Seis de cada diez españoles comen fuera de casa, de los cuales cerca del 40% lo hacen en ‘tupper’.
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Los empleos a jornada partida, los múltiples compromisos o las actividades que inundan las agendas de la mayoría de los ciudadanos a diario han cambiado por completo las rutinas que eran comunes hasta hace solo unos pocos años. Este nuevo modo de vida ha hecho que, sobre todo en las grandes ciudades, donde los traslados suponen una mayor pérdida de tiempo, cada vez más personas coman fuera de sus hogares y recurran a la tan popular fiambrera.

Tanto es así que, según un estudio de la Federación de Usuarios-Consumidores Independientes (FUCI), seis de cada diez españoles comen fuera de casa, de los cuales cerca del 40% lo hacen en ‘tupper’. Un aumento del consumo que afecta a la alimentación. La falta de tiempo ha hecho que la venta de platos ya preparados haya crecido, tanto en grandes superficies como en establecimientos especializados en estas propuestas. Unas opciones que, en algunos casos, pueden resultar pobres a nivel nutricional, teniendo un exceso de grasas, azúcares o conservantes, y que pueden hacer que resulte más complicado seguir una dieta equilibrada.

Por otro lado, uno de los problemas más comunes de aquellos que deciden preparar su propia comida es la falta de variedad. La necesidad de tener que pensar el menú diario para tenerlo listo con antelación puede hacer que se caiga en la monotonía y se preparen siempre los mismos platos. Sin embargo, las posibilidades reales son muy amplias, pues el auge de la comida para llevar ha aumentado la creatividad y el interés por la búsqueda de recetas que resulten atractivas y sabrosas, convirtiéndose estas en la temática principal de cientos de libros por todo el mundo.

Pese a que el consumo de comida en ‘tupper’ se ha incrementado en gran medida, no lo ha hecho exento de polémica. Las cuestiones sobre si estos envases contienen sustancias tóxicas que pueden contaminar los alimentos y resultar nocivas para la salud son algunas de las más repetidas en los buscadores y protagonizan cientos de ‘fake news’. Unas polémicas que han aumentado por el auge de la conciencia ecológica, que ve en los componentes de los recipientes de plástico una fuente de contaminación. Esta preocupación creciente y el mayor rechazo ante este material por su uso indiscriminado y la mala gestión de sus residuos, que tiene consecuencias directas sobre el medioambiente, ha llevado a diversos expertos a buscar alternativas, como el desarrollo de opciones más sostenibles y biodegradables o el regreso a los clásicos recipientes de cristal.

El ajetreado ritmo de vida de las sociedades modernas tiene una notable influencia en la alimentación. El hecho de que –según los últimos datos publicados por la Encuesta Nacional de Salud– más del 54% de los españoles sufra sobrepeso y obesidad se refleja en las comidas que se ingieren diariamente, más si cabe en las que se toman fuera de casa, ya sea en establecimientos o en el lugar de trabajo. En este último caso, a menudo se hace de manera apresurada, a lo que hay que unir que buena parte de las personas que comen en la oficina no suelen perder mucho tiempo en su preparación, lo que lleva a que las dietas no sean equilibradas ni, por tanto, saludables.

No obstante, cabe destacar las ventajas que tiene comer de ‘tupper’, entre las que se encuentran el ahorro económico y la posiblidad de adaptar el menú a los gustos y necesidades alimenticias de cada uno. Una tendencia en auge debido a la cual numerosos establecimientos de comida precocinada con propuestas saludables e innovadoras están cosechando un gran éxito entre la población.

La dietista y nutricionista Yoana Terés señala que comer en estos envases "dietéticamente es una opción que para nada está reñida con llevar una dieta saludable". "Eso sí, hay que echarle algo de imaginación para que los envases no vayan cargados con los mismos alimentos día tras día", apunta la experta, que añade que otro de los aspectos más importantes a tener en cuenta en este sentido es el hecho de disponer de unos minutos para realizar y disfrutar la comida en una sala habilitada para ello, "y no en la misma mesa de trabajo pues, la mala práctica de comer en el lugar en el que se desempeña una labor profesional suele ocasionar que se coma más rápido, un mal hábito que cuesta mucho revertir".

