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Opinión

la firma

Solidaridad autonómica

ACTUALIZADA 21/06/2020 A LAS 02:00
Gobierno y autonomías se ven las caras hoy en el Senado por la pandemia
Gobierno y autonomías reunidos en el Senado.
Ballesteros

La llegada de la ‘nueva normalidad’, que nos obliga a convivir con la incertidumbre, también pondrá a prueba el modelo autonómico y la solidaridad entre comunidades al hacer descansar en los gobiernos regionales las próximas decisiones.

La desescalada hacia el decaimiento del estado de alarma parece habernos otorgado la condición de deudores agradecidos con nuestros gobernantes. Pese a que aún no se ha restituido todo lo que la pandemia nos quitó, cada fase, cada paso hacia la ‘nueva normalidad’, ha venido acompañado de una teatralidad que en ocasiones convertía en graciosa concesión el progresivo alivio de un confinamiento que, conviene no olvidar, adquiere plena dimensión al recordar los miles de muertos y las pérdidas millonarias. Desde hoy tenemos libertad para viajar, movernos y disfrutar de la vida con mascarilla; siempre acompañados de una profunda anormalidad que la prudencia obliga a tolerar de buen grado. La distancia de seguridad se incorpora a nuestra cotidianidad, al igual que la incertidumbre sobre el giro de la pandemia y sus temidas consecuencias que parece podrían corregirse con la dexametasona.

Nos sumergimos por completo en la incertidumbre, en un presente dominado por la duda y por una agitada convivencia con el cortoplacismo, una alternativa contraria a la construcción de algo tan natural como son nuestros planes profesionales y familiares. La crisis económica de 2008 ya introdujo la falta de visibilidad como una variable a tener en cuenta en la toma de decisiones, pero como explicaba el filósofo Javier Gomá en las páginas de opinión de HERALDO, "en el futuro nos dominará más que nunca la sensación de fragilidad, desconcierto y buena o mala ventura de la que está tocado todo ser humano y desarrollaremos un arte para convivir con esa incertidumbre. Incluso recordaremos esa gran verdad que dice que la conciencia de la vulnerabilidad de nuestra condición, puesta en peligro mortal, es la que hace brotar los bienes que hacen la vida digna de ser vivida". Demos, pues, la bienvenida a la incertidumbre y también a la velocidad, a la particular carrera por ser los primeros en el aprovechamiento de las oportunidades y a la aparición de la ventaja que descubre ser más rápidos que el resto. Lo veloz, nacido como consecuencia inversa a la falta de reacción padecida durante la pandemia, se ha convertido en valor, en todo un atributo que interesadamente definirá al buen gobernante. Porque la aceptación de la excepcionalidad, de la emergencia como modelo de gestión, ha pasado a convertirse en característica política. ¿Alguien duda del acierto de Núñez Feijóo al levantar el estado de alarma en Galicia una semana antes que en el resto de España? ¿Acaso no tendrá una alta rentabilidad política el deseo de Urkullu de anticiparse, aunque solo sea por unas horas, a la finalización del estado de alarma?

Lejos de la amable visión solidaria cultivada durante la crisis, la ‘nueva normalidad’ puede izar la bandera de la rivalidad entre autonomías. Con la desescalada en manos de los gobiernos autonómicos habrá que descubrir cómo funcionará la solidaridad y la comunicación. La colaboración entre las autonomías es una cuestión aún pendiente de ajuste y la pandemia tiene previsto ponerla a prueba en los próximos meses. Convencidos de que el coronavirus no entiende de límites provinciales ni de pasos fronterizos, la España de las autonomías tiene una oportunidad para demostrar cómo la cooperación territorial supera las tensiones vecinales que describen los lindes y cómo las preocupaciones propias adquieren una conciencia compartida.

La pandemia, que ha elevado el poder del Ejecutivo y el número de decisiones adoptadas gracias al estado de alarma, y que ahora debe conceder a los gobiernos regionales un protagonismo añadido justo cuando se comienzan a comunicar a la opinión pública los grandes agujeros presupuestarios, ha desdibujado, y así seguirá ocurriendo en las próximas semanas, el papel colectivo de las comunidades para incidir en el reto individual de cada autonomía.

España, al igual que medio planeta, continúa aguantando la respiración ante las muchas dudas que genera la enfermedad, pero con la finalización del estado de alarma y la aparición de los primeros repartos de fondos para las autonomías vuelve a descubrirse una mirada demasiado miope en la distribución. Beneficiando a los grandes, ignorando el coste real de los servicios y solo ponderando la población, se rompe todo propósito solidario y se abunda en la incertidumbre. Una falta de seguridad a la que también contribuye la tramitación, en mitad de esta doble crisis sanitaria y económica, de un trasvase del Ebro que contraviene el Estatuto de Autonomía.

miturbe@heraldo.es

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