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verano/el patrimonio aragonés emigrado

Artesonados antiguos hasta en la sala de billar o en el aseo de señoras

La voracidad del magnate norteamericano William Randolph Hearst como comprador de obras de arte no tuvo límite. Aragón la sufrió especialmente.

La sala de billar de la mansión de Hearst, con un artesonado procedente de Barbastro.
La sala de billar de la mansión de Hearst, con un artesonado procedente de Barbastro.
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La pasión coleccionista de William Randolph Hearst (San Francisco, 1863-Beberly Hills, 1951) ha hecho correr ríos de tinta, incluso de celuloide, pero todavía hay aragoneses que desconocen hasta qué punto esquilmó el patrimonio aragonés. Hearst tenía ‘en plantilla’ a varios ojeadores que recorrían la península en busca de obras de arte que calmaran su sed de arte. Eran gente experimentada, con ojo avezado y sin restricciones económicas para comprar piezas y costear su traslado a Estados Unidos, por muy grandes y pesadas que fueran, desde artesonados a iglesias enteras.

En el fastuoso castillo que Hearst se construyó en California lucen muchas de ellas, como los artesonados de la Casa del Judío de Teruel, que se encontraba en la plaza de la Judería, y que se reinstaló en la llamada ‘Moorning Room’; o uno del palacio de los Sánchez Muñoz, que se alzaba en la plaza de San Juan de la capital turolense y que se acomodó en el dormitorio del propietario. El mismo dormitorio que aparece en la película ‘Ciudadano Kane’, inspirada en la propia vida del magnate de la prensa. Por el primero pagó, a principios del siglo XX, 125.000 pesetas; por el segundo, algo menos de la mitad, 55.000.

Pero hay bastante más. Se calcula que a lo largo de su vida Hearst compró unos 140 artesonados, de los que unos 80 eran españoles. Especialistas como Félix Brun, José Miguel Merino de Cáceres, Antonio Naval Mas o Mercedes Penacho, entre otros, han estudiado el éxodo de obras de Aragón a Estados Unidos gracias a la ambición desbocada de Hearst. A los artesonados citados hay que añadir el ‘Zaragoza Ceiling’, como se le denomina en una carta de uno de esos ojeadores, Arthur Byne, y que procede de un convento «cercano a Zaragoza» y que se estaba demoliendo en 1925. Fechado en el siglo XVI, parece que está reubicado también en la ‘Morning Room’ de la Casa Grande de San Simeon.

Del Somontano a la Jacetania

De Tarazona se sabe que compró al menos tres, uno de ellos, fechado en el siglo XV, parece que nunca fue reinstalado y permanece en los almacenes que los herederos de Hearst poseen en el Bronx. Otro fue revendido a un industrial mexicano y otro se reinstaló en la llamada ‘Casa Grande’.

El ‘Barbastro Ceiling’ fue comprado en 1930 por 14.000 dólares. Decorado con escenas de caza y tauromaquia, se tuvo que ampliar para llenar todo el techo de la sala de billar de San Simeón. Del castillo de Biniés, en la Jacetania, adquirió siete pequeños artesonados por 17.000 dólares. Se desmontaron y viajaron empaquetaron en 66 grandes cajas. Dos de ellos fueron colocados en la biblioteca de la Casa Grande; otro en la salida del comedor a la ‘Morning Room’; otros dos entre la biblioteca y el vestíbulo del edificio principal de San Simeon; y uno en un aseo de señoras. Ahí es nada.

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