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LITERATURA. OCIO Y CULTURA

Carmen Santos: “Me gusta hacer viajes en el tiempo recreando otras épocas y atmósferas”

La autora de 'Flor de Arrabal' y 'Un jardín entre viñedos' explica su vida en el campo, en Aguarón, y la relación con la naturaleza y las estaciones

Carmen Santos se ha trasladado a vivir y escribir en Aguarón.
Carmen Santos se ha trasladado a vivir y escribir en Aguarón.
Avelino Martínez.

Carmen Santos (Valencia, 1958. Lleva más de dos décadas afincada en Zaragoza) reside desde hace algunos años en Aguarón, el pueblo vinícola del campo de Cariñena. Relató esa experiencia en ‘Un jardín entre viñedos’, y el año pasado publicaba ‘Flor de Arrabal’, la historia de una cantante, a la manera de Raquel Meller, que atraviesa los hechos capitales del siglo a la vez que vive distintas historias de amor.

¿Recuerda qué la llevó a Aguarón?

El culpable de que ahora estemos en Aguarón es mi marido. Él se crió en el campo manchego, en lo que aquí llamamos una ‘torre’, y llevaba tiempo soñando con tener una casa en un pueblo donde retirarse a descansar los fines de semana. Un buen día me habló de que había visto una en un pueblo próximo a Cariñena que le había llamado la atención y me convenció para venir a Aguarón a verla. Yo tenía mis reservas, pero creo que con las casas y los lugares ocurre como con las personas: las hay que te seducen y otras te repelen. Aquí, está claro que hubo seducción.

¿Quería vivir la aventura del retorno al campo y a la naturaleza?

Para nada. Yo siempre viví en ciudades y mi único contacto con el mundo rural fue cuando veníamos de Alemania en agosto y mis padres me llevaban de excursión a Yátova, el pueblo de mi padre situado en el interior de la provincia de Valencia. Recuerdo que entonces me daban pavor los insectos y me llamaba la atención el olor a humo de chimenea y a corral que flotaba siempre en el aire. Yo era absolutamente urbanita y jamás imaginé que aquí iba a descubrir sensaciones como la energía que emana de los viñedos, de la tierra que los cobija, y que absorbe el cuerpo. La verdad es que jamás habría imaginado que me iba a sentir tan a gusto viviendo fuera de la ciudad.

Lleva ahí ya varios años. ¿Cómo es su vida, qué le conmueve?

Aquí suelo levantarme muy temprano y sin necesidad de despertador. Creo que se debe a que las mañanas al pie de la Sierra de Algairén son preciosas. Lo primero que hago es asomarme a la ventana para contemplar la montaña. Ahora, con este calor y los incendios, me tranquiliza cuando compruebo que en el monte está todo en orden. Después del desayuno, me siento a escribir durante las horas en las que la casa está tranquila. Aquí me emociona ver amanecer y, sobre todo, los colores del atardecer, que la orientación de nuestra terraza me permite contemplar y fotografiar en todo su esplendor. También me gustan mucho los viñedos, sobre todo cuando el otoño los tiñe de rojo, marrón y ocre, aunque incluso en invierno, tan pelados, tienen su encanto. Ah, y el cielo, que en verano es de un azul intenso y limpio. Y por último, pero no menos importante, está la gente. Hemos encontrado en Aguarón muy buenos amigos con los que nos reunimos con frecuencia para comer, cenar o simplemente charlar ante una copa de vino de la tierra. Eso es algo maravilloso.

Se habla sin cesar del medio rural, del abandono, de la soledad de los pueblos, casi siempre desde la ciudad. ¿Qué piensa, qué es lo que quizá no acaba de entenderse?

Sí que es cierto que los pueblos se están vaciando porque la gente joven no encuentra alicientes para quedarse en ellos. Un problema que podría resolverse aplicando políticas acertadas. La población envejece, disminuye y, al haber menos habitantes, van desapareciendo también las tiendas y los servicios. Aquí tenemos la suerte de que quedan el supermercado de Alicia, la tienda-estanco de Marta, la peluquería de Natalia y la farmacia, maravillosamente atendida por Ángeles y Ana Cruz, que nos permiten aprovisionarnos bien sin tener que coger el coche. En hostelería tenemos el bar de los hermanos Fontanas y el Casino centenario, regentado por Isabel. Otros pueblos, en cambio, ya no conservan tiendas ni lugares donde reunirse.

Algo que echo en falta en el medio rural es un transporte público de cercanías que permitiera moverse entre los pueblos sin necesidad de disponer de vehículo, ya que hay muchas personas mayores que ya no conducen; aunque también entiendo que con esta constante mengua de población, a ninguna empresa le resultaría rentable dar este servicio.

