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Ángel Guinda ya reposa bajo la tierra mítica del Moncayo

Sus cenizas hallan su morada última en el cementerio de Trasmoz. En Veruela se le rindió un gran homenaje.

Homenaje póstumo a Ángel Guinda.
Homenaje póstumo a Ángel Guinda.
Toni Galán

El poeta, traductor y editor Ángel Guinda (Zaragoza, 1948-Madrid, 2022), fallecido en Madrid en enero de este mismo año de cáncer, dijo que quería que vertiesen sus cenizas en Valladolid, la tierra de su mujer Raquel Arroyo, y en el cementerio de Trasmoz.

Tras unos meses de lecturas y homenajes en muchos lugares del España, este sábado se celebró la entrañable ceremonia, y sonó, como él había pedido, el ‘Canon’ de Pachelbel en el violín de Enrique Reyes. Ahí, en el camposanto del pueblo embrujado, con vistas hacia el Moncayo, se arrojaron las cenizas de un poeta que dedicó un poema a ‘Trasmoz’ y que se retrató como ‘Un hombre feliz’, poema que leyó su editora Trinidad Ruiz Marcellán.

Fue una ceremonia íntima, llena de familiares, de amigos, de poetas. El alcalde, Jesús Andía, dijo que era un orgullo para el pueblo el deseo de Ángel Guinda. Y fue Ricardo Calero quien hizo "una morada última", como diría Raquel Arroyo, muy especial. Concibió una especie de doble casa: una más grande, hecha con piedra de Uncastillo, donde el poeta pasó su infancia y adolescencia, con dos inscripciones: atrás, ‘Poeta’, y delante, ‘Luz Alud’; y otra casa con piedra, más pequeña, del Moncayo. El artista aún fue más allá: plantó un ciprés griego que encarna la inmortalidad y, ya de paso, dará la acogedora sombra. Tanto Trinidad Ruiz Marcellán como Raquel Arroyo dijeron unas palabras e invitaron a la gente a enterrar con las cenizas poemas, mensajes o cartas de cariño. Aunque Guinda temió morir solo, eso no pasó: murió bien rodeado y reposa para siempre entre amigos en un cementerio de leyenda.

Después de ese acto, la comitiva bajó a La Casa del Poeta, que dirigen Mariano Castro y María José Sáenz. Y se mostró la placa de cerámica que evoca que Ángel Guinda fue el primer poeta residente, en 2006, y que allí, donde luego haría una huelga de hambre, escribió ‘El mundo del poeta. El poeta en el mundo’, donde decía cosas como: "El poeta es el sí rotundo de todo el universo". "Ante la belleza, el poeta es la boca de la sed".

Eso no iba a ser lo todo. La jornada de homenaje al poeta, en el lugar donde fue dichoso, acabó en el monasterio de Veruela. Ahí hubo muchos detalles de arte, de poesía, de recuerdos y de música. Sonaron temas como el ‘Himno de riego’, canciones de Los Secretos, Pavarotti, Leonard Cohen. Y cantaron en directo Ángel Petisme, La Marca de Ifigenia, El Galgo; se proyectaron vídeos y sonaron sus poemas en la voz de poetas y amigos. El monasterio de Veruela, que siempre fue para Ángel Guinda temblor de belleza, también fue el teatro de la palabra de un poeta que se sintió Moncayo y que "No descarta / ser feliz bajo tierra / mientras sigue la vida".

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