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Un pequeño gran símbolo

Por
  • Mariano Gállego Palacios
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 23/06/2022 A LAS 05:00
Plaza del Torico en Teruel durante el estado de alarma.
Un pequeño gran símbolo
Antonio García

Esperas un enorme astado, un torazo fiero, y te encuentras con el Torico, chiquitico y entrañable. 

Desde su atalaya, allá arriba encima de un gran pedestal, domina la bella plaza rodeada de soportales y edificios modernistas que marca y distingue el centro histórico de Teruel, que lleva el toro hasta en su propio nombre. El contraste con lo que imaginabas impacta y fascina a un tiempo. Comprendes de un vistazo la esencia fuerte y amable de la vecindad de una capital menuda y dura acostumbrada a los rigores. Es una curiosa sensación compartida con otros de fuera de Teruel al comentar impresiones de cuando conocimos por primera vez un monumento tan cargado de simbolismo. Supongo que por eso me llevé las manos a la cabeza el pasado domingo –como casi todos, seamos o no de Teruel– al ver las imágenes del Torico roto por los suelos. Y nos emocionamos con la fotografía del operario que rescataba delicadamente la escultura dañada estrechándola entre sus brazos.

Es sorprendente cómo depositamos en símbolos tan menudos semejante cantidad de sentimientos. Tal vez eso explique que la controversia generada por este suceso, ocurrido en el colofón del Congreso Nacional de Toro de Cuerda, alcance también amplias dimensiones, pues se produce en el emblema de la Vaquilla y a pocos días del inicio de esas fiestas, cuando está previsto que dos peñistas anuden el pañuelo al Torico o a la réplica que dé tiempo a colocar.

Lo inquietante de la polémica que rodea el asunto es que por un lado, de las muchas explicaciones que se están dando se infiere que alguien no previó adecuadamente los riesgos de atirantar 23 sogas en una argolla de hierro anclada al pilar, sujeción que, según se ha reconocido, no se encontraba en las condiciones óptimas de seguridad. Por otra parte, y a toro pasado, nunca mejor dicho, los responsables del Patrimonio aragonés aducen ahora que esa operación requería autorización previa. Bien. ¿Alguien supervisó los preparativos por muy temporal que fuera la intervención?

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