¿Por qué Aguarón, en concreto, tierra de vinos?

Primero recalamos en Aguarón y, una vez aquí, descubrimos el mundo del vino, que es fascinante. Hemos aprendido en estos años mucho sobre el cultivo de la vid y la elaboración del vino, aunque creo que eso es solo la punta del iceberg. Cuanto más profundizamos en este tema, más conscientes somos de lo mucho que aún ignoramos.

¿Cómo se relaciona una escritora con la gente, cuál es su lugar, suscita curiosidad, no sé si algún morbo?

Yo no tengo la sensación de suscitar morbo. En todo caso, puede que despertara cierta curiosidad al principio, pero creo que ahora soy una más. Eso sí, mucha gente me expresa su admiración por ser capaz de escribir lo que escribo.

Carmen Santos es una gran aficionado a la fotografía de amanecer y de atardecer.
Carmen Santos es una gran aficionado a la fotografía de amanecer y de atardecer.
David Martínez Santos.

¿Le ocurre eso que sucede a veces que la gente juega a reconocerse en sus libros, sus vecinos…?

Mis novelas nunca cuentan las vidas de personas reales. Aun así, hay muchas personas en Aguarón que se reconocen a sí mismos o a sus antepasados en los personajes de ‘Un jardín entre viñedos’. Supongo que es inevitable que los lectores jueguen a reconocerse en las novelas. Eso lo hemos hecho todos, incluso los que escribimos.

"Mis novelas nunca cuentan las vidas de personas reales. Aun así, hay muchas personas en Aguarón que se reconocen a sí mismos o a sus antepasados en los personajes de ‘Un jardín entre viñedos’"

¿Qué quiere contar en sus libros: un mundo, una gran pasión, atmósferas, las vidas que no puede vivir?

De todo un poco. Me gusta hacer viajes en el tiempo recreando otras épocas y atmósferas, en los que nunca faltan sueños por cumplir, grandes pasiones ni amores más pequeñitos. También disfruto poniéndome en la piel de todo tipo de personajes, incluso de los antipáticos o directamente malvados. Me he dado cuenta de que cuando empecé a escribir, asomaba más la “Carmen Santos”. Ahora me alejo lo máximo posible de mi vida y mis demonios (lo que no implica que no puedan colarse en algún personaje).

¿Por qué es escritora, qué hay ahí que le justifica, le impulsa y da sentido a su vida?

Yo siempre me recuerdo leyendo y escribiendo. De pequeña, cuando vivíamos en Alemania, redactaba cuentos en alemán. De adolescente empecé a escribir un diario y a plasmar en papel mis ensoñaciones romanticonas empachadas de hormonas. Durante bastantes años me alejé de la escritura. Recuerdo aquel tiempo como de búsqueda sin saber qué añoraba, hasta que retomé la escritura con fuerza y me di cuenta de que es algo que me hace sentir bien con mi vida y conmigo misma. Escribir es una necesidad, mi antídoto para el veneno que a veces nos inocula la vida cuando se pone borde.

Es profundamente cinéfila, como se ve en sus primeros libros. ¿Se puede cultivar ahí, en un pueblo?

No es demasiado difícil ir al cine desde aquí, ya que estamos a escasos cincuenta kilómetros de Zaragoza. Y con las plataformas de streaming resulta fácil mantenerse al día en cuestión de películas y series. Lo que me ocurre ahora es que me da muchísima pereza ponerme a ver la televisión. Prefiero sentarme a leer un libro, delante de la chimenea en invierno o en el patio cuando el tiempo lo permite.

La música es capital en tus ficciones. ‘Flor de Arrabal’ (Grijalbo), tu último libro, podría estar inspirado en Raquel Meller. ¿Qué te llevó a escribir un libro así, una historia de una buena parte del siglo XX con trasfondo musical y amoroso?

Sí, la música es una parte importante en todas mis historias y en ‘Flor de Arrabal’ más que en ninguna otra, ya que este libro está ambientado en el mundo de las variedades y del cuplé en la primera mitad del siglo XX. La chispa para escribir esta novela surgió mientras trabajaba en ‘Un jardín entre viñedos’, donde hay un personaje secundario que se busca la vida en el mundo del cuplé. Mientras me documentaba para escribir los pocos capítulos dedicados a esa subtrama, me di cuenta de que había dado con material de primera que merecía una novela completa y un personaje principal potente. En cuanto ‘Un jardín entre viñedos’ quedó listo para su publicación, me dediqué de lleno a documentarme sobre el cuplé y sus figuras. Descubrí un género musical que hoy en día desconocemos o menospreciamos directamente como “cosa de abuelos” y que, en realidad, es interesantísimo y ha dado canciones maravillosas como ‘Flor de té’, ‘Mimosa’ o ‘El Relicario’, entre otras. Y me impresionó la vida de cupletistas como Raquel Meller y La Fornarina, que partiendo de la pobreza y la incultura absolutas llegaron a ser grandes estrellas de su época con un caché elevadísimo. En esas mujeres supervivientes y luchadoras decidí basar el personaje protagonista de Flor. En cuanto a la época en la que ambienté la novela, la primera mitad del siglo XX, es un período histórico que me interesa muchísimo, ya que esos años fueron decisivos para Europa y las consecuencias de las dos guerras mundiales y de nuestra guerra civil todavía “colean”.

