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CRÍTICA DE LIBROS. ARTES & lETRAS

Rafael Chirbes, el espejo de la verdad y del dolor en sus 'Diarios'

Anagrama publica, con carácter póstumo, sus notas sinceras, literarias y desgarradas, con prólogos de Marta Sanz y Fernando Valls

Rafael Chirbes en Zaragoza, cuando recibió uno de los premios Cálamo, con Antonio Ansón y José Luis Peixoto.
Rafael Chirbes en Zaragoza, cuando recibió uno de los premios Cálamo, con Antonio Ansón y José Luis Peixoto.
Oliver Duch.

Rafael Chirbes (1949-2015) fue un gran novelista que supo mirar a su tiempo con la luz de aquellos que saben que todo es derrota, al fin y al cabo. Su crítica al capitalismo y a la especulación en ‘Crematorio’ ha quedado para la historia de la literatura.

Ahora llegan sus ‘Diarios’, editados por Anagrama, con un prólogo luminoso de Marta Sanz y otro atinado de Fernando Valls, que expresa muy bien el universo de Chirbes, porque logra hallar en las claves de su obra la importancia del proceso, el ir creando, porque todo libro nace de un paisaje previo que lo alumbra: «A Chirbes claramente le interesa más el proceso que el resultado, la búsqueda que la concreción sucia, el miedo a no poder más que los logros y el acomodamiento…». El prólogo de Marta Sanz fue cuestionado por su albacea en su presentación.

Era Rafael Chirbes un hombre que se fustigaba en el proceso literario, que sufría la demonización de su creación, como señala Marta Sanz. Era también un buscador de sensaciones, un hombre cuyo espejo estaba siempre manchado por la duda y por las sombras que deja la alegría en el interior.

Amor, sexo, sida, ferocidad...

En los ‘Diarios’ escuchamos la respiración de Chirbes, oímos su lirismo, sentimos su penar. Nos habla de los amores clandestinos, no escatima ninguna descripción de lo sexual, de las escenas de coito o de felaciones, todo está permitido en este sincero paisaje de un hombre melancólico que quiso trazar su luz en la ventana, fulgurante quizá pero resplandeciente a veces, efímero transeúnte de un mundo en el que no creía. Todo es literatura en los ‘Diarios’, porque Chirbes, en la línea de Jean Genet, no escatima en belleza, nos ofrece su mundo, su pensamiento, sus estados de ánimo: «El tiempo perdido. Se escaparon los días sin dejar apenas huella (parece más triste así, en indefinido, ya solo narración: tiempo de cosas concluidas, de tiempos cerrados). Melancolía que, en algunos momentos, se vuelve angustia: como cuando el actor descubre que, por mucho que se esfuerce, el público que asiste a la representación permanece frío, indiferente a su empeño», escribe.

Hay mucha historia de amor en los ‘Diarios’, el amor por François es especialmente intenso y descarnado, que morirá de sida, la pérdida de los amigos, en un universo de alcohol y drogas.

El escritor va pulsando el tiempo, encuentra en su afán de escribir una forma de estar en el mundo, pero atraviesan los diarios muchas lecturas, muchas impresiones. La canallesca de la vida nocturna, de los garitos de noche donde los amantes furtivos se buscan van encontrando un paisaje de dolor y éxtasis, de huellas que quedan para siempre en los labios cansados de besar a desconocidos.

Hay mucha historia de amor en los ‘Diarios’, el amor por François es especialmente intenso y descarnado, que morirá de sida, la pérdida de los amigos, en un universo de alcohol y drogas. Pero también el amor por los libros, que va abriendo un nuevo diario, el que se piensa y el que se escribe, obra en marcha en definitiva siempre.

Rafael Chirbes habla mucho del cuerpo, de sus dolores, de todo lo que nos hace humanos, pero luego se enreda en lo ficticio para huir de la vida y ver en los libros ese remanso, ese refugio que lo devuelva a la niñez asombrada y feliz. Su amistad con Carmen Martín Gaite, el deterioro físico de su madre, sus impresiones sobre cine, todo cabe en este diario que es testimonio sincero, donde no hay artificio alguno.

Creo que Rafael Chirbes amaba escribir al igual que la vivencia de una noche de amor, donde cuerpos y seres se encuentran para siempre. Creía en lo fugaz, en la chispa que enciende la palabra, como si el mundo terminase y acabase en otro cuerpo o en una página escrita. Los diarios están dando mucho que hablar por algunas críticas tan sinceras como a veces despiadadas; el caso más claro es Arturo Pérez-Reverte y su novela ‘Cabo Trafalgar’.

Los paraísos de París

Y París, que está siempre presente, ciudad amada, que va dejando una huella en cada página. Cuando Chirbes describe París parece recorrer una piel de un cuerpo, besar el labio de un ser amado, todo es ternura y luz en sus descripciones de la bella ciudad: «En la ventanilla vuelve a aparecer el Sena entre los árboles y bajo la lluvia, gris, tristón. Como si París descansara de representarse, apagara las luces de las candilejas y fuera ella misma viviendo en una casa modesta…»

París se convierte en los diarios en un espejo de los estados de ánimo de Chirbes, en su ciudad que recorre como los garitos de noche donde encuentra un beso o una caricia, efímera como la vida. Hay mucha poesía turbulenta en estos diarios, mucha verdad, que irradia en una prosa limpia y exenta de formalismos. También son las notas de un escritor en marcha, exigente. Vive y respira el narrador en ese viaje interior que supone este libro, donde conocemos mejor a un hombre que vivía por y para la literatura. Como decía antes, el proceso de creación es más importante que lo creado. Así fue en este novelista que después de recibir las buenas críticas por algunos de sus libros, creía que todo era fracaso en realidad. Ardía en él el hombre pensativo, cuya literatura verdadera es la que no está escrita, cuyo verdadero rostro es el que no aparecía en ninguna parte.

... después de recibir las buenas críticas por algunos de sus libros, creía que todo era fracaso en realidad. Ardía en él el hombre pensativo, cuya literatura verdadera es la que no está escrita, cuyo verdadero rostro es el que no aparecía en ninguna parte

El afán de ser otro le llevó a vivir intensamente, en estos diarios lo conocemos, le seguimos y le comprendemos. Nos metemos en su intimidad y sufrimos con él, porque vivir es siempre volver a empezar. Un libro necesario, que él cuidó antes de morir, para conocer a un escritor irrepetible.

LITERATURA ESPAÑOLA

'Diarios. A ratos perdidos, 1 y 2'. Rafael Chirbes. Prólogos: Marta Sanz y Fernando Valls. Editorial Anagrama. Barcelona, 2021. 472 páginas.

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