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Salud

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Miedo a volar: qué es y cómo afrontarlo

Se trata de una de las fobias más comunes y que más limita a la hora de elegir el destino vacacional.

Una nave toma tierra en el aeropuerto zaragozano
Aeropuerto de Zaragoza
Guillermo Mestre

Con la llegada de las vacaciones, dónde pasarlas se convierte en una de las dudas más frecuentes. Para decidirlo, en algunos casos, al factor económico y de tiempo se suma otro impedimento: el miedo a volar.

Ansiedad, pánico, angustia o malestar intenso son algunos de los síntomas que experimentan quienes padecen este trastorno. Los fóbicos a volar en avión suelen temer uno o más de los siguientes aspectos: la posibilidad de tener un accidente, estar encerrado en un sitio pequeño, la inestabilidad del avión, la altura, no tener el control o perderlo -gritar, volverse loco, desmayarse, sufrir un infarto-, tener un ataque de pánico o "montar una escena" en público.

"El miedo es la emoción que nos salva la vida, que nos ayuda a vivir mejor, pero puede convertirse en algo disfuncional. Las personas que sufren de miedo a volar son aquellas que tienen miedo a que les atrape el pánico en alguna de las situaciones que tengan que ver con el avión", explica el psicólogo Jorge López Vallejo.

Estas personas acaban repitiendo comportamientos que agravan su problema. La evitación es una de las conductas más habituales que, lejos de ayudar a calmar la ansiedad, genera una mayor sensación de incapacidad para enfrentarse a esta situación.

Intentar tenerlo todo bajo control incrementa el miedo. Focalizar la atención en cada uno de los aspectos del vuelo para controlarlo provoca que aparezcan un mayor número de pensamientos negativos.

Nadie puede superar el miedo por quien lo padece. Sentirse protegido a través de la presencia de otra persona conocida en el vuelo genera dependencia y limita la libertad de quien sufre este problema. "El miedo es una percepción individual. Si uno pide ayuda y se la dan, confirman que no son capaces de hacerlo por sí solos", comenta el psicólogo.

Tomar ansiolíticos o alcohol antes del viaje también agrava el problema. Aunque el consumo de estas sustancias provoca una disminución de la percepción del miedo, se trata solo de 'parches' que no consiguen erradicar la fobia sino cronificarla.

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