¿Cuál es la banda sonora de su vida, ha cambiado desde que vive en Aguarón?

No mucho. Sigo escuchando sobre todo jazz, soul, ópera, música clásica o cantautores como Serrat y Sabina, además de música disco de los setenta mientras cocino, aunque la curiosidad siempre me ha empujado a picotear para conocer estilos o cantantes nuevos. Si tuviera que poner banda sonora a mi vida actual, elegiría para acompañar el rato del amanecer el Adagio del Concierto para clarinete en La Mayor de Mozart y para los atardeceres cualquier Nocturno de Chopin (me gustan todos).

¿Cómo es el verano, cómo son tus veranos rurales, qué haces que no hagamos los demás o cómo se disfruta de la naturaleza, de las constelaciones?

En verano (exceptuando este, por culpa del calor extremo) pasamos mucho tiempo en el patio, algo que obviamente no podíamos hacer en el piso de Zaragoza. Nos gusta reunirnos con los amigos a la fresca para charlar tomando vino blanco o deleitarnos con las veladas musicales que nos regalan nuestros buenos amigos y grandes músicos Eugenio Arnao de la Casa del Gaitero (su museo de instrumentos musicales de todo el mundo merece una visita) y Javier Ruesca, el director de la Banda de Música de Aguarón. También disfrutamos paseando entre los viñedos y observando su evolución a lo largo del año.

Aguarón ha tenido bastante protagonismo en una parte de la legislatura: se nombró hijo adoptivo a Pepe Melero, salió en un capítulo de Aragón Televisión, se presentó su novela… Pasaban cosas todo el tiempo. Y luego estallaron las disputas políticas. ¿Eso pasa o puede pasar a tus libros?

Durante un tiempo hicimos en el Casino presentaciones de libros de grandes escritores de Aragón como Pepe Melero, Juan Bolea y Javier Vázquez. También presentamos mi libro ‘Un jardín entre viñedos’ y, el año pasado, ‘Flor de Arrabal’, ambos publicados por Grijalbo. Había un gran ambiente cultural en Aguarón. Ahora, desgraciadamente, las disputas políticas han paralizado estas actividades culturales y muchas otras cosas, lo que es una pena, pues un pueblo desunido solo puede ir a la deriva. Pero yo no pierdo la esperanza de que se limen asperezas y se recupere la cordura. Ah, y no creo que esto acabe reflejado en una de mis novelas. La ficción política no es lo mío y ese tema no me motiva nada.

"Me lo paso muy bien interactuando con los lectores a través de las redes. Siempre digo que si no existieran Facebook e Instagram (Twitter no me acaba de gustar), habría que inventarlos"

¿Cuál es la relación con sus lectores a través de las redes sociales?

Me lo paso muy bien interactuando con los lectores a través de las redes. Siempre digo que si no existieran Facebook e Instagram (Twitter no me acaba de gustar), habría que inventarlos. No suplen los encuentros cara a cara con los lectores, como los que nos permiten las ferias, el Día del Libro o las charlas con clubes de lectura, pero son una buena herramienta para relacionarnos con gente de todo el mundo, con la que de otro modo no podríamos comunicarnos debido a la lejanía física.

¿Cuáles son o serían las tres novelas de su vida y por qué?

Me cuesta mucho elegir solo tres, pero ahí van: La que no puede faltar nunca en mis listas es ‘Jane Eyre’ de Charlotte Brontë. Aparte de que es un gran retrato de su época, me encanta porque Jane, bajo su aparente fragilidad y mansedumbre, es una rebelde que no se deja avasallar y es capaz de poner firme incluso al sarcástico y atormentado señor Rochester. Los diálogos entre los dos son francamente sublimes, de esos que cuando los leo, siempre pienso que me gustaría haberlos escrito yo. Como incondicional de Charles Dickens que soy, ‘David Copperfield’. Es la primera novela suya que leí y me impresionó. Y por último, ‘Las uvas de la ira’ de John Steinbeck por el retrato que hace de la Gran Depresión, aunque la dureza de lo que narra me dejó tocada durante varios días. También porque me parece magistral en cuanto a su estructura y la forma de narrar de Steinbeck.

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