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Tercer Milenio

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El virus de Margarita Salas

ACTUALIZADA 08/11/2019 A LAS 02:00
Margarita Salas, cuando fue nombrada senadora honoraria de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza, el 4 de octubre de 2013.
Margarita Salas, cuando fue nombrada senadora honoraria de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza, el 4 de octubre de 2013.
Maite Santonja

Su padre, psiquiatra, era buen amigo de Severo Ochoa. Cuando apenas era una niña, tuvo ocasión de escuchar una conferencia del Nobel que marcó su futuro. Hasta ese punto es capaz de marcar la vida de una persona una lección magistral. Margarita Salas aprendió de Severo Ochoa la rigurosidad y el amor por la ciencia. Y supo transmitir ese virus del conocimiento a sus discípulos, entre ellos científicos de la talla del aragonés Carlos López Otín, la directora del CNIO María Blasco o el también reputado investigador Manuel Serrano.

Margarita Salas mantuvo su cerebro en plena forma hasta que le llegó la hora, a los 80 años. Su secreto: el amor por el trabajo bien hecho, según confesaba en estas páginas cuando fue nombrada senadora honoraria de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza. Precisamente, desvelar las claves sobre el funcionamiento del cerebro era, en opinión de la prestigiosa bioquímica, uno de los retos trascendentales de nuestro tiempo.

Su fructífera labor investigadora deja un valioso hallazgo, en todos los sentidos: el virus fago phi29. Ella y su equipo (siempre hablaba en plural, fue humilde hasta el último de sus días) descubrieron que la polimerasa que produce el citado virus cuando infecta la bacteria tiene unas propiedades únicas para amplificar el ADN. Así que patentaron la polimerasa y una avispada empresa americana obtuvo la licencia de explotación, sacó un kit y su éxito fue tal que sigue proporcionando buenas regalías al CSIC. Todo un ejemplo de que, se mire por donde se mire, invertir en ciencia sale a cuenta.

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