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Ripas de Alcolea de Cinca: el encanto de un mirador admirable

La excursión desde el pueblo a la parte más alta de estas impresionantes paredes tiene como premio unas vistas de lujo de toda la comarca del Cinca Medio

Las Ripas de Alcolea de Cinca, con el pueblo al fondo.
Las Ripas de Alcolea de Cinca, con el pueblo al fondo.
Laura Uranga

Pocas cosas gustan más al ser humano que sentirse alado durante un rato, aunque sea sin despegar los pies del suelo. Para eso están los miradores, que transfieren a la persona vista de águila (o algo parecido) junto a una sensación de poderío que lleva a decir “algún día, todo esto será tuyo” si hay vástagos cerca o, en el caso de sufrir episodios de posesión Disney, mostrar a tu pobre cachorro Jack Russell al pueblo como hiciera Mufasa con Simba. Lejos del borde, ojo, que las tontadas deben hacerse con cabeza. El caso es que Aragón colecciona un buen número de miradores espectaculares, y las Ripas de Alcolea de Cinca entran dentro de la subcategoría Far West, aunque estén más bien al este de Aragón, en el Cinca Medio.

Se trata de unos cortados fluviales impresionantes entre Alcolea de Cinca y Chalamera, pueblos fundamentales en la vida del escritor Ramón J.Sender, ya que vivió su niñez en el primero y nació en el segundo. Las Ripas son la conexión elevada de ambos municipios, cuyas cabeceras apenas distan ocho kilómetros entre sí.

Para subir a las Ripas andando desde Alcolea hay una senda sinuosa en dirección suroeste que sube y sube: más de 300 metros sin descanso. Luego se llega a una pista de tierra que, doblando hacia la izquierda, avanza por encima de los grandes cortados, que tienen estratos multicolores de lutitas (roca sedimentaria de grano fino) en la base. Nada más coger la pista hay un primer mirador, coronado por una cruz, donde en su día hubo ermita. 

Luego se pasa junto al llamado Tozal Redondo, muy llamativo, y hay más miradores: todo el perfil vendría a ser un gran espacio para hacer que la vista se pierda en el horizonte, pero existen recovecos mejor dispuestos para tal fin, algunos dotados de bancos en los últimos años para premiar el esfuerzo de la subida; también se puede dar un rodeo en vehículo por detrás, tras pasar los arrozales, en el inicio de una gran zona esteparia.

El sendero junto a las Ripas, que se acerca y aleja del borde, es de unos tres kilómetros en total. Si se ha optado por el paseo circular desde Alcolea, se puede bajar por el sendero que conecta las alturas con la HU-V-8611 y regresar por asfalto. De seguir la caminata se acabaría llegando a la ermita de Santa María de Chalamera, un lugar mágico en los solsticios, cuando el sol ilumina directamente la imagen de la Virgen en el altar.

De vuelta en Alcolea, una de las visitas más recomendables es el Portal, donde el mimo al paladar que ejerce Ramón Lapuyade se combina con un desembolso razonable. El lugar está acostumbrado a los reconocimientos; en el Concurso Provincial de Tapas de este verano quedó en segundo lugar, batido únicamente por el civet de jabalí del restaurante Ansils (de Anciles, Benasque). Hace cinco años impactó en el Nacional de Tapas de Valladolid con su ‘Corderico del Cinca Medio glaseado con Coca-Cola, que ganó la medalla de plata.   

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