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LITERATURA. OCIO Y CULTURA

Almudena Grandes muere de cáncer, a los 61 años, y deja el corazón helado a sus lectores

La autora de 'El corazón helado' y el ciclo 'Episodios de una guerra interminable' logró en 2018 el premio Labordeta de Literatura y el Cálamo en 2002

Almudena Grandes, en una de sus visitas a Zaragoza en 2015.
Almudena Grandes, en una de sus visitas a Zaragoza en 2015.
Oliver Duch.

«Cuando escribía ‘El corazón helado’ me fueron saliendo muchas historias que no me cabían en ese libro. Las puse idealmente sobre una mesa y me salieron seis novelas. Son las que componen ‘Episodios de una guerra interminable’», así explicaba Almudena Grandes (Madrid, 1960) a Heraldo.es los orígenes de una serie novelesca que la emparienta con Pérez Galdós, pero también con Balzac, y que se había convertido en un gran éxito. Almudena Grandes acaba de fallecer a los 61 años a consecuencia de un cáncer, que reveló hace poco en vivo y en una de sus columnas. 

Almudena Grandes muere en el momento en que se hallaba en la plenitud de su carrera y de un proyecto que le había permitido ponerse del lado de los perdedores para contar la historia de España, desde la Guerra Civil hasta casi nuestros días, y desde una órbita femenina, que siempre reivindicó. De esa serie de seis narraciones había publicado cinco títulos: ‘Inés y la alegría' (2010), 'El lector de Julio Verne' (2012), 'Las tres bodas de Manolita' (2014), 'Los pacientes del doctor García' (2017) y 'La madre de Frankenstein' (2020), novelas que se suman a otros títulos como ‘Las edades de Lulú’ (1989), con la que ganó el premio La sonrisa Vertical, ‘Malena es un nombre de tango’ (1994), ‘Atlas de geografía humana’ (1998) y ‘El corazón helado’ (2007). Libros todos ellos aparecidos en el sello Tusquets.

Fallece Almudena Grandes, una de las más reconocidas autoras en español

Con motivo de la publicación de este libro decía: "Creo mucho en la trayectoria de autor. Más que escribir una novela histórica ahora, luego una policíaca, más tarde otra de otro tipo, que se puede hacer, claro está, a mí me preocupa que cada novela explique o justifique la anterior y a la vez sugiera o avance la sucesiva. 'El corazón helado' está implícito en otros libros míos más o menos testimoniales, especialmente en 'Los aires difíciles' (Tusquets, 2002), que narra la historia de una niña que nace en 1947 y que crece en los años 50 y 60", decía. 

Almudena Grandes contó los conflictos de su tiempo pero también se erigió en la cronista de una España gris, de perdedores y exiliados, de dolor y traición. En sus ficciones, muy trabajadas, probó su gran capacidad narrativa, su facilidad para la creación de personajes, el dominio de las técnicas para contar y su conocimiento del alma humana, especialmente  la de las mujeres, hacia las que sentía una incuestionable empatía. Entre los numerosos premios que tiene, en Aragón en 2002 logró el premio Cálamo con su novela ‘Los aires difíciles’, que llevó al cine su gran amiga Azucena Rodríguez. En 2018 recibió en el Teatro Principal el Premio Labordeta de Literatura y en 2017 acudió a la Universidad de Zaragoza para acompañar a Julián Casanova en la presentación de 'La guerra de los siervos'.

Columnista de ‘El País’ y ‘El País Semanal’, próxima al comunismo o inmersa en posiciones claras de izquierda, casada con el poeta Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, y seguidora acérrima del Atlético de Madrid, fue combativa, contumaz y directa y puso el dedo en la llaga por coraje y compromiso, aunque a veces encendiera volcanes de encono. "Me molesta que algunos escritores contemporáneos se acerquen a la Guerra Civil con la mentalidad de hoy. Quieren aplicar la visión contemporánea de lo políticamente correcto y crean personajes que no se daban en la época, más radicales y con un alto nivel de militancia política y sindical, y acaben concluyendo que 'todos fuimos culpables de la Guerra Civil'. Yo tengo clarísimo quiénes eran los 'malos'. España era un país soberano, democrático, con las reglas claras y explícitas, un país que creía en la justicia, en la libertad, en la igualdad y en el progreso. Y contra eso se levantaron cuatro generales. Ahí están los malos. Y a mí me interesa contar cómo eran", explicó a HERALDO. 

Solía decir que la gente tenía tantas ganas de contar sus historias que no tendría vida para contarlas ni para oírlas. Practicó una narrativa poderosa, de muchos personajes, de diversas ambientaciones y con una firmeza en el relato a prueba de bomba. "Cuando me pongo a escribir ya sé cómo va a ser todo. Conozco todas las escenas, todos los personajes, como si fuera un plano de arquitectura. La estructura es muy importante en mis libros", reveló. "Para mí la estructura narrativa es la válvula que regula la conexión del autor con el lector. Llevo un cuaderno y allí escribo la vida de los personajes. Sé más de ellos de lo que cuento. Creo que tengo memoria de novelista", precisaba.Cuando publicó su novela 'Los besos en el pan' (2015), sobre la crisis y las bolsas de pobreza, comentó: "Escribir en presente es usar un tiempo verbal muy poderoso y muy limitado. Y para mí ha sido como boxear con el lector: le entro por la derecha, le llego por la izquierda, voy por arriba..."

Su adiós, tal fulminante, ha generado pesar, lágrimas, admiración. Pocas como ella han querido contar la vida española del siglo XX y del siglo XXI con su arrojo y con esa tensión narrativa. Con esa convicción y esa profesionalidad. Descanse en paz.

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