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verano. leyendas y personajes

Ángel Guinda: escribir versos más allá de la vida

El poeta, que hubiera cumplido 74 años el día 26 de agosto, ha sido objeto de homenajes en todo el país y será recordado el 10 en Veruela 

Ángel Guinda fallecía el pasado enero y ha dejado un libro inédito.
Ángel Guinda fallecía el pasado enero y ha dejado un libro inédito.
Enrique Cidoncha.

Tal día como ayer, Ángel Guinda (Zaragoza, 1948-Madrid, 2022) habría cumplido 74 años. El cáncer se lo llevó en enero; en los últimos meses, recluido en su silencio de música, quiso el tiempo para sí mismo: anotaba mucho en sus cuadernos, iba al cine y apuraba sus poemas. Deja un libro inédito. Y aun así, seguía firmando prólogos, leyendo poemarios ajenos en pruebas, aconsejando correcciones, y aceptó algunos homenajes como el de la Asociación Aragonesa de Escritores. Si podía regresaba al Moncayo: ahí, en Trasmoz, donde reposará una parte de sus cenizas, y en Litago había encontrado un refugio, un paraíso, un territorio donde el paisaje se alía con la belleza y con las huellas de su querido Bécquer.

Poco después de su muerte, tras el gran homenaje coral que se le hizo en el Paraninfo, conducido por la poeta y editora Reyes Guillén, a iniciativa de Trinidad Ruiz Marcellán, editora de Olifante, se abrió un chat, ‘Homenajes a Guinda’. Desde entonces, el autor de ‘Vida ávida’, ‘Claustro’ y ‘Espectral’, títulos que le definen de entrada (vivió con toda la avidez de la tierra, o casi, y a la vez hizo de la palabra poética su refugio, su espacio sagrado, el laboratorio de creación entre tinieblas), Ángel Guinda ha sido recordado aquí y allá. No es fácil hallar en la lírica aragonesa actual, ni en la española, un vate que haya dejado ese poso de bondad, de hondura, de autenticidad, de humanidad, labrado con ironía, humor, subversión y ternura. 

A Guinda lo han recordado en diversos foros de Aragón, pero también en recitales en Madrid, varias veces, Barcelona, León, Toledo, Soria... En uno de sus poemas dijo: «Si me quitan la vida escribiré con la muerte». De alguna manera, lo sigue haciendo: su poesía camina, aparece en las redes, se recita, y su ejemplo sigue ahí. Aleteante. Como una piedra preciosa de la literatura. Abogó por «una poesía que sea no solo objeto de belleza sino también sujeto de conducta, una poesía que sirva al ser humano: moralmente, para vivir; estéticamente, para gozar; y culturalmente, para ensanchar y afianzar su saber».

Guinda defendió «una poesía que sea no solo objeto de belleza sino también sujeto de conducta, una poesía que sirva al ser humano: moralmente, para vivir; estéticamente, para gozar; y culturalmente, para ensanchar y afianzar su saber»

En breve, aparecerán nuevas cosechas de su quehacer –incluso entrevistas con él– como poeta, traductor, compilador de otros poetas y promotor de numerosos proyectos. J. Benito Fernández ya trabaja en la redacción de su biografía. Y el sábado 10 de septiembre, en su querido monasterio de Veruela, donde escribió algunos poemas con su letra aguzada (siempre lo hacía a mano y corregía hasta la exasperación), será recordado con poesía y música, y con el inmenso cariño que dejó como un rastro de luz que se afirma sobre la nieve.

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