Opinión
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Por
  • Pedro Rújula

IA

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Hoy es la inteligencia artificial (IA), como en otro tiempo fueron Google o las redes sociales. La situación no es del todo nueva. En realidad, llevamos mucho tiempo conviviendo con máquinas que toman decisiones por nosotros, que no es sino una forma sutil de pensar por nosotros. 

Puede parecer que solo nos están ahorrando ese trabajo. Pero son ellas las que realizan las operaciones mentales, y no nosotros. Nos estamos acostumbrando a dejar que las máquinas hagan no solo nuestro trabajo físico, sino también el mental. Nos orientan, eligen, sugieren, inducen a creer e, incluso, nos corrigen cuando, torpes humanos, nos equivocamos. Es verdad que detrás de esas máquinas hay hombres que sí que deciden, pero no estoy muy seguro de que los intereses de los que programan las máquinas y los nuestros sean muy coincidentes. Así pues, entre hombres que programan máquinas sin tenernos en cuenta y máquinas que deciden por nosotros, la función de pensar por uno mismo está hoy bastante devaluada. La inteligencia artificial supone un nuevo reto a la autonomía del ser humano porque ofrece resultados de un nivel medio muy aceptables. Mejores de los que obtendría en funciones similares una buena parte de la población. Con el tiempo, en los estándares, serán imbatibles. Nos perderemos, eso sí, el genio, la originalidad que nace del fondo de misterio que envuelve el alma humana. Y, entre tanto, seguiremos dedicando cada vez más tiempo a dialogar con máquinas diseñadas para mantener entretenidos nuestros sentimientos y alejados del sencillo, y tan humano, arte de pensar.

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