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El amargo adiós de La Fábrica de Chocolate

La antigua factoría Zorraquino se vacía de creadores para ser derribada y dar paso a un bloque de viviendas

Sergio Abraín, Juan Moro y Rafael Zorraquino, en el interior de La Fábrica de Chocolate.
Sergio Abraín, Juan Moro y Rafael Zorraquino, en el interior de La Fábrica de Chocolate.
Toni Galán

El sueño de La Fábrica de Chocolate, la antigua factoría Zorraquino en el Barrio de Jesús de Zaragoza, toca a su fin. En los últimos años ha sido un centro privado de creadores al estilo europeo. En países como Francia, Italia, Holanda o Alemania, es frecuente ver antiguas instalaciones industriales cuyos espacios han sido cedidos a artistas que han agitado la cultura de un barrio. Después de 13 años de singladura, la experiencia zaragozana termina.

A principios de verano Rafael Zorraquino, propietario, anunció a los artistas afincados allí que había vendido la antigua fábrica y que había acordado con el comprador que debían abandonarla antes del 1 de enero próximo, con tiempo sobrado para hacer el traslado con tranquilidad. Se han ido ya todos menos el fotógrafo Juan Moro y el artista Sergio Abraín, aunque ya piensan en la mudanza. Una constructora derribará la antigua fábrica y levantará un edificio de viviendas.

Todos los que han pasado por La Fábrica de Chocolate eran conscientes, al alquilar un espacio allí, que su situación era provisional. "Esto podía estar edificado hace muchos años ya –relata Rafael Zorraquino–. Es suelo urbano y tiene todos los permisos necesarios desde 2009, año en que se fueron de aquí los trabajadores y se elaboró la última onza de chocolate. Ha habido dos factores que han retrasado esa construcción; por un lado la crisis inmobiliaria que arrancó en 2008 y se extendió en los años siguientes; y, por otro, que todos en la familia Zorraquino teníamos lazos sentimentales con la casa que hay dentro de la fábrica, donde hemos seguido reuniéndonos y celebrado cumpleaños o cenas con los amigos. Como había que hacer pequeñas obras de mantenimiento, vi que se podían costear alquilando espacios".

Un alquiler por debajo de mercado pero que ha permitido que el edificio haya estado habitable y en uso. El primero en instalarse fue Carlos Herrero, actor de teatro de muñecos. Llegaba de Milán, con su pareja, una trapecista italiana, y alquiló el antiguo almacén de cacao de la fábrica y parte de la bombonería. En ese espacio, grande y de varios metros de altura después de eliminar el techo técnico que poseía, pudieron ensayar los dos. Y, él, además, construyó la escenografía de numerosas obras teatrales que se han estrenado en Aragón. También, por sus dimensiones, ha servido como local de ensayo.

Luego se sumaron la Fundación Arte y Gastronomía, que ha celebrado allí catas, cenas y dos ediciones del popular Choco Market, entre otras actividades; el artista Sergio Abraín, ávido de luz y de espacio (220 metros cuadrados y 8 metros de altura); Yann Leto, que había recibido el encargo de hacer un mural de grandes dimensiones y se quedó ya unos años; el fotógrafo Juan Moro, que ha realizado retratos y organizado cursos; el músico y compositor Chus Fernández; el pintor turolense Fernando Romero, que hizo allí la obra que le valió el premio Isabel de Portugal...

Dos artistas resisten

En su interior se han celebrado desfiles de moda, perfilado obras de danza contemporánea y dado actos culturales de todo tipo, desde la presentación del vídeo dedicado a Manolo García, el que fuera dueño del bar Bonanza, hasta recitales de poesía a cargo de Luis Felipe Alegre, pasando por conciertos acústicos de grupos como Los Modos. "Ha sido una felicidad estar aquí, es un espacio magnífico en el que, de manera natural, casi sin pretenderlo, se ha creado un gran ambiente artístico. Y aquí he preparado mis últimas cinco exposiciones –señala Sergio Abraín–. El ambiente ha sido fenomenal: ha sido un punto de encuentro y, como la relación entre todos nosotros ha sido extraordinaria, han nacido proyectos en colaboración". Allí se han gestado también revistas como ‘El ojo vaciado’, o la nueva ‘Zootropo’ que saldrá dentro de unos meses.

En la antigua fábrica hay ahora varias estancias vacías, como la antigua cámara frigorífica, donde Yann Leto tenía el material y la maquinaria con los que años atrás estuvo investigando la forma de incorporar tubos fluorescentes a sus creaciones. Además del estudio de Sergio Abraín, sigue con actividad el del fotógrafo Juan Moro. "Aquí Vicky Lafuente preparó su ‘Frida’, hemos visto ensayar a Ana Continente o Ana Cotoré... –añade Juan Moro– Ha habido restauración, moda, arte, diseño, fotografía, teatro, danza, circo, y todo ha venido de manera natural. La gente ha sido el motor". Seis años lleva fotografiando lo que él califica irónicamente ‘Gente de mal vivir’, hombres y mujeres del mundo de la cultura, especialmente aragoneses. Lleva ya 370 y expondrá su trabajo en 2023. Quizá su cámara inmortalice también el momento en que la fábrica eche el cierre y quede definitivamente vacía antes de caer ante la piqueta.  

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