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Un sable polaco para la procesión de Viernes Santo

Carlos Urzainqui publica un estudio de la Guerra de la Independencia y saca a la luz el pasado de una pieza emblemática de Castejón de Valdejasa

El sable de Castejón de Valdejasa. En el recuadro pequeño, una de las inscripciones de su hoja.
El sable de Castejón de Valdejasa. En el recuadro pequeño, una de las inscripciones de su hoja.
Ayuntamiento de Castejón de Valdejasa

Aragón tiene una increíble riqueza etnológica y en buena parte es aún desconocida. El historiador Carlos Urzainqui Biel (Zaragoza, 1961) ha tenido numerosas oportunidades para comprobarlo, pero recuerda una en especial. "Me invitaron hace unos diez años a que asistiera a la procesión del Viernes Santo de Castejón de Valdejasa (Zaragoza). En ella existe un paso muy original. Consiste en un niño de unos ocho años de edad que representa al Bien, y un señor de cierta edad y vestido con hábito franciscano, que representa al Mal. El niño se coloca entre la peana que lleva al Cristo crucificado y el señor mayor, que lleva una pica y que hace ademanes de clavársela a la imagen. El niño, que lleva un sable, lo impide una y otra vez. Es alguien especial, nacido en el pueblo, que recibe la primera comunión ese día y sus familiares celebran un convite para toda la localidad".

El sable lo custodia la Cofradía del Santo Cristo del Castillo y Carlos Urzainqui, que hace años había recibido el encargo de escribir un libro sobre la Guerra de la Independencia en Castejón de Valdejasa, acaba de identificar su origen. Se trata de un arma del ejército polaco que ayudó a Napoleón. "La tradición popular dice que se encontró después de una batalla y que pertenecía a un oficial francés, y esto último no es exacto -señala Urzainqui-. La hoja, que tiene medio metro de longitud, lleva marcas e inscripciones. En una de ellas se ve un nido de águila en el que se refugia un gallo. Los regimientos polacos al servicio de Napoleón solían mezclar símbolos de ambas naciones en sus distintivos. El águila representa a Polonia y el gallo a Francia... Poco más se puede decir de la pieza".

Detalle de la inscripción con el nido y el gallo que presenta la hoja del sable.
Detalle de la inscripción con el nido y el gallo que presenta la hoja del sable.
Ayuntamiento de Castejón de Valdejasa

El sable en cuestión figura ahora en la portada del último libro de Carlos Urzainqui, 'Castejón de Valdejasa y la Guerra de la Independencia', presentado hace unos días en la localidad zaragozana y publicado por Comuniter Editorial. El estudio analiza cómo se desarrolló la contienda en la margen izquierda del Ebro, en el entorno de la muela del Castellar, aunque también aporta jugosos datos sobre el valle del río Gállego y las bajas Cinco Villas. En sus páginas palpitan los habitantes de la zona, algunos huidos de la represión francesa y sobre todo guerrilleros como 'Pesoduro', 'Malcarado' o Manuel Iguacel, cuyo papel fue clave en el hostigamiento a los invasores. En la zona; el peso de la guerra aún sigue marcado, como lo prueban algunos topónimos: Corral de la Contienda, Cubilar de los Muertos..., también queda memoria oral de escaramuzas y emboscadas.

"El libro se remonta al año 2008 y parte de una serie de emisiones de radio que hice sobre el tema en su día. Siempre había creído que en esa zona la Guerra de la Independencia  había tenido especial repercusión, sobre todo durante los Sitios de Zaragoza y la verdad, la realidad no me defraudó. La muela del Castellar, en cuya parte sur se encuentra el actual campo de maniobras de San Gregorio, era una zona estratégica porque entonces constituía la vía de comunicación natural hacia Navarra y el Pirineo occidental. Las serranías de los Montes de Zuera, de Castejón y de Tauste fueron, asegura el historiador "una auténtica academia general militar para los guerrilleros". Es ahí donde el libro ofrece el relato más apasionante y los datos más sorprendentes. "El guerrillero más importante de la zona fue José Tris 'Malcarao' -relata Urzainqui-. Popularmente se cree que era de Gurrea de Gállego (Huesca) pero descubrí que era de Ejea de los Caballeros. El ejército francés arruinó a su familia, mató a algunos de sus miembros y él formó una partida de guerrillas. Luego estaba Mariano Larrodé, 'Pesoduro' que era de Tauste, en cuyos tercios se enroló junto con los vecinos de Castejón. Después de los Sitios fue cogido prisionero, se fugó y se refugió en los montes de Castejón, donde organizó una partida".

El historiador Carlos Urzainqui ante el lugar exacto en el que se encontraba la casa del pintor Pradilla en Villanueva de Gállego. Él descubrió su emplazamiento.
El historiador Carlos Urzainqui ante el lugar exacto en el que se encontraba la casa del pintor Pradilla en Villanueva de Gállego. Él descubrió su emplazamiento.
Francisco Jiménez

El libro se ocupa también de personajes menos conocidos, como Manuel Yguaz o Iguacel, que era originario del valle de Borao (junto a Jaca) y que fue fusilado en Zuera, o de Joaquín de Pablo y Antón 'Chapalangarra', navarro de talento militar innato y muy temerario. 

"Es difícil saber cuántos aragoneses formaron parte de las guerrillas -asegura Urzainqui-. Estaban dispersos a lo largo de todo el pinar y su número fluctuaba, pero parece que 'Malcarao' llegó a mandar una partida enorme, que en algún momento llegó a tener hasta 800 personas". Tampoco se tienen muchos datos acerca de la procedencia y edad de los guerrilleros, aunque el historiador ha llegado a alguna conclusión a través de datos indirectos. "Sabemos, por ejemplo, que en Gurrea de Gállego había entre 50 y 60 pastores llegados del Pirineo en la primavera de 1808. De estos, al año siguiente ya no quedaba ninguno. La composición de estas partidas de guerrilleros tuvo que ser muy heterogénea". Y también ha llegado a una conclusión con su punto de iconoclastia: "La visión siempre heroica de los españoles durante la Guerra de la Independencia no es muy exacta -sostiene-. Lo que he visto al estudiar todo tipo de documentación es que los aragoneses al principio eran bastante reacios a sumarse a la lucha contra los franceses. En esos primeros momentos de la guerra, a Palafox le costaba mucho convencer a la gente para que se sumara a la causa. Solo después del primer sitio los aragoneses fueron ya más conscientes de lo que estaba pasando y de que tenían que hacer algo, los impulsos más fuertes para la resistencia vinieron de otras partes de la geografía española como Navarra".

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