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POESÍA. OCIO Y CULTURA

Jesús Marchamalo: "La cárcel debió ser para José Hierro algo muy traumático"

El periodista y escritor madrileño, biógrafo del poeta, presenta en el Paraninfos dos libros: 'Hierro fumando', ilustrado por Antonio Santos, y 'Vida'

Jesús Marchamalo es un periodista todoterreno y un escritor muy imaginativo.
Jesús Marchamalo es un periodista todoterreno y un escritor muy imaginativo.
Asís G. Ayerbe.

El escritor y periodista Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) le da a todo: es un maestro del perfil literario, de la crítica y de un sinfín de temas literarios: desde Miguel Delibes, Baroja, Virginia Woolf y Karen Blixen hasta Pessoa o José Hierro (Madrid, 1922-2022), premio Cervantes, entre otros galardones. Al poeta, autor de poemarios ‘Cuanto sé de mí’ o ‘Cuaderno de Nueva York’, le dedica uno de sus deliciosos libros menudos, ilustrados por el oscense Antonio Santos, ‘Hierro fumando’, y la biografía que precede a la antología de José Hierro, que publica Nórdica y que ha preparado el poeta cántabro Lorenzo Oliván, que acaba de estar en Zaragoza: ‘Vida. Biografía y antología de José Hierro’ (Nórdica también), un volumen ilustrado con fotos, poemas autógrafos, sus dibujos y acuarelas, y muchas fotos.

Ambos libros se presentan el viernes 2 de diciembre, a las 19.00, en el Paraninfo: Marchamalo y Antonio Santos conversarán con José Luis Melero e Ignacio Martínez de Pisón, en un acto que organizan Nórdica, la librería Antígona y la Universidad de Zaragoza.

¿Qué ha encontrado en José Hierro, qué le ha interesado más el hombre de vida novelesca o el poeta? En ‘Hierro fumando’, su existencia contada por usted resulta muy pintoresca...

Conocí a Hierro en los primeros años ochenta en Radio Nacional de España. Y lo recuerdo perfectamente, en la redacción o caminando por los pasillos de la Casa de la Radio, con una llamativa vitalidad, enérgico, nervioso… No fui consciente entonces de la fortuna que significaba tenerle cerca, poder hablar con él de libros o literatura. Así que mi trato en aquel momento no fue más allá de una relación cordial y educada de compañeros de trabajo.

¿Qué pasó luego, cuándo dio el paso hacia la lectura de sus libros?

Luego lo leí. Coincidimos algunas veces más, me firmó alguno de sus libros y es curioso porque mi sensación, cuando empecé a documentarme para escribir ‘Hierro fumando’, es que era alguien muy conocido, una persona en su momento muy popular, y que por tanto sabíamos mucho de él y de su vida.

"Decía que la Guerra Civil había sido terrible para todos, y que cada uno tenía una historia detrás. De modo que en su caso, creo, le marcó no tanto la voluntad de sobrevivir, sino la voluntad de vivir. Era alguien a quien encantaba la vida, sobre todo"

¿Qué descubrió, qué le alarmó?

La sorpresa fue encontrarme con datos biográficos, infinidad de ellos, que desconocía: su paso por la cárcel casi adolescente, su pasión por la música, sus decenas de trabajos insólitos, su relación tras estrecha y llena de pasión con el campo, en su casa de Titulcia, ese silencio poético de 27 años… Y la verdad es que se convirtió en un descubrimiento. Sí. Tuve la impresión de haberle descubierto, y que ese hallazgo de su vida me hacía entender mejor su poesía.

José Hierro de joven, retratado por el gran maestro Nicolás Muller en el libro 'Vida'.
José Hierro de joven, retratado por el gran maestro Nicolás Muller en el libro 'Vida'.
Nórdica/Muller.

¿Qué le marcó más la Guerra Civil, la cárcel o la voluntad de sobrevivir?

La cárcel debió ser para José Hierro algo definitivamente traumático. Pienso en ese joven de 17 años -me impresionó que le obligaran a mentir sobre su edad para poder encarcelarlo-, con su padre en la cárcel acusado de auxilio a la rebelión, y lo que para él debieron representar esos años en prisión, en alguna de las más duras de aquel franquismo vengador de los primeros años: Comendadoras, Porlier, El Dueso… ¡No tuvo pasaporte hasta el año 61, se dice pronto! Pero era algo de lo que no le gustaba hablar. Decía que la Guerra Civil había sido terrible para todos, y que cada uno tenía una historia detrás. De modo que en su caso, creo, le marcó no tanto la voluntad de sobrevivir, sino la voluntad de vivir. Era alguien a quien encantaba la vida, sobre todo.

¿Por qué es tan importante Santander en su trayectoria y en su formación?

