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Miguel Ángel Domínguez: el artista del Huecha

Ha creado una casa-museo en Alberite de San Juan donde expone su obra, pinturas, esculturas y libros de artista, y la de otros, como Marteles

Miguel Ángel Domínguez, en una de las salas donde exhibe su pintura.
Miguel Ángel Domínguez, en una de las salas donde exhibe su pintura.
Antón Castro

El arte está en todas partes. Miguel Ángel Domínguez (Zaragoza, 1955), delineante y artista, lo tiene muy claro. A él le sirve casi todo: una rama, un tronco, las diversas tierras de Aragón, los granos de arena de distintos colores. Durante años, hacía excursiones y traía sedimentos, huesos, objetos encontrados, y siempre, siempre, limos especiales, que administraba a sus esculturas o a sus cuadros, elegantes, expresionistas, poéticos y abstractos. Hace nueve años decidió, con su familia, y en particular con su hija Marta, poeta y profesora, crear el Espacio Huecha, en Alberite de San Juan, en las cercanías del Moncayo, que cuenta con estupendos jardines y espacios, y con varias plantas y salas para exponer y realizar actividades.

A finales de junio abrió sus puertas a la nueva temporada estival y permanecerá abierto hasta finales de septiembre con una exposición de Manuel Marteles, pintor y escritor del grupo plástico Forma. En la inauguración lo recordaron varios de sus amigos y compañeros como Fernando Cortés y Paco Rallo; y Joaquín Gimeno y Paco Simón mandaron textos desde Brasil e Irlanda, y todos le reconocían como un maestro y el teórico del grupo. El profesor Javier Barreiro analizó la doble condición de escritor y pintor de Manuel Marteles, fallecido en septiembre de 2019.

«Estaremos abiertos hasta que la gente vuelva de vacaciones. Será entonces cuando organicemos un recital de poesía con los autores del libro coral ‘Las tentaciones de San Antonio’, que ha ilustrado Miguel Ángel Domínguez», dice Marta, coordinadora de este nuevo volumen de artista de su progenitor, de Olifante.

El arte propio y la obra ajena

Miguel Ángel hace volúmenes especiales, ilustra a poetas, siempre lleva un proyecto entre las manos. Y muchos de sus libros, de gran formato, pueden verse ya a la entrada del Espacio Huecha, donde tiene varias dependencias con obra permanente: una donde exhibe piezas «sobre todo de troncos y armas, esa aproximación suya al ‘arte povera’; y hay otra sala donde va cambiando la producción, centrada sobre todo en su pintura personal, con ecos de Antonio Tàpies», dice Marta. En la tercera sala de la planta calle se ha instalado la obra de Manuel Marteles, una selección de piezas de medio y pequeño formato que resumen el espíritu de este creador que alterna la fantasía, la transgresión, la desinhibición sexual, la libertad y ese estilo que abraza el ‘naïf’ y el tremendismo, a veces con ecos de cuentos orientales. Desde esa sala hay una salida a un jardín muy acogedor, por donde han pasado diversos poetas, rapsodas y músicos como Ángel Petisme.

La casa-museo no acaba ahí: tras las habitaciones de la vivienda en la primera planta, donde hay una espaciosa cocina–comedor, se sube a la falsa o también granero. Y allí, en un espacio con vistas sobre el río Huecha y ese valle feraz que se extiende a los pies del Moncayo, se ofrecen diversas muestras, en ocasiones incluso de formatos grandes.

Inventario de creadores

En el Espacio Huecha se han expuesto obras de diversos artistas: instalaciones de Ricardo Calero y Gema Rupérez, cuadros de Vicente Pascual Rodrigo, del pintor abstracto y delineante Antonio Asensio, el jardinero y artista Lázaro Vela, y distintas obras de Miguel Ángel Domínguez.

«Este es un lugar abierto al arte y a la poesía. Nos gusta recibir gente, organizar encuentros, pequeñas tertulias y recitales, conciertos de pequeño formato, y este año también lo haremos», explica la profesora y poeta Marta Domínguez, que es la coordinadora de las actividades.

El Espacio Huecha es un lugar acogedor: es una casa de artista, un centro de exposiciones, un puerto de paz y un escenario sencillo para conversar, oír música y poesía. Y está a poco más de 50 kilómetros de Zaragoza. Desde allí se puede realizar un itinerario que lleva a Magallón y Agón, Borja, Ambel y Talamantes y acabar en Veruela, con excursión incluida a Trasmoz o Litago, espacios que en los últimos tiempos han hecho apuestas bien visibles por la poesía a través de murales de cerámica con citas de Miguel Mena, Trinidad Ruiz Marcellán o Ángel Guinda.

El jardín es un lugar ideal para conversar, organizar recitales y pequeños conciertos.
El jardín es un lugar ideal para conversar, organizar recitales y pequeños conciertos.
Archivo Domínguez.

INFORMACIÓN DE SERVICIO

Cómo llegar. Alberite está en la comarca Campo de Borja. Toma su nombre del árabe; ‘alberite’ significa posta, lugar de parada o receso para carromatos y viajeros. Es un pueblo acogedor y tranquilo, a orillas del río Huecha. La iglesia de la Asunción tiene un ábside mudéjar del siglo XIV. Aún quedan restos del castillo.

Otros viajes. Desde allí se pueden hacer diversos viajes: recorrer Borja y su casco histórico y ver el eccehomo, pero antes o más tarde también se pueden visitar pueblos como Bisimbre (donde se rodó ‘Nobleza baturra’), Agón y Magallón, Ambel y Talamantes.

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