La tipología de los envases

El uso del plástico está siendo cuestionado en la actualidad por los problemas que genera su uso indiscriminado y por la mala gestión que a menudo se hace de sus residuos. Una tendencia que no ha estado exenta de sufrir ‘fake news’ que falsean los efectos que estos envases pueden tener sobre los alimentos que contienen y, a su vez, sobre la salud de la persona que los consume. El argumento más común de este tipo de noticias es que algunos de los aditivos añadidos al plástico en su fabricación pueden pasar a los alimentos que después se introducen en el producto final.

A este respecto, el catedrático del departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza y miembro del grupo de investigación de Cristales Líquidos y Polímeros del Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón, Luis Oriol, señala que aunque los materiales plásticos contienen aditivos y eso significa que podría haber una migración al alimento cuando se ponen en contacto, "si se utilizan recipientes aptos para calentarlos en el microondas hay que estar tranquilos". "Es algo que está muy controlado y muchos de estos recipientes ya están etiquetados para que puedan emplearse así, pues tienen una composición tal para que no se calienten en exceso y no se produzca esa migración, de forma que esa acción no entrañe riesgos. Normalmente los plásticos que se emplean para esto son poco polares y el efecto de la migración queda minimizado. Me cuesta pensar en uno que pueda producir un traslado de un elemento tóxico como algo peligroso para la salud», apunta el docente, que añade que lo conveniente es recurrir a los materiales indicados para estos usos, entre los que destaca el polietileno y el polipropileno, «que se calientan poco, están poco aditivados y son seguros".

Yoana Terés, por su parte, incide en la importancia de no confundir "cualquier recipiente de plástico con un ‘tupper’". "Para saberlo, nada más fácil que mirar la base del recipiente y observar los símbolos que la normativa europea obliga incorporar. El símbolo de la copa y el tenedor indica apto para comida y el de rayas en zigzag señala que es apropiado para calentar en microondas. Si se atiende a estos distintivos no se debe temer a la migración de sustancias desde el plástico a los alimentos", expone la dietista y nutricionista, que agrega que con los envases de cristal no se han de tener estas precauciones, pues es un material apto para todos los electrodomésticos, aunque son más pesados al transportarlos.

Ante el creciente rechazo que está generando el uso de los plásticos, cada vez más personas están optando por emplear envases de vidrio para transportar su comida. No obstante, Oriol pone de manifiesto que el principal problema en este sentido viene de que se emplea mucho plástico para usos muy cortos. "No tiene sentido utilizar tantas bolsas, porque, al ser un material pensado para unos minutos, llegamos a casa y las eliminamos. Por ello, se debería hacer un esfuerzo y usar solo lo imprescindible, reducir y reciclar", explica el catedrático.

Sin embargo, cada vez hay un mayor consenso en la sociedad sobre la necesidad de desechar este tipo de envases, que tardan una media de 500 años en degradarse, un tiempo durante el cual pueden pasar a formar parte de la cadena trófica de las especies marinas, pudiendo ocasionar su muerte por obstrucciones intestinales o intoxicación. "La cuestión más importante se centra en la contaminación de los oceános, pues se generan micropartículas de plásticos que los peces ingieren y que luego pueden entrar a nuestro organismo si nosotros nos comemos a esos animales. Pero hay que analizar bien cuál es esa toxicidad. Y ahí está la clave del asunto, en gestionarlo adecuadamente, pues estos recipientes se pueden usar varias veces y cuando se degradan, hay que tirarlos al contenedor adecuado para que se les pueda dar una segunda vida ya que, como mínimo, del plástico se recuperará energía. Además, ya se está trabajando en alternativas biodegradables u otros plásticos que se obtienen a partir de fuentes naturales, lo que hace que toda esa industria sea más sostenible", afirma Oriol.

Una serie de acciones que van en la línea de los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, con los que se pretende poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia y hacer frente al cambio climático. "Decir que el plástico es contaminante es gratuito, pues al final quienes contaminamos somos nosotros. Es preciso que vayamos en esa dirección, renunciando además al plástico que proviene de los combustibles fósiles y buscando alternativas que no dependan del sector petroquímico, aunque renunciemos a parte de nuestro confort", concluye el profesor.

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