Hierro es, ante todo santanderino. Aunque nació y vivió gran parte de su vida en Madrid, su relación con Santander, ese norte de luz, fue siempre muy intensa. Allí pasó toda su infancia, estudió, escribió sus primeros versos, recibió su primer premio literario, publicó sus primeros libros, hizo sus primeros amigos… Y siempre tuvo fascinación por la ciudad, sus cielos, el mar. Hierro volvía siempre a Santander, y hay un rastro en la ciudad que lo recuerda todo el tiempo: el bar donde escribía, la Menéndez Pelayo, donde fue profesor durante años, la estatua del Paseo Pereda, y decenas de amigos que lo trataron, que le quisieron, que le recuerdan.

Tenía una relación especial con el mar y con la agricultura. ¿Explican esas pasiones algo de su obra?

El mar y el campo son dos elementos, sí, esenciales en su vida. El mar, ya hemos hablado, porque formaba parte de su mundo, le encantaba pasear por la playa, bañarse, nadar… Cuando murió, su familia aventó parte de sus cenizas al mar desde un balandro, y el mar aparece a menudo en sus poemas. Pero también el campo. Me sorprendió esa relación suya, tan esencial, tan fraterna, con el campo, en Nayagua, esa ‘finca de pobre’ como la llamaban sus amigos, en la que se perdía con frecuencia. En el libro publicamos algunas fotos inéditas de él vestido de campesino, a veces descamisado, y en ellas se aprecia esa relación suya con la tierra, los árboles, el vino que hacía cada año para sus amigos. Y sí, claro que explican su obra.

"Aunque nació y vivió gran parte de su vida en Madrid, su relación con Santander, ese norte de luz, fue siempre muy intensa. Allí pasó toda su infancia, estudió, escribió sus primeros versos, recibió su primer premio literario, publicó sus primeros libros, hizo sus primeros amigos…"

Una obra que recibió los más importantes galardones de la literatura española. Además, entre otros detalles, Carlos Corona Marzol le dedicó en Zaragoza su tesis doctoral: ‘Realidad vital y realidad poética (Poesía y poética de José Hierro)’ (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 1991). ¿Qué poeta es Hierro: el de los reportajes, el de la intimidad, el poeta de la música, el viajero? 

No soy un experto en la poesía de Hierro. En ‘Vida. Biografía y antología de José Hierro’, hay una parte biográfica de la que me e encargado yo, y una extensa, profunda, amplia antología, de la que se ha encargado Lorenzo Oliván, uno de los grandes expertos en su obra, y también poeta. Pero creo que la poesía de Hierro te encuentras todo eso que mencionas: la música, el descubrimiento del viaje, la intimidad, el amor a la vida, y esos poemas trabajados a veces durante años, de manera incansable, fatigosa, en busca siempre de la palabra exacta, precisa, esa que convocaba el resto del poema.

Autógrafo del manuscrito 'Vida' de José Hierro.
Autógrafo del manuscrito 'Vida', el soneto metafísico más famoso de la trayectoria de Hierro.
Nórdica.

¿Rescataría alguna poética, alguna imagen específica? Fue descrito como un leñador, un luchador de sumo, un campeón de boxeo de los medios, un turco que espera el tiempo y los barcos sentado en los muelles...

Ja ja ja. Hay una frase suya en el libro, que define bastante bien su idea de la poesía, su manera de trabajar: “A un poema no se le puede restar enigma -decía- pero tampoco añadir oscuridad”.

"Como lector encuentro en José Hierro, en sus poemas, esas certezas en mi caso inexpresadas sobre el mundo, el amor, la vida, y que en sus versos, de algún modo secreto, descubro. Son poemas, y es maravilloso cuando ocurre, que sientes que hablan de ti"

¿Qué nos diría de Hierro y el arte: fue acuarelista, pintor, dibujante, y fue crítico de arte?

Todos le recordamos, sí, dibujando en la feria del libro, con rotuladores o acuarelas que después sombreaba con agua o con café, o con chinchón si lo tenía a mano. Era un gran dibujante, y hacía unos dibujos -marinas, autorretratos, flores- rápidos, nerviosos, pero muy sugerentes, Decía que la única manera de vender libros de poesía era pintándolos, era muy generoso con los lectores. Y sí, fue crítico de arte, amigo de pintores, dibujante… Creo que tenía un talento artístico innegable que probablemente no desarrolló por su dedicación a la poesía. Pero hay dibujos suyos en el archivo de la Fundación José Hierro, acuarelas, guaches, collages, en los que se aprecia un enorme talento.

¿Cuál es para usted, en la lírica española del siglo XX, el verdadero lugar de José Hierro?

Sin duda, José Hierro es uno de los grandes. Ya digo que no soy un experto, pero como lector encuentro en José Hierro, en sus poemas, esas certezas en mi caso inexpresadas sobre el mundo, el amor, la vida, y que en sus versos, de algún modo secreto, descubro. Son poemas, y es maravilloso cuando ocurre, que sientes que hablan de ti.

Un dibujo de Antonio Santos de los últimos años del poeta.
Un dibujo de Antonio Santos de los últimos años del poeta.
Antonio Santos/Nórdica.
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