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Opinión

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Una Agenda 2030 aplicada

ACTUALIZADA 30/09/2019 A LAS 02:00
Agenda 2030 adoptada por la Asamblea General de la ONU
Agenda 2030 adoptada por la Asamblea General de la ONU
Agenda 2030

La ruleta multicolor es atractiva. Impulsa valores muy reconocibles. Mola. Quizás por eso son muchos los que quieren ser asociados a ella. Me refiero a la Agenda 2030 adoptada por la Asamblea General de la ONU en 2015, que incluye una rueda que se divide en 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) bien identificados, cada uno con su color. Claros y fácilmente distinguibles en todo el mundo. En el Gobierno socialista de Pedro Sánchez, hoy en funciones, sus ministros y ministras la utilizaban para acompañar sus perfiles en redes sociales, pero han tenido que quitarla –como han hecho otros– después de que Naciones Unidas prohibiera en una guía recientemente publicada la utilización de ese logotipo en la imagen de una persona o una organización. Otra cosa son las acciones de difusión.

Lo que no consiguió la Cumbre del Milenio de la ONU en 2000, que fijó plazos para combatir la pobreza, el hambre, las enfermedades, la degradación del medio ambiente o la discriminación de la mujer, sí se está logrando con la Agenda 2030, que recoge los objetivos apuntados hace 19 años y va más allá. Y lo hace, ahora sí, con más consenso internacional y, sobre todo, más implicación por parte de gobiernos y otras instituciones, empresas, sindicatos y organizaciones no gubernamentales. Con una sociedad civil más informada y, por tanto, más consciente de la importancia de actuar sin dilación. De defender valores, sí, pero sobre todo de llevarlos a la práctica.

Es evidente que esos ODS, tan bien ordenados y clasificados, pueden ser útiles para conseguir esas metas que tantos defienden/defendemos pero cuya puesta en práctica resulta tan difícil que cualquiera pensaría que son irrealizables. Utopías, seguramente, pero acaso sea su persecución la que debe motivarnos para tener un planeta más habitable. Para acabar con la pobreza y con el hambre. Mejorar nuestra salud. Apostar por una educación de calidad. Por la igualdad de género. Con agua limpia y energía accesible. Con trabajo decente. Industria sostenible. Menos desigualdad. Ciudades sostenibles. Producción y consumo responsables. Ecosistemas marinos y terrestres limpios. Con paz, justicia e instituciones sólidas. Promoviendo alianzas para lograr todos estos objetivos.

La lista es ambiciosa y a la vista está que estamos muy lejos de conseguir esos objetivos. Las recientes protestas contra los efectos del cambio climático, con una niña – Greta Thunberg– denunciando lo que los adultos estamos haciendo (Su ‘how dare you!’, ‘¡como se atreven!’ resonaba en todo el mundo), ponen de manifiesto que hay mucho por hacer. En ese campo y en otros muchos como las empresas, ahí donde tantas veces se incumplen buenas prácticas en materia laboral.

En Aragón, que se ha caracterizado desde hace muchos años por una paz social que envidian en otros puntos de España, patronales y sindicatos han pactado con el Gobierno autónomo llevar a cabo acciones para cumplir con los ODS de la Agenda 2030. La extensión del sello RSA, que se entrega a empresas que siguen acciones de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que pueden ser medidas –lo que no se mide no existe, recordemos– es buena prueba de que no vamos por el mal camino. De esto se habló el pasado 12 de septiembre en una jornada en la DGA con aportaciones de representantes tanto de empresas como de sindicatos. Y de lo que incumbe a la economía social la aplicación de los ODS se hablará hoy, asimismo, en un foro organizado por la Asociación de Economía Social de Aragón (Cepes Aragón). Y es que toda difusión es poca. Aunque más importante es, sin duda, la aplicación real de esa Agenda 2030.

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